Cultura

El octubre francés

Los paisajes invisibles

Las movilizaciones francesas exponen el malestar social y la falta de referentes intelectuales, una diferencia clave respecto a las protestas que cuestionaron el orden en mayo de 1968.

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@IvanRiosGascon

Algunos analistas comparan las protestas de París, Limoges, Marsella, Lyon y otras ciudades con el mayo francés del 68, básicamente por ser un movimiento estudiantil que demanda una mejora en la condición educativa y la falta de recursos, al que se fueron sumando sindicatos y agricultores que reclaman el alto costo de la vida, la mala calidad de los servicios públicos, la desigualdad territorial, una mejora salarial y el incremento a las pensiones. En ambos movimientos podrían establecerse ciertos paralelismos pero no son iguales, porque lo que la prensa gala bautizó como la contestation de 1968 se germinó por el cuestionamiento estudiantil a la universidad tradicional y el orden establecido que, junto con las huelgas obreras que paralizaron amplias zonas de Francia, generaron una crítica más amplia al sistema, dando paso a una revolución cultural en contra de las jerarquías de la vida cotidiana, mientras que las protestas actuales se concentran en problemas materiales inmediatos y en la desconfianza hacia las instituciones. Como dijo el líder del movimiento francés del 68, Daniel Cohn–Bendit, en entrevista para El País (10/10/2026), la generación que hoy alza la voz enfrenta una crisis ligada a la pandemia del covid y el aislamiento, y pide “vivir” pero al mismo tiempo también pide papel de baño en las escuelas.

En mayo de 1968, Jean–Paul Sartre apoyó a los estudiantes y trabajadores, participó en las movilizaciones y difundió sus reivindicaciones. Simone de Beauvoir se sumó al entorno crítico; Marguerite Duras, Foucault y Maurice Blanchot asumieron una posición en comités, debates o en propuestas para hallar alternativas de renovación cultural. Sin embargo, no todos los intelectuales actuaron del mismo modo: hubo quienes plantaron distancia o interpretaron los acontecimientos con reserva.

Uno de ellos fue Roland Barthes. Relata Louis–Jean Calvet: “lo que sin duda más afecta a Roland Barthes no son las barricadas, los CRS, la violencia, las manifestaciones populares, cosas todas que él siempre detestó; le duele el hecho de que, en este enfrentamiento simbólico entre ‘el orden burgués’ y los estudiantes ‘recusantes’, Barthes se siente rechazado por aquellos a quienes sostiene casi instintivamente, es decir, los estudiantes” (Roland Barthes. Biografía).

Y es que, el semiólogo francés no fue un hombre de acción, aborrecía cualquier tipo de activismo que no fuera a través de la palabra escrita, el pensamiento o el escrutinio del lenguaje, por lo que el peor error que cometió en aquel año y circunstancias, fue acercarse al “comité de acción” que organizó Lucien Goldmann en la Escuela de Altos Estudios y, como docente, proponer un seminario sobre la relación del lenguaje con el movimiento estudiantil o el lenguaje con la revolución. La modesta proposición de Roland Barthes provocó sendas carcajadas entre los estudiantes que atendieron el llamado de Goldmann, pues la lucha estaba en los bulevares y no en los seminarios, y como los comités se multiplicaron, los alumnos de Barthes y de Julius Greimas, ambos estructuralistas, decidieron denunciar su abulia con un letrero en un pasillo de la Sorbona: “Barthes dice: ‘las estructuras no salen a las calles’. Nosotros decimos: ‘Barthes tampoco’ ”.

Aquella fórmula lo acompañó durante un buen tiempo, incluso en sus viajes académicos, en tanto que el juicio sumario al estructuralismo molestó a otros pensadores de la misma corriente como Foucault, Lévi–Strauss y Jacques Lacan.

Valga la anécdota para este octubre francés en que la participación intelectual es nula. La discusión pública, fragmentada y difusa, comparte protagonismo con sindicatos, partidos, organizaciones ciudadanas, medios de comunicación, redes sociales. No es visible una figura intelectual capaz de articular las distintas demandas en un proyecto compartido que confluye, como dijo Cohn–Bendit, en la violencia urbana ligada al fenómeno de la banlieu (marginalidad y población migrante en las periferias urbanas), que ya mostró su peor cara en los enfrentamientos, los saqueos, los incendios de edificios y quema de vehículos, y la nefasta imposición del toque de queda.

AQ / MCB

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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