El 18 de abril de 2023, la cantante catalana Rosalía (Barcelona, 25 de septiembre de 1992) actuó ante más de 160 mil espectadores en el Zócalo de la Ciudad de México. Ya era la “Motomami”, la estrella más grande de la música popular española, la intérprete, entre otras canciones, de “Malamente”, “La fama”, “Despechá” y “Con Altura”, escrita en colaboración con J Balvin. Pero seguía creciendo, acumulando premios y admiradores en todo el mundo, entre ellos Anne Carson, quien el pasado 20 de junio acudió a su concierto en el United Center de Chicago —parte de su gira Lux Tour, en la que promueve su álbum Lux, de 2025—, del que publicó el 10 de septiembre en London Review of Books un texto por demás elogioso.
Antes, a finales de 2025, Rosalía estuvo en las oficinas de The Paris Review para leer el poema “Salón” de Anne Carson, lectura que compartió en sus redes sociales y que actualmente se ha viralizado ante el Nobel de Literatura concedido a la poeta canadiense. ¿Se conocen personalmente? Al parecer no, pero eso no importa ante la evidencia de su mutua admiración y la manera en que recurren al pasado para observar el presente. Son dos de las mujeres más aclamadas de la actualidad, una en la literatura, la otra en la música popular.
Rosalía es egresada de la Escuela Superior de Música de Cataluña, donde se graduó con honores según la información de Wikipedia. En su música no existen fronteras, en ella conviven el flamenco, el pop, el reguetón y todo aquello que necesite para crear sus canciones. Carson tampoco respeta límites y en sus obras se alojan la poesía, el ensayo, la memoria, los autores clásicos y personajes populares como Marilyn Monroe. Son dos transgresoras, con eso —la transgresión— han pavimentado su camino.
¿Qué dijo Carson de Rosalía en London Review of Books? Entre otras cosas, comienza con un título rompedor: “Tengo resaca de Rosalía”. La mira caminar sobre el escenario “con arrogancia y sonriendo y con los ojos brillantes”. “Con cada inhalación de su aliento, toda la audiencia gritaba como si les estuviera rasgando la columna vertebral con la uña […]. Esa voz puede hacer cualquier cosa. Y el personaje florece para contenerla”.
Al escucharla cantar flamenco-pop, escribe sin reparos: “La voz es una maravilla. Es un hecho que el flamenco exige madurez en la voz; la suya, aún con un brillo juvenil, podría pasar de maravillosa a milagrosa en unos años. Se eleva por encima del estruendo frenético del sistema de sonido como una flecha de plata lanzada al espacio, y [sus admiradores] gritan, y se eleva, y gritan, y [ella] se eleva. La adoración total se derrama sobre ella desde las butacas”.
El concierto duró dos horas, con el público frecuentemente levantándose de sus asientos, excepto Carson y C. (seguramente su esposo, Robert Currie).
Analiza sus canciones, encuentra citas a Simone Weil, menciones a Cristo, “el sacrificio y la redención”. Apunta: “Gran parte del contenido lírico es ligeramente sadomasoquista, y todo el movimiento está sexualizado de forma exagerada”. La mira en las pantallas gigantes y observa: “Su rostro, su teatro, su palimpsesto de amores turbios”. Y reflexiona: “Exigimos heroísmo a nuestros artistas. Queremos que se sacrifiquen al máximo. Nadie puede cantar tan fuerte, y sin embargo ella lo hace. Nadie puede bailar con tanta intensidad y durante tanto tiempo, pero ella continúa. Nadie puede sobrevivir a ser tan intensamente admirado, pero somos nosotros quienes nos agotamos como esponjas al verla, con el corazón latiendo con fuerza, ligeramente temerosos de lo que vendrá después”.
La envidia, admite Carson: “A sus 33 años, es la personificación del glamour y la fuerza femenina. Sabe cómo hacer pucheros, posar y parodiar su propia seducción: este es el nuevo feminismo. Me fascina”.
AQ / MCB