Cultura

El feminismo de Octavio Paz

Ensayo

Por cortesía de Grano de Sal, ofrecemos algunos pasajes del volumen ‘Realidad en movimiento’, una vasta exploración de las facetas como ensayista e intelectual público del autor de ‘Piedra de sol’.

Octavio Paz expresó en numerosas ocasiones su compromiso con el movimiento feminista. En realidad, las declaraciones del poeta en torno al feminismo a menudo rebasaban la mera expresión de apoyo o simpatía y llegaban a proponer que la vasta rebelión que se manifestó en Occidente en el transcurso del siglo XX en contra de la subordinación de la mujer representaba el cambio histórico más significativo de la época que a él le tocó vivir. Veamos algunos de los comentarios de Paz sobre el feminismo hechos en el transcurso de su larga carrera. En Corriente alterna, vincula el movimiento de liberación de la mujer con la rebelión juvenil de los años sesenta, pues opinaba que esos movimientos constituían “las dos grandes transformaciones de nuestra época”. Un poco más de una década después, en El ogro filantrópico, escribe: “El movimiento de las mujeres expresa algo más profundo que una ideología —y de más alcance: quiere un cambio pero no tanto de los sistemas como de las relaciones humanas cualesquiera que sean los sistemas—”. Ya en los años ochenta, cuando publica Tiempo nublado, el poeta ha llegado a la conclusión de que las rebeliones que empezaron a trastornar el mundo a partir de la década de 1960 habían perdido su ímpetu. Sin embargo, según Paz, el movimiento de liberación de la mujer representaba una clara excepción a esta tendencia conservadora: “Este movimiento comenzó mucho antes y se prolongará todavía varias décadas. Es un proceso que pertenece al dominio de la cuenta larga. Aunque su ímpetu ha decaído en los últimos años, se trata de un fenómeno que está destinado a perdurar y cambiar la historia”. Por último, en Itinerario, observa que “el feminismo cambió muchas de nuestras actitudes tradicionales”. Es obvio que Paz celebra al feminismo por haber producido cambios necesarios y positivos. ¿Por qué, entonces, las críticas feministas han atacado tan insistentemente al poeta? ¿Qué las ha llevado a retratar a un escritor que explícitamente expresó su apoyo al feminismo, como acabamos de ver, como un pensador misógino y sexista?

Paz escribió varios libros en los que la posición social de la mujer es una preocupación clave. Empezaré con una revisión de El laberinto de la soledad, un análisis de la historia, la identidad y la cultura nacional que incluye una exploración de las relaciones de género en la sociedad mexicana contemporánea, una reflexión sobre el lugar de la Malinche en el imaginario nacional y una meditación sobre el papel del amor y el erotismo en la vida humana. En cada una de estas secciones, las críticas feministas han encontrado motivos para cuestionar a Paz. Sin embargo, las partes más controvertidas del libro son aquellas en las que describe la situación de la mujer en la sociedad mexicana contemporánea. Las críticas feministas han acusado a Paz de presentar una visión ofensiva de la mujer en la época en que escribió El laberinto de la soledad. Es cierto que el autor expresa ideas ofensivas en torno a la mujer en su repaso de ese tema. Sin embargo, las críticas feministas han cometido un error en su acercamiento a las ideas del poeta sobre el papel de la mujer en la sociedad mexicana. Como explicaré en detalle más adelante, Paz no sostiene la interpretación de la identidad femenina que resume en El laberinto de la soledad: lo que se propone es dar cuenta de lo que otros piensan de las mujeres. Atribuye la perspectiva misógina a la cultura mexicana dominante de la época, mientras que él mismo se distancia de esa perspectiva. Resumir un punto de vista no es lo mismo que respaldarlo, una distinción esencial que las feministas no han sabido mantener.

Empezaré por enumerar algunas de las observaciones de Paz en El laberinto de la soledad que fueron interpretadas como una afrenta a las mujeres, después de lo cual explicaré cómo el lector puede verificar que Paz no presenta estas observaciones como sus propias opiniones sobre el tema. Veamos, por ejemplo, el siguiente resumen de una perspectiva estereotípica del papel de la mujer en la sociedad: “Prostituta, diosa, gran señora, amante, la mujer transmite o conserva, pero no crea, los valores y energías que le confían la naturaleza o la sociedad”. Desde este punto de vista, la mujer ocupa un lugar secundario en el mundo: “en un mundo hecho a la imagen de los hombres, la mujer es solo un reflejo de la voluntad y querer masculinos”. La feminidad, concluye Paz, “nunca es un fin en sí mismo, como lo es la hombría”. Las mujeres “no tienen deseos propios”. Aún más chocante para sus críticos es la insinuación de que el papel débil y secundario que cumplen las mujeres en la sociedad se debe a su anatomía. En el contexto de algunas reflexiones sobre el ideal de la masculinidad en la sociedad mexicana, un ideal que requiere que los hombres adopten una postura cerrada y a la defensiva en relación con el mundo que habitan, Paz observa que las mujeres actúan como un contrapunto negativo a este modelo de masculinidad: “Las mujeres son seres inferiores porque, al entregarse, se abren. Su herida es constitucional y radica en su sexo, en su ‘rajada’, herida que jamás cicatriza”. ¿Paz realmente está sugiriendo que las mujeres son inferiores debido a una característica de su anatomía? Esta es, en efecto, la conclusión a la que han llegado sus críticas feministas.

En realidad, Paz no está expresando su propio punto de vista en estos pasajes. Lo que se propone es reconstruir la perspectiva dominante de su cultura, mientras llama la atención sobre lo objetable de esta perspectiva. No busca definir lo femenino, sino definir la definición misma de lo femenino. Para alertar al lector sobre esta distinción, emplea distintos recursos. Para empezar, hay varios momentos en el texto en los que señala explícitamente que la imagen que la sociedad tiene de las mujeres no es producto del consentimiento, sino que es una imposición de la cultura dominante. Veamos, por ejemplo, el comentario con el que Paz concluye una larga disquisición sobre la naturaleza supuestamente pasiva de la mujer mexicana. “Esta concepción —observa, refiriéndose a la noción de que las mujeres son seres prácticamente sin deseos y sin una voluntad propia— [es] bastante falsa si se piensa que la mexicana es muy sensible e inquieta”. U obsérvese su comentario sobre la forma en que la mujer mexicana es tratada como un instrumento que los hombres utilizan para sus propios fines. Lejos de validar este tipo de trato, el autor lo critica, especificando que son “fines […] sobre los que nunca se les ha pedido [a las mujeres] su consentimiento”. Como último ejemplo, veamos lo que piensa el poeta del “respeto” con que se trata a las mujeres en la sociedad mexicana: “Quizá muchas preferirían ser tratadas con menos ‘respeto’ (que, por lo demás, se les concede solamente en público) y con más libertad y autenticidad. Esto es, como seres humanos y no como símbolos y funciones”. En resumen, Paz afirma que las mujeres no son tratadas como seres humanos plenos por la sociedad de su época, sino como “símbolos” o “funciones”. En ninguna parte de sus escritos, da a entender que tratar a una clase de personas como si estuvieran desprovistas de plena humanidad es algo que él aceptaría. Al contrario, la tendencia a adoptar una visión instrumentalista de la vida es, para el poeta, una de las desgracias del mundo moderno.

(…)

Octavio Paz
Octavio Paz. (Foto: Ricardo Salazar)

Pasemos ahora a otra sección de El laberinto de la soledad: el análisis de la figura de la Malinche que aparece hacia el final del cuarto capítulo, “Los hijos de la Malinche”. También esta parte del libro ha sido interpretada como una muestra de la perspectiva objetable del autor. En los primeros tres capítulos del libro, Paz desarrolla una especie de etnografía del México en el que creció. Describe algunas de las costumbres características del mexicano y retrata la visión del mundo que tienen sus compatriotas. Como hemos visto, comenta en detalle el hábito de ocultar o enmascarar su verdadero ser. También describe la tradición de la fiesta, la cual, según Paz, sirve para darle una salida a las emociones que el mexicano reprime en el transcurso de su vida cotidiana. Otro tema que considera es la actitud que adoptan sus paisanos ante la muerte. Sin embargo, no se limita a describir ciertos comportamientos culturales; en última instancia, su meta es identificar las raíces históricas de la psicología mexicana. ¿Y a qué conclusiones llega el poeta? Obsérvese, para empezar, que la evaluación que ofrece del carácter mexicano resulta bastante negativa. En “Los hijos de la Malinche”, Paz comparte el siguiente diagnóstico: “todo lo que es el mexicano actual […] puede reducirse a esto: el mexicano no quiere o no se atreve a ser él mismo”. Y, ¿cuáles son las causas de esta incapacidad de vivir en armonía consigo mismo? Para responder la pregunta, el autor nos lleva de regreso a la Conquista de México.

Para Paz, la Conquista es el momento en que nace la nación mexicana. Concibe esta etapa clave de la historia del país desde una perspectiva freudiana, dibujando una especie de romance familiar en el que participan el mexicano moderno y sus padres simbólicos. ¿Y quiénes son estos padres simbólicos? Paz propone que el lugar mítico del padre lo ocupa Cortés, mientras que el de la madre lo ocupa la Malinche. Desde una perspectiva simbólica, el hijo que tuvieron, Martín Cortés, es el primer mestizo y el primer mexicano. Según el esquema que propone el poeta, la psicología del mexicano se forma a partir de la relación que establece con la figura mítica del padre (Cortés, el conquistador), por un lado, y la madre (la Malinche, la mujer indígena), por otro. Lo peculiar de esta relación está en su desviación con respecto al modelo psicoanalítico, ya que, de acuerdo con Paz, el hijo mexicano afirma al padre y rechaza a la madre. Esto supone un desplazamiento en comparación con el modelo clásico del complejo de Edipo, según el cual el hijo quiere matar a su padre y acostarse con su madre. ¿Y por qué el mexicano denigra a su madre en vez de amarla? Antes que nada, lo hace porque ha sido violada por el conquistador español y, en segundo lugar, porque se alía con él en la Conquista. Es decir, el simbólico hijo mexicano repudia a la madre por haber sido victimizada. Y después la denuncia por su alianza con el victimario. De este modo, la Malinche se convierte en el chivo expiatorio del imaginario nacional.

No cabe duda de que Paz presenta una imagen negativa de la Malinche. Pero una vez más ha habido un malentendido en la lectura que se ha hecho de esta sección de El laberinto de la soledad. Paz demuestra el papel que la Malinche ha desempeñado en una construcción cultural, es decir, el autor no nos ofrece su propia interpretación del personaje histórico, sino su interpretación de la interpretación que circula en la cultura de su tiempo. Las críticas feministas han asumido que Paz nos brinda su propia lectura de la figura de la Malinche en El laberinto de la soledad, cuando en realidad el poeta está en desacuerdo con la visión dominante de la Malinche como una traidora a la patria y sencillamente nos quiere hacer entender lo que la cultura mexicana piensa de ella. Queda claro que para Paz la actitud de rechazo hacia la Malinche (y por extensión hacia la figura de la madre) refleja un grave problema identitario que arroja luz sobre el estrés psicológico del que sufre el mexicano contemporáneo. El retrato de la Malinche en El laberinto de la soledad no representa un informe factual sobre la vida de un personaje histórico; al contrario, sirve para revelar un conflicto de identidad sin resolver. El análisis que emprende Paz de la figura de la Malinche no tiene como propósito respaldar la forma en que ella es representada dentro de la cultura mexicana. Lo que él quiere es ayudar a superar y anular esa representación.

Las críticas feministas hablan como si nuestro autor estuviera de acuerdo con la imagen negativa de la Malinche y aprobara la concepción agresiva y hostil de las relaciones entre hombres y mujeres que describe en el capítulo “Máscaras mexicanas”. Nada más alejado de la verdad. El autor de El laberinto de la soledad adopta la postura de un crítico, no la de un partidario, de estos fenómenos. Paz siente un profundo rechazo hacia la visión combativa y jerárquica de la sociedad reflejada en el comportamiento machista. Este rechazo se vuelve aún más claro cuando contemplamos la forma en que se acerca al tema del amor en el apéndice con el que cierra El laberinto de la soledad. En esa sección, titulada “La dialéctica de la soledad”, deja atrás las preocupaciones etnológicas e históricas que han ocupado la mayor parte del libro para concentrarse en temas ontológicos. Según Paz, la vida humana se caracteriza por una dialéctica entre soledad y comunión, ruptura y reunión. El amor desempeña un papel clave dentro de esta dialéctica ya que representa la fuerza psíquica que impulsa a los seres humanos a tratar de superar el estado de aislamiento en el que inicialmente se encuentran. En la concepción de Paz, el amor es “hambre de comunión”, nos brinda acceso, aunque sea por un solo instante, a la “vida plena, en la que se fundan los contrarios”, y nos ofrece la visión de “un estado más perfecto”. El amor genuino se basa en la libertad. Una y otra vez, Paz nos recuerda que el amor depende de una “libre elección” y llama la atención sobre los numerosos obstáculos que la sociedad moderna erige para impedir la libre expresión de nuestras preferencias amorosas.

(…)

Para concluir este capítulo sobre Paz y el feminismo, quiero retomar el tema del amor, ya que fue una de las principales preocupaciones del autor a lo largo de toda su obra. Paz escribió un gran número de poemas sobre el amor, tema que también exploró en detalle en ensayos como Conjunciones y disyunciones, “¿Por qué Fourier?” y, más notablemente, La llama doble, un libro asombrosamente ambicioso sobre el lugar del amor y el erotismo en la civilización occidental, que abarca desde la Antigüedad griega y romana hasta el presente. En la medida en que Paz solía establecer analogías entre el amor y otras actividades humanas, principalmente la poesía, este tema aparece en muchos otros escritos suyos, aun si no tienen como tema principal el amor, el erotismo o la sexualidad. En mi análisis de El laberinto de la soledad, traté de mostrar que Paz expresó claramente su preocupación por la autonomía de la mujer y que se nutrió del pensamiento de Beauvoir para desarrollar su perspectiva sobre el lugar del amor en la sociedad moderna. El último capítulo de El laberinto de la soledad ofrece una amplia evidencia para contrarrestar la acusación que se le ha hecho a Paz de que veía a las mujeres puramente como objetos. Lo mismo puede decirse de La llama doble.

(…)

Las críticas feministas de Paz se han enfocado en un reducido número de pasajes de su obra. Más que nada, han comentado algunas secciones de El laberinto de la soledad. Las han leído sin fijarse en las estrategias retóricas del autor y sin conectarlas con otras partes del libro. Tampoco han examinado su carrera toda o la orientación general de su pensamiento. La lectura equivocada que han hecho algunas feministas de los pasajes de El laberinto de la soledad que se ocupan de las relaciones de género en México y de la figura de la Malinche se hace patente cuando nos fijamos en las declaraciones de apoyo al feminismo que hizo Paz en el transcurso de su larga carrera y en su descripción del amor erótico como una forma no de ejercer la dominación, sino de escapar de ella. Cualquiera que examine la recepción feminista de la obra de Paz observará que una y otra vez se le hace blanco de las mismas acusaciones. Afortunadamente, también hay feministas que no han dudado de la postura de Paz. Entre ellas se encuentra Elena Poniatowska, quien en un texto de 1998 recuerda la invitación que recibió de su amigo en 1971 para colaborar en el primer número de Plural con un artículo sobre el derecho de las mujeres al aborto. “Comprobé tu interés —escribe Poniatowska, utilizando el tuteo para dirigirse a Paz— por la suerte de las mujeres, tu feminismo que se ha acrecentado a través de los años, tu solidaridad”. Con estas palabras, la escritora mexicana deja un valioso testimonio de la contribución positiva de Paz al debate sobre el feminismo en México.

AQ / MCB​

Google news logo
Síguenos en
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.
Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto