Cultura

De la maldición de no ser nadie

Los paisajes invisibles

La necesidad de pertenecer revela el vacío y la fragilidad del yo contemporáneo; la búsqueda obsesiva de identidad impulsa nuevas formas de autoafirmación simbólica.

Jean Baudrillard afirmó que cuando la representación es más verdadera que lo verdadero estamos ante el colmo del simulacro. En las comunidades digitales se propagan códigos de conducta o formas de expresión que redundan en lo que el pensador francés refería como simulación desdencantada: deseosos de atributos que los difieran del otro, de lo común, los clanes que brotan como hongos en la Internet se crean o se reinventan en función de la originalidad o necesidad de pertenencia.

Conversando sobre la identidad, en la segunda mitad de los lejanos 1990, Baudrillard dijo a Philippe Petit: “La identidad es un sueño de absurdidad patética. Se sueña con ser uno mismo cuando no se tiene nada mejor que hacer. Se sueña con ello cuando se ha perdido toda singularidad (y la cultura es precisamente la forma extrema de singularidad de una sociedad). Desgraciadamente, hoy ya no luchamos por la soberanía o por la gloria, luchamos por la identidad. La soberanía era un dominio, la identidad solo es una referencia. La soberanía era aventurera, la identidad va unida a la seguridad (y desgraciadamente también a los sistemas de seguridad y de control que nos imponen la identidad). La identidad es la obsesión de reconocimiento del ser liberado, pero liberado en la nada, y que ya no se sabe en absoluto qué es. Es una garantía de existencia” (El paroxista indiferente).

Siguiendo esas ideas, lo cierto es que existir es una tarea difícil cuando el ser no se halla cómodo en su empaque natural pero se intuye único, raro o extravagante, así que es necesario disociarse a toda costa de la normalidad.

En días pasados, se propagó en los medios una nota informativa que dio foco a un fenómeno no tan visible ni extendido aún en las tendencias identitarias del mexicano digital. La convocatoria a una reunión de therians en las islas de CU con carrera de cuadratropía incluida, por cierto que ese término no está consignado en la RAE pero refiere la dinámica de desplazarse utilizando manos y pies, “a cuatro patas”, se diría coloquialmente, pues así como lo terhian es una afinidad colectiva relativamente nueva de ciertas entidades internautas, la cuadratropía que lo acompaña es un neologismo. La nota de MILENIO (Armando Martínez, 20 de febrero de 2026) sobre la tertulia de esa, digamos, nueva especie, citó un párrafo del panfleto convocante que define así lo therian: “¿Qué es? Identificación espiritual y psicológica con un animal. Símbolos de cultura y expresión: redes sociales y grupos de apoyo, uso de máscaras, arte y rituales”.

El therian, dicen sus apologistas, proviene de mitologías, religiones antiguas, tradiciones. Aluden al chamanismo o a las creencias mesoamericanas como el nagual, hay quienes lo ubican como una derivación del llamado furry fandom (entusiastas de los animales antropomórficos), pero en síntesis se trata de individuos que se asumen entes animales: perros, gatos, lobos, coyotes, lo que sea.

La reunión en CU fue un rotundo fracaso. Acudieron varios reporteros e incontables curiosos para atestiguar la convivencia de una hipotética jauría que solo consiguió atraer a un par de therian que se negaron a ladrar y a competir a cuatro patas, ya no digamos a mostrar las diversas formas de reconocimiento entre los canes. Sin embargo, esto apenas comienza pues en Europa, Estados Unidos y Canadá, lo therian se expande vertiginosamente. Máscaras, collares, colas peludas, guantes estilo garras, son los accesorios de los bípedos que gruñen, ladran e incluso muerden a todo aquel que se niegue a reconocerlos como lo que se creen o quieren ser, dando la razón a Baudrillard: la identidad solo es un sueño de absurdidad patética. Un desesperado impulso por pretender la singularidad y conjurar la insoportable pequeñez del ser vaciado de sustancia. Esa infame maldición social de no ser nadie.

AQ / MCB

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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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