Cultura

“La poesía tiene la mala fama de que no se vende, y no es verdad”: Chus Visor

Entrevista

El reconocido editor de poesía ha publicado la obra completa de Jaime Sabines en su colección de lujo que incluye autores como Szymborska, Cernuda, Vallejo y Raúl Zurita.

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Jesús García Sánchez (18 de noviembre 1945, Madrid), conocido en el mundo de las letras como Chus Visor, es el editor de poesía en lengua española más importante y constante de las últimas casi seis décadas, impulsor de un proyecto nacido en 1968 que se inauguró con la publicación bilingüe de Una temporada en el infierno de Arthur Rimbaud, traducida por Gabriel Celaya y publicada en 1969. Con ese libro empezó la Colección Visor de Poesía, un catálogo que ya alcanza casi los mil 500 títulos con sus inconfundibles portadas negras.

El trabajo de Chus Visor inició como el puente definitivo para la difusión de la poesía del mundo al español, fomentando y financiando traducciones de voces como Baudelaire, Rilke, Cavafis o Sylvia Plath para España. Sobre esa base, su obstinación por romper el aislamiento territorial también trasladó las grandes voces de Latinoamérica hacia su país: Borges, Huidobro, Neruda, Benedetti, Gelman, etcétera.

Un ejemplo de esta labor es la edición de los libros de Jaime Sabines, todavía autor de nicho para el público español. Convencido de que merecía un espacio de privilegio en la tradición poética peninsular, Chus publicó la antología Uno es el poeta (2001), que tuvo varias reediciones, y desde 2014 toda su obra reunida en Recuento de poemas (1950-1993), que en 2025 colocó en su serie “Atentado celeste”, una de las más ambiciosas de Visor Libros.

Inspirada en el universo de Vicente Huidobro, esta serie de lujo, que se imprime en un papel de gran calidad y con una tipografía excelente, incluye títulos de Wisława Szymborska, Luis Cernuda, William Blake, Raúl Zurita, César Vallejo y, ahora, Jaime Sabines.

Chus atiende la entrevista en su histórica Librería Visor, ubicada en la Calle de Isaac Peral 18, en el céntrico distrito de Chamberi de Madrid, sobre la que cuenta: “La librería la abrí un par de años antes de la editorial; le puse ese nombre porque era una librería especializada en cine, se llama así por el visor del cine, ahora lo es de poesía”.

Usted comenzó la editorial con la traducción de Una temporada en el infierno de Rimbaud…

En aquella época, apenas se editaban traducciones. Había autores españoles, pero de extranjeros, nada; en el grupo de poetas que me movía, los más mayores nos decían que había que leer a Rimbaud, Baudelaire, Mayakovski… y resulta que ninguno estaba traducido ni publicado aquí, ese fue el motivo de editar a Rimbaud. Y luego a otros porque los jóvenes quisimos conocer a Tristán Tzara, e.e. cummings, André Bretón, los poetas de vanguardia.

Libros de portadas negras…

Eso fue un invento de Alberto Corazón que era un diseñador que estaba empezando, era un año o dos mayor que yo, y se le ocurrió hacerlo negro, la gente se extrañó mucho, hubo muchas bromas por lo negro; luego a los dos o tres años lo hizo la editorial Cátedra, a los cuatro o cinco lo hizo Tusquets, y ahora la mitad de las cubiertas que hay en España son negras.

Editó también a René Char, un poeta considerado hermético…

Si, él fue por el año 75 o algo así. Sí lo es, pero los hay peores que él de herméticos. Recuerdo que las Hojas de Hypnos lo edité en dos tomos porque resultaba muy caro editar todo junto en aquella época.

Un amigo fundamental para usted fue Julio Campal, poeta, pintor y crítico de origen uruguayo, criado en Argentina, introductor de la poesía experimental en España durante la década de 1960.

Era un poeta unos diez años mayor que nosotros, estaba exiliado aquí. Julio fue el que nos estuvo enseñando y nos ilustraba a leer la vanguardia, fue muy importante. Murió hace un montón de años. La verdad es que no sé si se suicidó, en aquella época había muchas dudas de si lo había hecho o simplemente se había muerto porque se tomó muchas pastillas con alcohol, sé que estaba pasando un muy mal momento y que no me extrañaría que lo hiciera. Y le debo mucho, y no solo yo, montones de gente que vivían aquí. Los amigos le publicamos una antología de sus poemas, de sus escritos.

¿Por qué apostó a ser editor de poesía?

Tengo que reconocer que se lo debo a los profesores de literatura que tuve cuando estaba estudiando en Salamanca, tenía diez u once años y un profesor nos enseñaba muy bien e hizo que los alumnos, no solo yo, cogiéramos amor a la poesía, que nos gustara, nos hacía recitar en el colegio. Luego en el Instituto, cuando ya tenía 16, 17 años, tuve un profesor con las mismas características que se llamaba Emilio Miró, y este profesor nos llevaba a lecturas de poetas, ese fue el que más me influyó; y luego los amigos del Instituto eran todos poetas, los amigos más cercanos son los que más te influyen.

¿Usted inicia como un crítico de poesía?

Así fue, era muy joven, tenía 22 años y hacía crítica de poesía en el Diario de Madrid, que se cerró pronto, en 1975 o algo así; allí estuve como tres años y eso ayudó mucho para que los primeros libros que edité tuvieran buena difusión en la prensa.

Inicia la editorial en un momento difícil, con la dictadura…

La poesía no era mucho problema para la censura, depende del libro. No tuve problemas hasta tres años después con un libro de Jorge Guillén, Al margen (1972) que tenía un poema dedicado a don Francisco de Quevedo, pero que en realidad no era Quevedo, y la censura se dio cuenta de que era Francisco Franco, pero fue posterior. Además, editar un libro de poesía en aquella época era muy barato, tampoco era una gran inversión. Según se iba vendiendo uno, editaba otro, eran libros baratos y con los años se han juntado mil 500. Y en las librerías los libros de Visor siguen siendo los más baratos. A mi me sale barato porque casi todo lo hago yo, el 90 por ciento de las cosas: las correcciones, las solapas, el trato con los autores, el prólogo, me ahorro el trabajo de mucha gente.

Así lo hizo con el Recuento de poemas de Sabines que tiene un prólogo de usted, mientras la antología Uno es el poeta es de Carmen Alemany Bay…

Es que hago muchos prólogos, habré hecho como 15 o 20, siempre ha sido cuando no he encontrado a nadie del que me fiara, en el caso de Sabines es porque me interesaba a mí.

¿Por qué hacer el de Sabines?

Pues porque me gustaba el tema, se lo he hecho a libros de Benedetti, Neruda…

Benedetti es uno de sus autores consentidos, incluso tiene la colección Biblioteca Mario Benedetti…

Sí, a Benedetti le publiqué todos los libros de poesía, por lo menos 15 libros de poesía, se los edité siempre, era mi amigo y me llevaba bien con él. Nunca quiso cambiar de editorial. A pesar de que tenía ofertas muy buenas de editoriales potentes, nunca quiso irse a otra, le he hecho varias antologías.

Benedetti, un poeta al que le gustaba Sabines, le hizo una antología de sus poemas amorosos…

Claro, la conozco. Mario hizo una colección en Buenos Aires en la que editó a Sabines, María Elena Walsh, creo que también al cantante Atahualpa Yupanqui. Editó una antología de Joaquín Sabina, Roque Dalton… conozco esas colecciones, de Mario suelo conocer todo. Cuando él vivía aquí en Madrid le veía todas las semanas durante ocho o diez años, todos los viernes me acercaba a su casa una hora, tenía una relación muy estrecha con él. Y luego, cuando se fue a Montevideo, dos o tres veces al año iba a verle. Creo que fue Mario el primero que me habló de Sabines, lo estoy pensando ahora... No me extrañaría, no te lo digo seguro porque han pasado muchos años. Eran amigos, a Mario le gustaba mucho la poesía de Sabines.

Siempre me ha interesado la poesía latinoamericana y he estado muy al día de lo que publicaban, sobre toda la generación mayor, la de Sabines, Benedetti, Nicanor Parra, Roberto Fernández Retamar, estaba suscrito a muchas revistas; recibía muchos libros de Hispanoamérica y siempre me interesó esa poesía, y Jaime Sabines, más. Llegué a conocerlo porque él vino un día a Madrid a dar una lectura de poemas a la Residencia de Estudiantes en diciembre de 1997 y yo fui, fue por la tarde y me acuerdo porque era un día en que yo regresaba de Cuba, llegué muy cansado, pero me acerqué allí porque tenía interés en escucharle. Ahí estuve, pero como soy muy tímido, no me presenté, no le dije nada, no hablé con él, pero sí estuve escuchándole. Ya lo había leído, le conocía de sobra, Luego me arrepentí mucho, claro, como siempre.

¿Y en qué momento decide editarlo?

Lo edité como en el año dos mil o por ahí, no me acuerdo cómo conseguí el domicilio de su mujer, le escribí y me contestó muy amable, muy abierta, muy simpática a que le editara una antología, yo quería editar la poesía completa, pero no se podía porque tenía una especie de contrato con Planeta. Y tenían una opción para editarlo en España o algo parecido, con los años se solucionó porque Planeta no lo hizo, y yo encantado de la vida de hacerlo, y lo hice en la Colección Visor de Poesía, en esa colección en donde ya estaba la antología Uno es el poeta, así que lo hice y se agotó, y luego ya pude publicar todo el Recuento de poemas, y ahora lo he reeditado en una colección distinta que se llama “Atentado celeste”, es igual que el anterior por dentro, pero no por fuera. A mí esta colección me gusta mucho, porque creo que los libros de poesía hay que hacerlos con cuidado, y que sean bonitos y que estén bien hechos, creo que es lo mínimo que se le puede hacer a muchos libros, no a todos, pero sí a muchos, hay que cuidarlos. Y esta colección es muy cuidada, muy agradable de leer, con una bonita tipografía, con buen papel.

¿Qué piensa de la obra de Sabines?

Lo mejor que se puede decir de un poeta es que llega al público. El público se queda encantado cuando lo escucha o cuando lo lee, que es lo mismo que se le puede decir a Mario. La manera de tratar a los personajes en su poesía, la manera de tratar el poema, y de expresarse y hacer el poema sencillo, es lo mejor que hay, es lo mismo que hace Mario.

En esa aparente sencillez está el conocimiento de un gran conocedor del lenguaje, de la versificación, de la técnica…

Es que escribir sencillo es lo más difícil, escribir bien y sencillo que se entienda, que transmita la sencillez es muy difícil, eso no lo hace cualquier poeta, eso es lo más difícil que hay, y está demostrado, mucha gente lo intenta pero… los poetas son los sencillos o por los menos que llegan al público y el público los reconoce.

En ese recital que dio Sabines en la Residencia de Estudiantes aquí en Madrid la gente no aplaudía y él les pide que aplauda…

No lo recuerdo, pero claro en México con Sabines iban mil o cinco mil personas; en la Residencia de Estudiantes no habíamos más de 100 escuchándole, la sala donde leyó era pequeña y el público era distinto.

Tiene también publicado a Octavio Paz, a él sí le conoció…

Sí, a Paz le conocía mucho porque venía todos los años a España, él era jurado del Premio Internacional de Poesía Fundación Loewe, fue presidente del jurado durante ocho o diez años, y luego también le vi alguna vez en México. Cosa que a Jaime nunca le vi en México, a Octavio sí le veía bastante. Octavio era una persona totalmente diferente, su poesía y él, me llevaba bien con Octavio, incluso un día me acuerdo de haber visto un partido de futbol con él, que no sabía nada de futbol.

¿Usted sí…?

Sí, le voy al Atlético de Madrid, soy socio desde hace 66 años, ahora soy senador, tengo la medalla de oro y brillantes del club, también me han dado la de oro, y la de plata, a Mario también le hice del Atlético. Dan esas medallas por tantos años de fidelidad al grupo.

¿Cómo ha resultado la edición de Sabines en España?

La edición anterior la agoté algunas veces. No hay ningún libro de poesía que sea un best seller, la poesía completa de nadie lo es, ni la de Cesar Vallejo ni la de Sabines, son libros que se van vendiendo con el tiempo, poco a poco, es imposible que se venda mucho, por muchos motivos. Es difícil porque Sabines no es tan conocido aquí en España, se le va conociendo, pero no es nada fácil. Imagínate por ejemplo vender un libro de Jorge Guillén en México por 30 euros, pues no es fácil.

Estamos en el centenario del nacimiento de Sabines y en noviembre en el Instituto Cervantes en Madrid se le hará un homenaje.

Sí, me lo ha dicho Luis García Montero. Pero creo que el centenario de Sabines aquí va a pasar un poco inadvertido, tampoco va a llenar la televisión, ni los diarios, no será gran cosa. Estaré en el Cervantes, aunque nunca se sabe hasta qué punto los lectores van a responder, ojalá sean muchos.

¿Usted escribe poesía?

No, eso no me he atrevido a hacerlo. Lo que sí he hecho ha sido colaborar con grupos de poesía y amigos. Escribí un par de poemas cuándo estaba en el Instituto, ni me acuerdo de qué hablaban.

Pero quizá en el mundo editorial nadie más apasionado que usted por la poesía…

Es lo que he hecho toda mi vida, no he hecho otra cosa más que editar libros de poesía, en la Colección Visor de Poesía van mil 315, pero en las demás colecciones hay más, en la que ahora está Sabines, “Atentado celeste”, hay 112, y hay otras. Pero a mí no me parece que haya hecho nada especial, me parece una cosa normal lo que he hecho. Lo que sí me parece un mérito es haber dado a conocer a algunos poetas muy importantes, me lo tomo con orgullo, sí, pero no es para tanto.

Y su colección con la voz de los poetas…

Esa ya no la hago. Estaban Octavio Paz, Rulfo, Benedetti, Neruda, Cernuda, Juan Ramón Jiménez, José Lezama Lima, Oliverio Girondo, tengo como a 50 poetas que leían ellos mismo su obra, y luego el libro con los poemas. Empezó bien la colección, pero no ha tenido mucha suerte, ni mucho interés. Me parecía una colección maravillosa, pero por desgracia no todo mundo opina lo mismo.

¿Se puede conseguir?

Totalmente, hay de todos, por desgracia no creo que haya ninguno agotado, es una colección maravillosa. La dejé de hacer hace como cinco años y la empecé hace veinte. Cuando inició se vendían bien, escuchar a Cernuda leer él mismo sus poemas creo que era buenísima idea, o a Neruda o a Juan Rulfo leer Pedro Páramo, me parecía una idea maravillosa. A Rulfo lo edité en esa colección que era casi toda de poesía, menos él, y también un par de cuentos de Tito Monterroso, y tres cuentos de Felisberto Hernández, porque eran mis amigos y grandes escritores A Rulfo le vi un día en Madrid, pero tampoco hablé con él.

Decía Sabines que hay escritores que aunque no hagan poemas, escriben poesía, como Rulfo…

Sin duda, por eso lo edité, y fue el primero, luego Monterroso y Hernández.

También ha publicado a José Emilio Pacheco y Juan Gelman…

Muy amigos míos los dos. Con José Emilio, cuando venía a Madrid aquí estábamos todo el día juntos, a él le publiqué igual que a Sabines, una antología primero y luego toda la poesía completa en cinco volúmenes. Con Juan los últimos ocho o diez libros que publicó se los edité yo. Ya eran más mis amigos que poetas de Visor.

Y a pesar de tener tantos autores y haber publicado tantos libros, sigue siendo usted muy discreto y penoso…

Sí, sobre todo las dos cosas, demasiado discreto y me da mucha vergüenza todo. A mi edad no voy a cambiar.

¿Por qué ha dividido su editorial con colecciones?

La Colección Visor de Poesía es la normal, la otra donde está ahora Sabines, “Atentado celeste”, reúne libros muy voluminosos, poco manejables con 800 o mil páginas, por eso los he pasado a esta nueva colección. Luego tenía una más grande donde edité la poesía completa de Emily Dickinson o T.S. Eliot, que pasaba igual, muchas páginas para ponerlos en la colección normal y me inventé otra. Hay otra que se llama “Decíamos ayer”, son libros que tienen muchas notas, a mí me fastidian los libros de poesía que tienen muchas notas explicativas. Edité a Sor Juana Inés de la Cruz. Emil Volek, un profesor de Estados Unidos que es especialista en Sor Juana y estuvo a cargo del libro, puso muchísimas notas, tenía que buscar una colección distinta, así que me inventé otra. Los prólogos largos me fastidian mucho los libros se tienen que defender por sí solos, hay notas que son necesarias, pero no son tantas como algunos autores quieren.

¿Qué piensa de la traducción, es una versión, un nuevo poema?

Nuevo poema, desde luego, no. Lo de la traducción depende mucho; las traducciones se quedan anticuadas, no es lo mismo leer una traducción de Shakespeare de hace treinta años, que leer una actual; las traducciones de Neruda sobre Shakespeare están bien, pero no tienen nada qué ver porque el lenguaje cambia mucho, las traducciones hay que hacerlas nuevas porque el lenguaje cambia; creo que lo más importante de una traducción es el texto original. A mí no me gusta nada que vengan los traductores a lucirse traduciendo en verso libre, en verso rimado; el original es lo más importante, lo digo como lector, no como editor.

¿Cuántos idiomas habla?

Más o menos me manejo, eso no es problema, el problema son los traductores, que todos se creen que son los mejores del mundo.

¿Más que los poetas?

Por supuesto, los poetas hay de todo, pero en general los traductores son peores, uno habla desde su experiencia.

¿En cuántos idiomas lee, además del español?

Depende lo que sea, normalmente con diccionario, todos, porque me hago muchas ideas.

También ha publicado poetas orientales…

Sí, he editado a muchos, de China por lo menos cuatro, luego varios clásicos, los Rubaiyat, he editado a Rumi… una antología de poesía árabe en general como de mil páginas, que se agotó y no quiero reeditar más porque la traducción se quedó un poco anticuada.

¿En qué está Visor ahora?

Ninguna novedad llamativa. Voy a editar un libro de Ósip Mandelstam, un poeta ruso que me interesa mucho. Voy a hacer una edición de la poesía completa de John Donne, no es una novedad o una campanada porque no lo voy a descubrir, es un clásico inglés que ya edité, la traducción no era muy buena, entonces ahora se ha hecho la traducción a partir de un libro de Cal Carré, la editorial de Antònia Carré-Ponsun, que aquí ha realizado José Luis Rey; hace poco estuvo por acá la mujer de Paul Auster, Siri Hustvedt, y comentó que había leído una edición española con las traducciones de Emily Dickinson que había sido la mejor que había visto, y era la de Visor hecha también por José Luis Rey.

¿Cómo llega Visor a otros países?

Tenemos distribuidores en algunos sitios. Llego convenciendo a los libreros que si tienen libros de poesía, los van a vender, por los menos los de Visor, porque Charles Bukowski lo van a vender, y Benedetti, y montones de autores que yo edito. La poesía tiene muy mala fama de que no se vende y no es verdad yo no hubiera editado más de mil 500 libros con un montón de reediciones, hay algunos que tienen seis, ocho o diez. En todas las ciudades del mundo hay alguna librería que tiene libros de poesía y hay que buscar esa librería y que tenga los libros, ese es un trabajito que me ha costado mucho.

En América Latina, ¿dónde se venden mejor sus libros?

Sobre todo en México y Colombia, en Argentina también, luego hay países muy poéticos, como Perú que tiene un montonazo de poetas de toda la vida, pero se vende menos, no sé, quizá por el precio de los libros. En Chile, por ejemplo, creo que piden 17 por ciento de impuestos al importar, eso es mucho para el libro, en algunos países el libro sale muy caro, eso interviene mucho.

¿Quiénes son sus poetas favoritos?

¡Joder! Es que hay tantos, me gusta mucho San Juan de la Cruz, Garcilaso de la Vega, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, muchos que me gustan ¿cuál es el que más me gusta? es muy difícil decirlo.

De los poetas contemporáneos…

Prefiero no decirlo porque tengo muchos amigos. Te puedo decir de los muertos, de la Generación del 27, de ellos el que más me interesa es Luis Cernuda, es el genio del grupo, el poeta mayor del 27. Luego están Federico García Lorca, Vicente Aleixandre, Juan Larrea, que me gustan mucho. Pero vamos, Cernuda es el número uno, es el que más me interesa a mí.

¿Por qué Cernuda?

Hombre, creo que es el que mejor representa a la España de ese momento, con una diferencia incluso de la España del exilio frente a todos los demás, con una seriedad que no tiene nadie, y creo que poéticamente es muy técnico, muy dotado.

¿Y Miguel Hernández?

Me interesa menos, me interesa El rayo que no cesa, también Cancionero y romancero de ausencias, lo demás, menos. Le hice también una antología y un prólogo en Visor, pero Miguel Hernández comparado con Cernuda, creo que hay mucha diferencia.

¿Qué es la poesía para usted?

Eso sí que es raro que no me pregunten eso… la poesía es todo, la manera de vivir, la manera de decir las cosas, y para mí es mi vida también, es lo que he hecho toda mi vida con la poesía. Pero, vamos, una definición de lo que es la poesía nadie la ha sabido hacer. Muchos han hecho muy bien lo que no es la poesía, lo qué es la poesía no lo ha hecho nadie.

¿Para qué sirve la poesía?

La poesía no sirve pa’ nada, pero pa’ nada… pa’ entretener, para divertirte, muchos dicen que te eleva el espíritu, no lo creo, no lo sé, me da la impresión de que no sirve pa’ mucho, sirve pa’ ti porque te gusta leerla, y la lees, te pones contento, te pones triste, pero tampoco es una cosa tan importante como a mucha gente le pasa, a mí no me pasa nada especial, me gusta, me lo paso muy bien, no puedo dejar de leerla, pero tampoco es el éxtasis.

¿Qué pasa cuándo lee poesía?

No pasa nada, es como beber una vaso de agua, es que lo he hecho toda mi vida desde que tenía 12 años hasta ahora, toda mi vida está con la poesía, leyéndola, pa’ arriba, pa’ bajo, como lo hago todos los días, pues no me parece que me pase nada especial, otra cosa sería si no lo hiciera, en eso a lo mejor sí me pasaría.

¿Qué cree que les pasa a los lectores de Visor?

Tengo la suerte de que la gente cuando ve un libro con un autor, aunque les sea desconocido, si es en Visor se fían, de eso sí es de lo que más orgulloso estoy, de saber que Visor no les va a engañar y que los libros que se editan en Visor, les pueden gustar o no, pero son buenos, a nadie le gusta todos los tipos de poesía. De eso sí es de lo que estoy más orgulloso: de haber sabido qué edito y qué no edito, de haber sabido hacerlo durante muchos años, claro que he metido la pata con algunos autores, pero muy poquitas veces.

¿Además de hacer muchas cosas en la editorial y en la librería cómo pasa sus días?

Ahora me gusta mucho pasear, ir a los bares, leer, y luego ir al futbol, ver a los amigos es lo que hago casi todos los días después de trabajar. Tengo muchos bares favoritos, muchos, incluso más que poetas.

AQ / MCB

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