Cultura

Carlota desde la orilla de la historia

Reseña

‘Carlota. La otra historia’, novela de José Luis Trueba sobre la emperatriz, va del enamoramiento a la locura, de Miramar a Chapultepec, del auge a la caída, mezclando la ficción con la realidad.

En la justicia se fundan los imperios.

Fernando del Paso

Será por el poder de su nombre, por su historia de vida o por el título nobiliario que la llevó a la locura, que Carlota ha desplegado la imaginación de escritores de distintos siglos como bien apunta en “Una nota para los curiosos” José Luis Trueba Lara, autor de la novela Carlota. La otra historia (Océano, 2025). Corona de sombras (obra referenciada en la novela) de Rodolfo Usigli; Noticias del imperio de Fernando del Paso; Carlota de Laura Martínez-Belli; Péguese mi lengua de Fernando Solana Olivares; Maximiliano y Carlota. Vida y tragedia de Egon Corti; Maximiliano y Carlota, los últimos emperadores europeos en México de Mary Margaret McAllen; Un viaje con Carlota, al corazón de la locura de Blanche Coudurier, son una muestra de la literatura universal en torno al personaje. A lo anterior se suman dos películas en los años treinta, tres cuentos en neerlandés inspirados por el Castillo de Bouchout: “El viento caliente”, “La comedia francesa” y “Te odio, señor Manet”; una canción compuesta por Vicente Riva Palacio y una obra de teatro del mismo nombre escrita por Homero Aridjis, Adiós, mamá Carlota; una telenovela mexicana: Carlota y Maximiliano y pronto una serie: Carlota. En lo personal he ahondado en el breve paso de Carlota de Bélgica por Yucatán. Los documentos históricos apuntan que desembarcó en el puerto de Sisal sin Maximiliano, el 22 de noviembre de 1865 como quedó registrada su impresión en una carta manuscrita de su puño y letra: “Personajes blancos aparecían en los umbrales; aquí en Yucatán todo es blanco, hasta el suelo… Caminamos sobre un tapete de conchas blancas hasta la casa prevista para descansar”. La casa mencionada estaba en la Hacienda de Hunucmá, desde donde continuó escribiendo su diario acontecer. Le llamó la atención que por su llegada se instalara el primer telégrafo de la península y que los yucatecos desconocieran “el invento mexicano”, el avance tecnológico con el que pronto se familiarizarían, a tal punto que tuvieron que equipar la oficina con sillas para las damas, según su relato. El itinerario la llevó a Mérida, la capital yucateca, donde visitó a pie la catedral, la primera en tierra firme en el continente americano, construida entre 1561 y 1598. Describió su arquitectura en piedra amarilla al estilo morisco como las de Málaga y Ragusa. Asimismo, le escribió a su esposo acerca de la fisonomía de los yucatecos de donde podría elegir a sus oficiales de ordenanza ya que algunos parecían alemanes. El 5 de diciembre Carlota dejó Mérida para continuar su travesía hacia Campeche.

A todas estas historias políticamente correctas, Trueba Lara, con pericia narrativa, transfigura la versión oficial para reconstruirla desde las orillas en voz de quien podría haber sido una de las catorce damas de honor de servicio voluntario para la emperatriz, porque como bien dice el personaje: “Tú no estás para saberlo ni yo estoy para contarlo, pero esos niños serán los herederos del secreto de Maxi”, en alusión a los hijos de las damas de honor que traicionaron a Su Majestad. Una mujer loca que huyó del manicomio para pedir limosna y contar la historia que vivió como dama de compañía de Carlota. Jura que, aunque nadie le cree, la misma emperatriz detrás de las rejas del castillo podría contar lo mismo que ella: “Mientras Su Alteza Inmaculada se pudre en Miramar y los demonios le muerden la cabeza, yo me arrancio en la calle y me escondo de los malnacidos que quieren encerrarme en San Hipólito”. Lo que se murmura entre los pasillos del Castillo de Chapultepec, entre la copiosa vegetación de los jardines, lo que sucede en la intimidad de las respectivas habitaciones de Carlotita y Maxi, es un secreto a voces: “Las habladurías eran las telarañas que se tejían en los rincones del castillo”. Entre jarras de chocolate ambas mujeres se cuentan sus preocupaciones, sueños, cuitas, temores, la enfermedad venérea del emperador que le impide tener relaciones sexuales con su esposa y por ende descendencia, pero que no lo exime de tenerlas con otras. “La Bestia”, “La Puta de Babilonia”, “El indio maldito” y el fantasma de María Amelia de Braganza, el amor imposible de Maximiliano que lo inspira a dibujar piñas para luego derramar su simiente, así como algunos arcaísmos de la época, dotan de verosimilitud los relatos. Siendo que el objetivo de la novela no es reconstruir la Historia, el libro finaliza con la cronología de los hechos reales desde 1806, año del nacimiento de Benito Juárez en San Pablo Guelatao, Intendencia de Oaxaca hasta 1929 con la muerte de Carlota en el Castillo de Bouchout en Bélgica.

Con lenguaje desenfadado y coloquial, matizado de tonos que van del humor a la tragedia y estructurada a manera de viñetas que por momentos se dirigen al lector, el autor logra mantener el interés a través de 250 páginas. Solamente un escritor experimentado es capaz de perfilar un personaje sólido dentro de un “castillo en el aire” sin lanzarlo al vacío. Del enamoramiento a la locura, de Miramar a Chapultepec, del auge a la caída, la novela de la emperatriz Carlota sin final feliz, esa otra historia de José Luis Trueba Lara es una propuesta interesante y arriesgada.

AQ / MCB

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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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