A través de los bisontes, el productor, guionista, fotógrafo, editor y director estadunidense Daniel Glick supo que compartía con el pueblo blackfeet su amor por la naturaleza y por los animales. También descubrió la dependencia que el pueblo nativo y su ecosistema tenían por los bisontes, a tal grado que en su más reciente documental se constata cómo los colonizadores europeos buscaron exterminar a estos animales para así provocar el genocidio de los blackfeet en el hoy Estados Unidos.
“La curación es parte importante del filme”, comenta el documentalista en entrevista con Laberinto.
Ganador de un Emmy por la fotografía de su cortometraje Iniskim (2018), que tuvo tres nominaciones, retomó esa historia de los búfalos americanos y su fuerte e indisoluble relación con los habitantes originales para su largometraje Bring Them Home (De regreso a casa, 2024), que contó con la participación de Lily Gladstone, la primera indígena aspirante al Oscar y ganadora del Globo de Oro como Mejor Actriz por su papel de Molly Kyle en la película Los asesinos de la luna, de Martin Scorsese.
Glick vino a México a presentar su filme, con la oaxaqueña Lucía Ortega Toledo, sonidista, editora de la historia y su esposa, y el hijo de ambos, Río, nacido durante la gestación del filme, que trae Alfhaville y se exhibe en la Cineteca Nacional y salas del circuito cultural, como el Cine Tonalá.
Lucía comparte que, aunque nació en la Ciudad de México, al relacionarse tan fuerte con la comunidad blackfeet, halló paralelismos con sus raíces y se sintió en casa.
De regreso a casa (Aiskótáhkapiyaaya) resume el proyecto de miembros de la Confederación Blackfeet (Pies Negros) para llevar bisontes de regreso a su reserva en Montana, Estados Unidos.
La película, que se llevó casi una década desde que Glick tomó el proyecto que codirigió con los hermanos Ivan e Ivy MacDonald, llegó a México cuando en el norte del país se realizan esfuerzos para la reintroducción de bisontes en reservas como la de la Biósfera de Janos, en Chihuahua.
“Quería tener un codirector en la reserva blackfeet. Tomó un par de años encontrar a mis dos codirectores, que son hermanos. Decidimos intentarlo y fue mucho más fácil de lo que creí. Nos escuchamos y nos complementamos. Cuando se trataba de cualquier cosa relacionada con la cultura, la comunidad o tradiciones de los blackfeet, compartían su opinión. Cuando se trataba de decisiones creativas, hablábamos y trabajábamos juntos: Iván y yo escribimos la narración, Ivy se enfocaba en la cinematografía”, relata el documentalista.
Glick estudiaba en Nueva Jersey y no sabía que quería hacer cine hasta su último año en la Universidad de Rutgers, cuando sus padres le regalaron una cámara en su cumpleaños. Desde entonces, fue prueba y error. Sin conexiones, aprendió por sí mismo hasta que halló mentores, se mudó a Nuevo México y realizó su primer documental, A Place to Stand (2014), sobre el poeta chicano Jimmy Santiago Baca.
“Visité Montana, conocí a mi esposa y decidimos quedarnos. No sabía nada sobre la reserva blackfeet, nunca había visto un bisonte en mi vida, crecí en Nueva York. Amo a los animales, así que cuando vi un bisonte por primera vez me di cuenta de su poder. Una de las cosas que me gusta del cine es que te permite abrir puertas para explorar mundos que nunca podrías conocer. Así que comencé a buscar una historia que hablara sobre los bisontes solo para estar cerca de ellos. Ninguna de las opciones que encontré funcionaba. Luego me contraté para contar una historia con la gente blackfeet sobre proteger su naturaleza y vi que tenían un bisonte. Esa era la oportunidad. Me abrieron las puertas. Esto empezó por amor, interés y atracción por el bisonte, por su magnetismo, pero luego evolucionó a un amor por la gente, su hábitat y su misión”.
La investigación sobre cómo los blackfeet lograron reintroducir con éxito una manada original de bisontes a la región abarca por lo menos medio siglo. Glick y su equipo completaron el filme en ocho años, gracias a los archivos visuales que encontraron en la universidad de la reserva. Conversaron con más de un centenar de personas durante esos años, recibieron fotos y material de mucha gente, que les autorizó usar en el documental. También recuperaron material en Canadá. “Fue una aproximación investigativa a la naturaleza, estar ahí para hallar contenido. Contratamos también a investigadores de archivos para localizar materiales de hace más de cien años”, expone.
Glick, Lucía (que empezó como asistente de producción) y los hermanos Ivan e Ivy lograron conjuntar un equipo que se apasionó por la historia y a lo largo de esos años se comprometió con ella, aunque hubo un cambio de asistentes de producción y sonidistas. Trabajaron con doce cinematógrafos distintos porque era difícil predecir cuándo sería el rodaje, el clima en Montana y el humor de los bisontes. “Fue un documental muy desafiante. Por fortuna, encontramos mucha gente detrás y frente a la cámara con el mismo amor profundo por los bisontes, los blackfeet y su cultura”, comenta Glick.
¿Cómo trabajar un documental cuyo final no se conoce? Cuando empezó el filme, no se sabía si los bisontes regresarían a la reserva de Montana, lo que ocurrió hasta 2023.
Al principio, no sabía nada, excepto que había una misión para liberar al bisonte en la naturaleza. Esa era nuestra esperanza, quedarnos con la historia hasta que eso sucediera. Cada año la gente decía que tal vez ocurriría al año siguiente, sonaba como si hubiera esperanza. Pensamos en terminar el filme para crear algo que pudiera ayudar al búfalo a regresar a la reserva y así lo hicimos. Esperamos y luego sucedió. Tuvimos que regresar y pasar otro año editando el nuevo final.
¿Cómo se sintió al ver la conexión entre el bisonte y los blackfeet? En su filme, es increíble la cantidad de especies animales que dependen de la existencia del bisonte. Aquí en México hemos visto, por ejemplo, en Cuatro Ciénagas, Coahuila, cómo se ha restaurado el ecosistema.
Siento un profundo orgullo por el animal. Al aprender del bisonte, es difícil no sentirte tocado por su poder. Pero, también, es muy triste darte cuenta lo difícil que es para él existir en la naturaleza, cuánto debe luchar para ser libre. Es una especie increíble. Algo que no metimos en el documental es que la fertilidad de la tierra, la agricultura en Estados Unidos y Canadá, se debe a los bisontes. Eso porque estuvieron ahí por cien mil años creando un espacio para una increíble biodiversidad y salud ecológica.
¿Y respecto a la conexión espiritual de la gente con los bisontes?
Algunas personas que conocí al trabajar en esto hablan del bisonte como una puerta al espíritu. Yo he sentido eso. Al principio del documental, estaba en la Ciudad de México visitando a Lucía, y tuve un sueño con un búfalo que hablaba conmigo. No recuerdo qué me decía, pero fue un sueño visceral. Ese sueño fue la semilla para este documental, porque los sueños son muy significativos en la cultura. Son tan profundos como son poderosos estos animales.
¿Cómo valoras estos conceptos presentes en tu filme: identidad y genocidio?
Sabía del genocidio de la gente nativa americana. Mis padres trabajaron activamente con los nativos americanos. Pero ignoraba el nivel de exterminio del bisonte como paralelo a lo que ocurrió con esos pueblos. Es muy doloroso saberlo y confrontarlo. Mis antepasados se movieron hacia el oeste y se quedaron allá. Fueron parte de la maquinaria que exterminó a los animales, que empujó y erradicó a las personas que vivían aquí. He sido consciente de eso toda mi vida. Para mí, ha sido muy importante contar esta historia con mis codirectotes nativos para honrar al bisonte. Hay muchas personas tratando de reparar el daño y curar a la comunidad. La curación es parte importante del filme.
No recuerdo otro filme donde abiertamente se mencione la palabra “genocidio” para entender qué hicieron los europeos en Norteamérica, ni siquiera en Los asesinos de la luna, de Scorsese.
Y lo es. Cuántas personas fueron asesinadas, forzadas, tratadas como nada. Esa es la palabra que lo describe. Lo que aprendimos de los blackfeet en términos de su perspectiva es que los humanos no estamos por encima de ninguna especie, entre ellas los búfalos. El genocidio de los blackfeet fue también un exterminio de bisontes.
Técnicamente ¿qué resultó más difícil en el proceso? La fotografía, por cierto, es muy hermosa.
La edición. Fue una historia difícil porque tiene muchas piezas, no hay un único protagonista. La mayoría de las historias tiene una persona que sigues. Pero esta, lo vimos desde el principio, involucraba a muchas personas que ayudaron a que el bisonte regresara. ¿Cómo presentar una historia de comunidad? Porque esta es una historia de comunidad, no hay un héroe solitario haciéndolo todo, sino personas trabajando juntas en un efecto acumulado. Así que tomó dos años hacer la primera versión del filme y un año más para la nueva edición. Fueron tres años de edición. Escribir, dirigir y editar requería mucha información. Lucía es la editora de historias del filme y su perspectiva ayudó mucho. También filmar búfalos mientras se maneja puede ser muy desafortunado.
¿Qué impacto cree que haya tenido el documental?
Hemos recibido mucha atención, somos muy afortunados. Hemos oído que otras comunidades indígenas se han inspirado para reintroducir al bisonte en sus reservas. Es muy difícil saber cómo un filme formará la perspectiva de una nación tan grande, es difícil pensar que mi documental tiene ese efecto. Pero en la inspiración de la gente de las comunidades por reintroducir al búfalo es donde el cambio puede suceder. El gobierno de Estados Unidos no es amigable con el ambiente, no es amigable con el bisonte, de hecho, está activamente en contra del bisonte e intenta sacarlo de terrenos federales. Así que, en el largo plazo, el filme continuará como herramienta para crear apoyo al bisonte.
¿Cómo repercute que Lily Gladstone haya participado en el documental?
Nos ha ayudado a recibir la atención nacional. Tuve mucha suerte, porque ya la conocía. Empezamos a filmar en 2017 y ese año le pedí que narrara la película, es decir, mucho antes de volverse famosa por Los asesinos de la luna. Había participado en películas independientes, estaba den ascenso. El año en que se estrenó Bring Them Home recibió la nominación al Oscar por Los asesinos de la luna. Sin duda, eso contribuyó a que la prensa le prestara más atención al documental, que PBS y otros festivales se interesaran en él. Creo que fue el espíritu del bisonte o algo así.
Todos sabíamos lo talentosa que es Lily. Y que naciera y creciera en la reserva blackfeet hace que su corazón esté entregado a la historia. Era la persona perfecta para hacerlo. Más allá de su fama y talento como actriz, su pasión y su amor por el búfalo hacían que se le quebrara la voz cuando narraba,. Necesitábamos una narradora que uniera todo.
AQ / MCB