Con un estilo fragmentario, El bibliotecario de la isla narra la historia de la familia Aldape de los Ríos. Su autor, Andrés de Luna, explora la confusión y la huella del trauma en siete generaciones de ese desventurado linaje. La sexualidad masculina y la búsqueda de sentido son los ejes de esta novela publicada por Mastodonte.
Los personajes se desenvuelven en escenarios como la Comuna de París en 1871, la Ciudad de México durante la recuperación de la república a manos de Juárez y las comunas jipis de los años sesenta. Todo inicia con Pedro, un joven mexicano que en 1867 llega a Francia para estudiar leyes y termina como bibliotecario en una isla remota del Mediterráneo, donde su rastro se pierde misteriosamente, antes de participar en rituales junto a nigromantes, atestiguar crímenes irresueltos y entablar comunicación con los muertos.
“La isla realmente existe”, dice Andrés de Luna, “pero no en un terreno concreto. La inventé porque no la conozco. Me pareció importante una isla donde Pedro estuviera a salvo de los males del mundo y comprendiera mejor la realidad. Pero la realidad se presenta muy oscura y no acaba de asimilar lo que pasa. Se enfrenta también a la nigromancia y se queda a ciegas. Quise situar el lugar de la novela en las instancias en que todo puede ocurrir”.
Andrés de Luna cuenta que la atmósfera oscura de la isla de Levante se construyó a partir de elementos teóricos hallados en textos espiritistas y de parapsicología e incluso de episodios que él mismo experimentó. “Conocí a una señora que cuidaba de una anciana. La cosa es que una vez salió y le dijo a mi esposa que compraría un pastel porque un chico muy joven acudiría a cenar. Esa noche se oyó un ruido nebuloso: la habían matado con un cable de teléfono. Me quedé con la idea de una muerte sin resolver. Al día siguiente, pusimos flores y al lugar llegó un personaje del que inmediatamente sospechamos De pronto, las flores se marchitaron. Fue una experiencia que viví, aunque muy lejana a lo que narro en la novela”.
Andrés de Lunar escribe desde la ficción para explorar dinámicas de la realidad. Así, las decisiones que toman los personajes en su búsqueda del placer resultan en experiencias que iluminan algunos matices de la sexualidad masculina.
“Al principio, hay una búsqueda del placer que poco a poco se va perdiendo ante las circunstancias que arropan a los personajes, que viven una aceleración que los lleva al vacío. Quien no tiene claridad es muy difícil que vea el erotismo con otros ojos que no sean los ojos de la confusión. Los personajes viven sumergidos en esta confusión. Por eso no pueden alcanzar la plenitud del placer. Se encuentran en una zona fronteriza de la realidad que no les permite llegar a ningún lado. Quieren salir de su confusión para vivir lo real, pero se topan con que no hay conexión. Es muy difícil vivir una sexualidad plena. Esto me llevó a reflexionar sobre la confusión”.
Fuera de la ficción, Andrés de Luna habla también de las dificultades para publicar en México. “No pude publicar El bibliotecario de la isla con las editoriales que me interesaban, las que me han publicado a lo largo del tiempo. Las editoriales mexicanas publican muy poco, o desaparecen, como ha ocurrido con Era. Por eso decidí lanzarla en una editorial independiente, Mastodonte”.
Además de la desconexión, los personajes experimentan una fractura con su memoria familiar. El vacío no ocurre solo en la sexualidad, sino en la incapacidad de reconstruir la figura paterna y la identidad individual. “Todos están obsesionados con la figura del padre que se borró. No saben dónde quedó, qué pasó. Están obsesionados y de alguna manera siguen viviendo una especie de melodrama que ignoran adónde los llevará. Eso ha pasado en todas las épocas: no sabemos de dónde venimos, quiénes son nuestros padres en realidad, qué hicieron o qué quieren. Sabemos cómo se comportan frente a nosotros, pero nunca llegamos a conocerlos del todo.
“El linaje de los Aldape de los Ríos está desconectado. Es una proyección de la confusión en la que los mexicanos estamos sumidos. No sabemos dónde está la izquierda, dónde está la derecha o el centro. No sabemos quién dice la verdad o quién miente. Estamos extraviados porque el país está dividido en dos terrenos que son imposibles de conciliar”.
Andrés de Luna no busca encasillar la sexualidad ni las decisiones que toman sus personajes. Explora el proceso de sumergirse en una isla llena de misterios y escenarios sobre los que no se ejerce control, con la única esperanza de sobrevivir al resultado.
AQ / MCB