Originario de Líbano, Amin Maalouf reside en Francia desde 1976. Su doble pertenencia, árabe y cristiana, marca su obra en la que defiende la comprensión mutua entre comunidades antagónicas, ya sean políticas o religiosas. Su entrada a la Academia francesa, en donde lucha por la diversidad lingüística, constituye un hito en la historia de la institución y una muestra más de su combate constante por la apertura.
¿La cuestión de la lengua propia es aún fundamental o cree que habría otros frentes que defender hoy?
La lengua es un elemento esencial de la identidad. No es el único, pero sí uno de los más importantes. Tiene la particularidad de coexistir, de hacer coexistir varias lenguas, a diferencia de la religión. Por regla general, hay que elegir una sola religión. En cambio, se puede tener una lengua identitaria y también otras.
La lengua es a la vez un elemento de identidad y un elemento de comunicación. Por lo tanto, sirve para definirnos y para establecer contactos con los demás. Por supuesto, es importante que todas las personas puedan sentirse cómodas en su lengua, acceder a todo lo que ofrece el mundo actual sin renunciar a ella. Vivimos en un mundo en el que la mayor parte de los intercambios científicos se realizan en inglés. Sin embargo, estoy convencido de que el desarrollo de la traducción mediante inteligencia artificial permitirá muy pronto que cualquier persona pueda comunicarse hablando su propio idioma y escuchando a los demás en el suyo. En cierto modo, se podría decir que cada uno conservará su lengua, lo que restablecerá un cierto equilibrio entre las lenguas.
Ha rechazado que se le denomine como escritor francófono. Se considera más bien un escritor en francés.
Existe un debate en torno al término francófono. En principio, decir que un escritor es francófono debería significar que es un escritor que escribe en francés. Pero nadie diría que Flaubert es un escritor francófono. En realidad, este término se ha desviado para significar escritor extranjero. Cuando se utiliza este término, se hace lo contrario de lo que se debería, se traiciona la intención que hay en su uso, pues se intenta reunir a todos los escritores que escriben en francés y, para ello, basta con decir escritor de lengua francesa, como se dice escritor de lengua española, escritor de lengua portuguesa o escritor de lengua inglesa. Es necesario que las personas que escriben en un mismo idioma se sientan cercanas entre sí, que no haya discriminación en su seno.
¿Sigue teniendo la sensación de ser un extranjero en todas partes?
Nací en un país con una lengua materna, pero las circunstancias, en particular una guerra, me obligaron a emigrar, me instalé en otro país y escribo en una lengua que no es mi lengua materna. No es una elección. Pero tampoco lo considero una maldición. Creo que son los avatares de la vida. No me considero una víctima. No, la vida ha trastocado lo que pensaba, pero quizá para bien. En mi juventud no imaginaba que pasaría mi vida en Francia, pensaba que estaría en mi país natal, que es el Líbano. La vida decidió lo contrario, cambié de ámbito, cambié de idioma, cambié de país y estoy abierto. En cierto sentido, soy extranjero en todas partes, pero es una forma de no ser extranjero en ninguna parte. Me siento profundamente ciudadano del mundo.
La apertura que lo caracteriza es hoy minoritaria. La tendencia actual es más bien negar cualquier identificación con el otro y permanecer confinado a la propia identidad.
No me molesta ser minoritario. Hay un viejo dicho que dice que no hay mayoría en la verdad. No porque la mayoría de la gente decrete que la Tierra es plana es que la Tierra será plana. La mayoría de la gente considera que debe afirmar su pertenencia a algo. Pero el futuro no será así. El futuro es para el universalismo, para una visión mucho más abierta de la humanidad, mucho más solidaria. La gente está más apegada a sus identidades, a su comunidad, pero yo no comparto esa actitud. Es una actitud que barrerá la evolución científica y tecnológica del mundo. Y si tenemos la oportunidad de afrontar los retos de nuestra época, solo será posible mediante la solidaridad, mediante una visión de la humanidad que nos permita afrontar todos los problemas, en particular los climáticos.
La ficción es ya un medio para ponerse en el lugar del otro. Pero algo que caracteriza su obra es precisamente la alianza entre la ficción y la historia.
Ha planteado dos cuestiones importantes. La primera: es cierto que hoy en día lo más importante es ser capaz de ponerse en el lugar del otro. Cada uno de nosotros tiene un punto de vista que está relacionado con el lugar donde se encuentra, con sus orígenes, con su trayectoria, pero hay que tener la flexibilidad mental necesaria para ponerse también en el lugar del otro. Si cada uno se encierra en su propia visión, nos encaminamos hacia conflictos infinitos. Pero si cada uno dice que debe comprender su visión y, al mismo tiempo, comprender la de los demás, habremos dado un paso importante. Es una actitud que mantengo desde mi primer libro, que narraba las cruzadas según los árabes.
Vivo constantemente entre dos mundos, por lo que tiendo a ver las cosas desde varios puntos de vista.
El otro aspecto es el vínculo entre la literatura y la historia, un vínculo que se remonta a muy atrás, a Homero o quizás antes. Soy un apasionado de la literatura y la historia. Necesito conocer la historia para comprender el mundo. Cada acontecimiento del mundo actual tiene su pasado. Si conocemos ese pasado, comprendemos la realidad porque entendemos cómo hemos llegado hasta aquí. Mi actitud es un poco cronológica. Y también es cierto que eso permite extrapolar un poco hacia el futuro. Eso no significa que el futuro vaya a reproducir lo que hay en el pasado. No creo en absoluto en quienes dicen que nos encontramos en la misma situación que en los años treinta. Pero si comprendemos un poco el funcionamiento de la historia de las sociedades humanas, podemos imaginar mejor cómo pueden evolucionar, cómo pueden afrontar o no tal o cual desafío. Por lo tanto, es un aprendizaje necesario, pero eso no significa que nos dé respuestas prefabricadas.
¿Cómo se convirtió el francés en su lengua de escritura? ¿Antes escribía en árabe?
Sí, era periodista en lengua árabe en el Líbano. Cuando me instalé en Francia, empecé a escribir en francés. Sin embargo, intento que el árabe resuene en mis escritos, a través de las palabras, pero sobre todo a través de mi acento. No hay que borrarlo, forma parte de lo que somos, es nuestra particularidad.
Esa particularidad de ser cristiano y árabe le ha colocado en una posición privilegiada y, al mismo tiempo, difícil de mantener. Usted dice cosas difíciles de escuchar en Europa, como hablar del legado de la cultura árabe en el continente, anterior a la inmigración. Y, por otro lado, habla de la profunda herida del mundo árabe, es decir, de esa impresión de fracaso, un sentimiento de humillación permanente que ha llevado a ese repliegue sobre sí mismo.
Las relaciones siempre han sido complicadas, probablemente lo seguirán siendo durante mucho tiempo y añadiría que son más complicadas hoy que cuando llegué a Francia hace cincuenta años. Ambos mundos, con los que me siento muy identificado, han evolucionado de manera muy diferente y algo problemática; es decir, Europa ha evolucionado hacia una especie de crisis de civilización. Durante mucho tiempo se ha tenido la sensación de que Europa había salido de todo conflicto, de toda guerra.
Por otro lado, el mundo árabe y el mundo musulmán en general atraviesan una crisis civilizatoria importante, mucho más grave que la de Europa. Una civilización que ha desempeñado un papel en la historia, que esperaba volver a desempeñar un papel, recuperar un poco de su prestigio de antaño, ha experimentado lo que hay que llamar un verdadero colapso, político, moral, desde todos los puntos de vista. Todo el mundo árabe-musulmán atraviesa un periodo muy oscuro de su historia. Y el hecho de que estas dos entidades, con las que me siento muy identificado, estén, cada una a su manera y con diferente gravedad, en crisis, hace que sus relaciones sean aún más complejas. Y, por supuesto, cada una tiene la sensación de que parte de su crisis se debe a la crisis de la otra. Lo cual no es falso. Es cierto que la crisis del mundo árabe-musulmán ha agravado la crisis en Europa. Ha creado tensiones políticas visibles que no hacen más que empeorar.
Para mí, Oriente Medio, al que me gusta llamar el Levante, es una región en la que se han perdido muchas oportunidades. Es una región del mundo con un enorme potencial humano y natural, y con un papel destacado en todo el mundo. Por desgracia, nada ha ido en esa dirección, ni para el Líbano ni para el conjunto de la región. Hay que esperar que las cosas funcionen, pero hasta que veamos los resultados sigo siendo muy escéptico. No tengo la sensación de que avancemos hacia una forma de paz. Esperemos que se produzca un milagro. Pero estas divisiones son hoy casi muros entre las comunidades.
Hace algunos años fue criticado en el Líbano por conceder una entrevista a un periódico israelí. ¿Cómo responde a este tipo de críticas?
Yo no practico el boicot. Hay gente que dice que no hay que hablar con tal o cual persona, que hay que boicotear. Yo hago lo que me parece normal y las críticas no me han hecho cambiar de actitud. Quienes se han mostrado escandalizados se equivocan al no hablarse. Pero es una característica del mundo actual. Si no estás de acuerdo con alguien, no le das la mano, no le hablas. Yo tengo mis ideas y estoy comprometido con mis valores, pero hablo con todo el mundo y le doy la mano a todo el mundo.
Los pueblos que hoy son enemigos, en el pasado estaban ciertamente en conflicto, pero tenían relaciones normales. Se hablaban, discutían, se recibían. Actualmente, hay dos poblaciones que no se hablan. Cada una considera que la otra es el demonio. Y es más o menos lo mismo en todas partes. Y se considera que es normal.
En cuanto a su relación con la lengua árabe y la francesa, ¿hay autores con los que se sienta más identificado?
Mi formación literaria e intelectual no estaba relacionada ni con autores de lengua árabe ni con autores de lengua francesa. Hay algunos autores de lengua francesa con los que me siento muy identificado, como Camus, con quien tengo una especie de afinidad espiritual por diversas razones. Los autores que he leído y admirado no pertenecen necesariamente a esas dos lenguas. Siento una gran admiración por autores de lengua alemana como Stefan Zweig, con quien me siento muy identificado, y Thomas Mann. Me gusta mucho la literatura rusa. Me fascinan Tólstoi y Dostoievski. Me gustan mucho Hemingway, Orwell y Emily Dickinson, que son muy diferentes, pero los he leído mucho. Por supuesto, también la literatura latinoamericana. Intento conocer la literatura de todo el mundo.
Lo que hace que la literatura sea tan hermosa es precisamente que tiene un papel muy importante que desempeñar hoy en día. Porque, para conocer al otro en profundidad, hay que conocer su literatura. Necesitamos conocer la literatura de todo el mundo.
La literatura debe ser un vínculo entre todas las culturas, entre todos los pueblos. Y esto es quizá más importante en nuestra época, debido a los prejuicios que predominan, las divisiones, los anatemas que se practican hoy en día. Necesitamos más que nunca una literatura con vocación universal.
AQ / MCB