Cultura

La penúltima aventura de Pepe Carvalho | Un cuento de Alejandro Toledo

Ficción

Con autorización de su autor, publicamos este cuento, incluido en su libro ‘Doble rostro’*, que rinde homenaje al creador de la serie de novela negra protagonizada por el detective Pepe Carvalho.

Era la madrugada del sábado 18 de octubre de 2003. Me apresuraba a tomar mi cena en un restaurante de Bangkok con un amigo al que ya casi no recordaba (desde nuestro último encuentro pasó rápidamente una década), cuando vi aparecer a Biscuter. Nos habíamos citado para la mañana siguiente en el centro de la ciudad, y por eso me sorprendió la llegada de mi colaborador. ¿Cómo es que sabía dónde estaba? Biscuter es un tío que sabe sorprender. “Pepe”, me dijo muy serio, “debo de informarte de algo.”

Como éramos observadores de la cumbre de jefes de Estado que se desarrollaría en los días siguientes, supuse que algo habría descubierto. Estábamos apenas en el aperitivo, y saboreaba en la mente lo que se preparaba en ese laboratorio de lo increíble que era la desordenada cocina del restaurante tailandés. Biscuter y yo lo conocimos años atrás; acaso recordó esa visita y, sabiendo de mis aficiones de salvaje gourmet, supuso que apenas pisara Bangkok no me perdería de un encore culinario.

—¿Tiene que ser ahora?

—Sí… Manolo está en el forense.

—¿Montalbán? ¿Aquí? ¿En Bangkok? ¡Hombre, qué ocurrencias! ¿Ahora qué anda buscando?

—Le dio un paro cardiaco en el aeropuerto. Murió instantáneamente.

Dejé la copa y miré atónito, como si caminara en cámara lenta, a la mujer que ajena a nuestro diálogo se acercó a la mesa y fue depositando los primeros platillos, llenos de raros vapores. “Lo siento”, dije a mi amigo, “surgió algo grave. Otro día, en otra parte del mundo, nos volveremos a encontrar.”

Biscuter y yo fuimos al Instituto Forense. Él me allanó el camino al expediente, que me fue traducido. Seguí así el itinerario inverosímil de Manolo, no es su viaje por Nueva Zelanda y Australia sino es su rápida muerte. En un cuadro de esa película trágica, un avión toma tierra a las 23:30 horas en el aeropuerto internacional Don Muang, procedente de Sidney. En otro Manolo, como pasajero en tránsito, mira el reloj, lo ajusta con el nuevo horario y calcula el tiempo que pasará en la terminal aérea. Suda, se marea; a señas pide ayuda, busca un asiento pero antes se desploma. Lo llevan a la enfermería, ya no reacciona. El expediente sugiere paro cardiaco.

A la medianoche Biscuter llegó al aeropuerto vía Madrid, y por casualidad se enteró de lo que le había pasado a un español. Pensando que era yo o algún conocido, fue a ver: y encontró a Manolo en la camilla. Se preparaban para llevarlo al forense. Tomó un taxi, me buscó primero en el hotel, en el restaurante después…

He visto tantos cadáveres que pensé que en mi vida ante uno más nada sentiría, pero Manolo era más que un buen amigo. Y al verlo surgir de la gaveta, tal pequeño y a la vez tan grande, lo primero que se me ocurrió fue que él soltaría la carcajada. “Soy archivo muerto”, imaginé que diría. Nos conocíamos desde chavalos, habíamos ido envejeciendo juntos… Morir no está en los planes de nadie. Era una broma, una de sus bromas; no lo era. Por oficio, le revisé las manos y los labios, hice unas preguntas técnicas (“¿será que lo envenenaron?”) y quise enterarme de cuándo le realizarían la autopsia. ¿Quería estar en ese momento con él?

Salimos apesadumbrados. Pensé en aquello que decía Manolo: “Lo peor que le puede ocurrir a un paranoico es que lo persigan de verdad”. Y: “Lo peor que le puede ocurrir a un novelista es morir en Bangkok y pasar la noche desnudo en el Instituto Forense”.

Los pájaros de Bangkok se llama una de esas novelas que escribió Manolo, versiones novelizadas de lo vivido por mí, Pepe Carvalho, y mi colaborador Biscuter. Al amanecer, los pájaros volaron sobre la ciudad y a Manolo le practicaron la autopsia. Lo metieron luego a una caja de madera para que continuara el viaje interrumpido hacia Barcelona. Adiós, compañero. Y a la mierda todo.

*‘Doble rostro. Dieciocho cuentos (o más) y una novela corta’ (Lapicero Rojo, 2025) reúne parte de la obra narrativa de Alejandro Toledo, autor de los cuentarios ‘Atardecer con lluvia’ (1996) y ‘Corpus: ficciones sobre ficciones’ (2007), así como de la novela ‘Mejor matar al caballo’ (2010), incluida en esta antología en cuya contraportada Daniel Salinas Basave escribe: “Este libro es una celebración del cuento como arte mayor, y de Alejandro Toledo como una narrador que sabe que lo real no agota lo posible, y que el lenguaje es un modo de respirar lo invisible”.
AQ / MCB
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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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Laberinto es una marca de Milenio. Todos los derechos reservados.  Más notas en: https://www.milenio.com/cultura/laberinto
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