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“México me dio una segunda vida”: refugiado guatemalteco pasó de vender en el Metro CdMx a liderar una firma legal nacional

Óscar Gramajo, abogado especialista en recuperación de inmuebles, llegó al país junto a su familia hace 26 años por violencia intrafamiliar.

Abandonar tu lugar de origen nunca es fácil”, recuerda Óscar Gramajo, un migrante guatemalteco que, junto a su familia, viajó a México para buscar una mejor vida en entrevista para MILENIO

El plan inicial no era establecerse en el país —nación con la que Guatemala comparte 959 kilómetros de frontera—, sino llegar a Canadá, pero el futuro tenía para él un plan distinto que lo llevaría a formar una de las empresas jurídicas de arrendamiento más exitosas del país.

Iniciaba el siglo y, con ello, nuevos comienzos. En el 2000, la familia de Oscar sufrió una reestructura tras la separación de sus padres. Su madre, hermana y él —que en ese momento tenía 18 años— comenzaron a buscar asilo debido a una situación de violencia intrafamiliar. Consideraron que su progenitor, miembro del Estado Mayor de la Defensa Nacional de Guatemala, podría representar un peligro si ellos permanecían en el país.

Para determinar un destino, solo fue necesario prender la televisión. “México tiene mucha influencia en la cultura, no solo para Guatemala, sino en muchos países latinoamericanos. Los programas que se transmiten usualmente son mexicanos. Desde El Chavo del Ocho hasta las telenovelas”.

Fue hasta el 2001 que la familia emigró a territorio mexicano; sin embargo, se enfrentaron con el primer inconveniente. El atentado del 11 de septiembre en Nueva York conmocionó al mundo y significó para diversos migrantes un suceso que dificultó su entrada a otros países.

El Ministerio Público de Guatemala gestionó el movimiento, debido a la situación de riesgo en la que se encontraban. Óscar, su mamá y hermana ingresaron a Chiapas, desde Comitán de Domínguez hacia Tapachula, donde se encuentra la oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). 

Oficina de la ACNUR en Tapachula, Chiapas
La oficina de ACNUR en Tapachula, Chiapas, cuenta con albergue para refugiados. | ACNUR

La solicitud era para pedir asilo en Ciudad de México —donde planeaban instalarse—; sin embargo, tras la caída de las Torres Gemelas estos trámites fueron suspendidos, por lo que tuvieron que quedarse en el estado durante dos meses.

A lo largo de ese tiempo, el plan de la familia sobre viajar a Canadá seguía en su mente. Pero, si México permitía la estancia en el país, ellos tendrían que quedarse ahí. Finalmente, la ACNUR otorgó la carta de transferencia que permitía su alojamiento en la capital mexicana, por lo que decidieron, al menos por un tiempo, vivir en el lugar.

“Dijimos: ‘Bueno, podemos juntar un poco de dinero y regresar a Guatemala cuando la situación esté más tranquila’. Pero uno empieza a hacer cosas en el país y todo cambia”, recuerda Óscar.

Instituciones mexicanas, fundamentales para refugiados

También en el 2001, la Secretaría de Trabajo y Previsión Social (STPS), junto al gobierno federal, creó un programa de vinculación laboral vía telefónica que ofrecía ofertas de trabajo llamado Chambatel. La dinámica era sencilla: bastaba con comunicarse al 01-800-111-6000 y tener pluma y papel para conocer los puestos disponibles, instrucciones que Óscar siguió al ver un cartel pegado en un vagón mientras viajaba por el Metro.

Así obtuvo su primer empleo, como mesero por las mañanas y guardia de seguridad de un club nocturno en las noches. Ambos lugares se encontraban en la Zona Rosa, el primer sitio que alojó al guatemalteco durante su incipiente paso por la Ciudad de México.

“Mi mamá empezó a trabajar haciendo limpieza en casas. No ganábamos mucho, pero era agarrar lo que se pudiera, lo que hubiera en el momento. Necesitábamos generar dinero para poder estar aquí”.

Además del apoyo de ACNUR, Gramajo se encontró con la organización Sin Fronteras, que tiene como objetivo “promover los derechos de las personas migrantes, refugiadas o solicitantes de asilo en México”. Mediante diversas acciones, la asociación busca integrar a las personas en situación de movilidad dentro del país.

A Óscar lo ayudaron a través de un programa de convenios con instituciones educativas que ofrecían becas para migrantes. Recuerda que el dueño de una de las universidades también había sido refugiado en México, por lo que quería retribuir el apoyo que había recibido años atrás.

“Íbamos a Sin Fronteras porque nos daban ciertas ayudas, sobre todo para informarnos sobre temas de trámites migratorios que desconocíamos”.

Las licenciaturas disponibles eran del área de Derecho —aunque él tenía interés la administración y contabilidad—, por lo que decidió destinar los fines de semana para continuar con sus estudios.

Uno va creando arraigo”, dice el entrevistado. Poco a poco fue adquiriendo pertenencias para hacer que el pequeño departamento donde vivía en Nezahualcóyotl se sintiera como un hogar: una cama cómoda y una televisión para seguir los capítulos de las novelas mexicanas que veía desde Guatemala.

Óscar Gramajo es un migrante guatemalteco que pidió refugio en México
Óscar Gramajo es un migrante guatemalteco que pidió refugio en México con su familia. | Especial

Generar "arraigo" en México

Durante el tiempo que laboró como guardia de seguridad en el club nocturno conoció a una persona que le ofreció trabajo del mismo puesto, pero ahora en la Torre Ejecutiva de Pemex, ubicada en Av. Marina Nacional 287 de la alcaldía Miguel Hidalgo. Óscar, ya con sus papeles migratorios en orden, decidió aceptar la propuesta.

Trabajó en la Torre Negra de Pemex durante medio año, pero durante el proceso otra persona se acercó a él para presentarle un nuevo trabajo:

“Oye, necesito una persona que me ayude con la mensajería de la oficina, ¿no te interesaría?”, le preguntaron.

Gramajo acudió a la entrevista y al revisar su nivel de habilidades, le comentaron que recientemente se habían quedado sin gerente general y que, por su experiencia, podía obtener ese puesto.

“Cuando uno llega, busca trabajar en lo que sea. Por ejemplo, conozco personas de Cuba, Venezuela o Haití que a pesar de que tienen cierto grado de estudios académicos, aceptan puestos de lo que sea”.

En Guatemala, al salir de la secundaria ingresó a la carrera técnica de perito en contabilidad. Mientras tanto, estuvo en algunas empresas como Procter & Gamble (P&G), también fue auxiliar contable en Kellogg’s y posteriormente, gerente regional.

“Era una oportunidad que no podía dejar ir. Se trataba de un puesto totalmente distinto al que tuve cuando llegué a México”.

Laboró como gerente por cuatro años, del 2004 hasta 2008. Renunció debido a la intensa carga laboral, pero aprendió sobre el tema corporativo y el manejo de personal desde una oficina en la colonia Roma.

Durante este proceso, el entrevistado conoció a la mujer con la que tendría un hijo en 2006. La familia de su pareja tenía una empresa distribuidora de objetos de papelería, por lo que él identificó una oportunidad de conjuntar aquellas habilidades y contactos que había adquirido durante años para crecer el negocio.

“Ya conocía proveedores, precios, todo lo que tenía que ver con la papelería. Entonces le propuse incrementar la producción y venderla en otros lugares, a mayor escala”.

Óscar decidió invertir dinero en la compañía y, aunque al principio funcionó y obtuvieron buenas ganancias, un contrato con los compradores incorrectos hizo que quebraran.

“Básicamente nos tronaron (sic). No salían los pagos. Tuvimos que vender coches, despedir secretarias; la renta también nos estaba comiendo (sic). Digamos que fue un fracaso. Y fue ahí que decido ingresar al comercio informal”.

Ahora tenía una familia a la cuál solventar, por lo que decidió continuar con el comercio de insumos de papelería, pero estableciendo los vagones del Metro como nuevo punto de venta. Vociferando junto a otras personas que también ofrecían sus productos, mientras se cuidaban de no ser vistos por algún elemento de seguridad.

Vendedores ambulantes realizan transacciones de forma clandestina para generar ingresos
Vendedores ambulantes realizan transacciones de forma clandestina para generar ingresos. | Cuartoscuro

Poco a poco, comenzó a hacer un guardadito que destinaría para comprar automóviles y revenderlos.

“Buscaba carros económicos para darles una chaineada, como dicen aquí en México, y eso nos dejaba otra pequeña utilidad”, explicó.

Una nueva etapa

Hay sucesos que marcan tu vida”, declaró para este medio; en este caso, el suyo ocurrió cuando un policía lo detuvo en el Metro mientras ofrecía libretas y plumas.

“Me llevaron a la delegación (ahora alcaldía) Benito Juárez. Conmigo iban otros vendedores, limpiaparabrisas, gente que estaba consumiendo alcohol en la vía pública”.

Nombre, motivo de la detención y grado de estudios” fueron las tres cosas que el juez cívico preguntó a cada uno de los presentes.

“Algunos decían ‘primaria’, ‘secundaria’; la mayoría también se dedicaba al comercio informal”.
“Cuando pasé yo, dije: ‘Óscar Gramajo. Noveno semestre de Derecho’. El juez se sorprendió por mi respuesta y me pidió que lo esperara”.

—¿Eres abogado? —le preguntó.

“Algo así. Más o menos. No tengo mi título”, respondió.

El juez le contó que vendió chicles cuando era joven y con ello pudo terminar la universidad. Ahora quería ayudarlo a él. Le dijo que podría conseguirle trabajo en el juzgado, con la condición de que le trajera su título.

“Todo la situación me hizo ruido en la cabeza. Ese día regresé a mi casa pensando: ‘bueno, tiene razón, terminé la carrera y solo no ejerzo porque no tengo el papel’”.

Los gastos de titulación sumaban una cantidad considerable de dinero. Entre el costo para tramitar el proceso, certificaciones y revalidaciones. Óscar tomó la decisión de vender su camioneta y empezó a ir a despachos y otras empresas para dejar su currículum.

Ver en una problemática un negocio

Días después, un despacho encargado de la recuperación de inmuebles lo contactó. Se incorporó a la empresa y pronto encontró una problemática latente: la mayoría de los inquilinos no tenían un buen contrato de arrendamiento

Algunos establecían el convenio de manera oral o bajaban algún esquema de internet, y otros tantos ni siquiera tenían contrato; por ello, cuando se presentaba una falta del pago o si los propietarios querían desalojar a las personas, la situación se complicaba.

“Ahí fue donde yo vi una oportunidad de negocio, porque me di cuenta que la mayoría de las personas que rentan en México lo hacen de una manera poco asesorada. Reciben una herencia y rentan la casa, sin seguir el procedimiento correcto, porque nadie te enseña a cómo arrendar”.

Esto lo llevó a asociarse con una amiga que también se encontraba en el mundo de la inmobiliaria, y juntos crearon una compañía especializada en recuperar casas o departamentos con esta problemática.

La oferta consistiría en crear un “traje hecho a la medida” para cada propietario, ya que el tipo de contrato que se da a un cliente depende de la clase de inmueble que poseyera.

“Si es habitacional, comercial, industrial o una bodega. Si pertenece a una persona física o moral, entre otras posibilidades”.
“Y así, si durante la renta había un problema, el dueño nos contactaba y nosotros nos haríamos cargo de toda la gestión para recuperar el inmueble”.

Fue así como tres años después de haber renunciado a su puesto como gerente general, abrió su primera oficina en Coyoacán para 2011. El crecimiento de la compañía, explica el abogado, se dio de manera orgánica.

Su socia tenía amigas administradoras de inmuebles y les preguntaba durante comidas: “Oye, ¿tú cómo le estás haciendo con las rentas?”, y siempre mencionaban alguna problemática referente a los inquilinos, por lo que ella respondía ofreciendo sus servicios.

Protección Jurídica Inmobiliaria (PJI) —como se llama la empresa— fue creciendo de boca en boca y tiempo después, tuvieron que contratar a otro abogado, a otra secretaria, a un mensajero, y hasta pensar en buscar una oficina más grande.

Gramajo comenzó a dar conferencias en congresos inmobiliarios
Gramajo comenzó a dar conferencias en congresos inmobiliarios. | Especial

Óscar fue invitado a la Asociación Mexicana de Profesionales Inmobiliarios (AMPI), el sitio que congrega a los asesores de bienes raíces del país, para dar una presentación. Y a partir de ello, PJI comenzó a crecer de manera exponencial.

Dos años más tarde, el abogado abrió una sede en Toluca tras asociarse con una constructora del estado.

“Cuando nos percatamos, ya teníamos contratos con todas las inmobiliarias del Valle de Toluca”, comentó.
“Seguimos creciendo y abrimos una oficina en el Monumento a la Revolución y otra en Plaza Satélite”.

No obstante, el inicio de la pandemia de covid-19 impactó la compañía de Gramajo. Las ventas cayeron al 50 por ciento, por lo que tuvieron que cerrar la sede de Toluca, mientras seguían trabajando desde casa y operando las demás.

“Sobre todo porque nosotros nos dedicábamos a recuperar inmuebles en renta y no podíamos darnos el lujo de ser un moroso más”, bromeó el entrevistado.

Cuando la situación se regularizó en el país, la empresa decidió cambiar su oficina matriz de Coyoacán a la actual locación, en la calle 7, colonia Reforma Social, Miguel Hidalgo. Una ubicación más céntrica y con un acceso mayor a cualquier punto de la ciudad.

Óscar comentó que tanto PJI como él empezaron a ganar reconocimiento dentro del gremio, por lo que el nuevo paso fue exponer ante la gente cuál había sido el camino para llegar a fundar su propia empresa.

“A lo largo de este proceso de especialización, me volví un poco como un referente respecto al tema. Comencé a dar pláticas en conferencias y congresos. Ya no iba solo con grupos en desayunos a hablar de mi proyecto; llegué a participar en un foro inmobiliario con 500 asesores en Toluca”.

Posterior a la pandemia, PJI inició con las labores de expansión y abrió una nueva oficina en Querétaro. Luego otra más en Veracruz, y para 2025, ya sumaban 18 sedes en toda la República Mexicana.

La importancia de volver a las raíces

A lo largo de este proceso, el abogado nunca dejó de pensar en Guatemala. Pero “nadie es profeta en su tierra”, dijo y reconoció la fortaleza de la economía mexicana, así como las diversas oportunidades que el país ofrece a los extranjeros.

“Yo hoy digo que soy mexicano de corazón y estoy en proceso de obtener mi naturalización, pero siempre queda esta parte de la nostalgia. De regresar al origen”.

Durante los años que pasó en México sintió que tenía una “cuenta pendiente”, que había que regresar de alguna forma. Tras establecer 18 oficinas en el país, decidió que el siguiente paso era llevar la empresa a Guatemala.

“Tenemos planes de crecer a nivel Latinoamérica, de entrada. Estamos pensando que la siguiente apertura sea en Colombia. El proceso jurídico en estas naciones es muy parecido y queremos internacionalizar la marca. Incluso, posteriormente, llevarla a España”, declaró.
El guatemalteco pudo llevar la empresa hasta su país
El guatemalteco pudo llevar la empresa hasta su país. | Especial

La empresa creció junto a Óscar, gracias a lo que pudo construir en México, se sinceró. Por ello, estableció una política personal en la que busca activamente contratar a otros migrantes alojados en el territorio.

“Actualmente hay dos venezolanos trabajando conmigo y siempre les digo: ‘Oye, sí se puede. Yo llegué aquí con una mano adelante y otra atrás (sic); sin ninguna palanca, ningún conocido. Apoyándome en las instituciones. Sí se puede’”.

El abogado expresa que México es una nación en la que “es posible salir adelante”, y remarca que en gran medida se debe al apoyo de la población hacia los demás.

“En la Ciudad de México nadie se muere de hambre. Porque si tú un día no tienes para comer, que me llegó a pasar, le dices a alguien: ‘Oye, jálame un peso (sic)’ y la gente tiene tan buen corazón que te lo da y tienes para comer”.

MD

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Mina Dander
  • Mina Dander
  • Egresada de Letras Hispánicas por la Universidad Nacional Autónoma de México. Periodista en la sección de Internacional. Me gustan las historias: verlas, leerlas, escribirlas y sobre todo, editarlas.
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