Los mexicanos radicados en Houston, Texas, y sus alrededores, no gritan frente a los agentes migratorios, aun cuando son la tercera mayor población en una ciudad estadunidense de esta nacionalidad, al contar dos millones de voces.
Algunos días, los más radicales —principalmente demócratas en este bastión republicano— salen a protestar por las más de nueve mil detenciones del ICE, contabilizadas por la prensa local desde que entró la nueva administración de Donald Trump, pero pocas veces suman más de 100 manifestantes.
Los migrantes, políticos, empresarios y otros grupos que no quieren mover el avispero, coinciden en el mismo argumento: no quieren confrontaciones o “shows” mediáticos al estilo de Los Ángeles, de Chicago y Minneapolis, con muertos, ataques y gases lacrimógenos.
Cada cual con su estrategia, dicen, pero en Texas optan por una actitud más simple: trabajar para sobrevivir sin exhibirse.
Diferentes historias que hacen frente al ICE
Albañiles que se apostan frente a las tiendas de Home Depot, donde hace poco se llevaron a sus compañeros; pero tienen hambre y aspiran a una buena racha de suerte, a sortear a los agentes de ICE y encontrar contratistas que los liberen de la necesidad.
Una familia de esposos y dos hijos, que perdió su estatus de refugiados por un decreto de Trump, y que ahora busca a un ex agente del ICE —sobre quien se habla en la comunidad— quien podría salvarlos de la expulsión, porque se convirtió en pro migrante y ahora usa los mismos trucos que antes usaba para echarlos.
Un reportero que creó su propio estudio de televisión, el cual sirve de base de operaciones para que se conozcan las historias de resiliencia, o como sitio de reuniones de la Cámara Oficial Mexicana Empresarial.
Un científico mexicano de altísimo nivel, quien, conocedor de su inteligencia, se mudó para volverse un importante proveedor de la NASA, consciente de que más vale estar cerca del poder y conocer las leyes para llevar agendas más grandes.
Una bailarina de Ciudad Juárez, quien encontró en la danza una herramienta para empoderar a los niños y niñas, arraigándolos a su cultura mexicana al fundar el Ballet Folclórico de Houston.
Como en todas partes del país, diariamente se escuchan alertas sobre persecuciones en casas, complejos de departamentos, detenciones en la calle, arrestos al salir de las cortes o en las paradas de tráfico que desciende del laberinto de autopistas diseñadas en círculos, ovalados y líneas rectas crecientes, una tras otra desde el centro hacia la periferia, hasta llegar al tramo de Katy Freeway, la reina de las carreteras, la más ancha del mundo con 26 carriles.

"Mejor no llamar la atención"
La mayoría de esos ataques del ICE son rumores alimentados por otros que sí ocurrieron en las regiones de East End, en Gulfton, en Alief, Pasadena, Pearland o justo en los bajos de Katy, popularmente conocido como “Katyzuela”, por la cantidad de migrantes venezolanos que se asentaron ahí siguiendo a otros éxodos.
No hace falta más para crispar los nervios en negocios, en oficinas, en las calles de Houston; pero tampoco para empujar la dignidad y las ganas de salir adelante con discreción al estilo del republicano John Whitmire, que no colabora en los operativos de ICE pero tampoco los condena.
“Mejor no llamar la atención y que nos dejen en paz”, dice Margarita, una migrante que vende chucherías chinas en las afueras de un restaurante mexicano.

Trabajo como estrategia
La apuesta es que el Estado americano valore a la comunidad más por sus quehaceres y así “cambiar la narrativa” de que los inmigrantes son indeseados, explica de manera más estratégica el empresario mexicano Rolando Durán, especializado en gas y petróleo.
Con la mirada en su computadora, dispara cifras en un restaurante en el que habla con MILENIO, tras descender de su Mercedes Benz: en Texas hay 32 millones de habitantes, 13 millones de latinos, 10 millones de mexicanos y el 33 por ciento de las nuevas empresas son de origen mexicano.

Texas comparte con México la mayor parte de su frontera: 2 mil 200 kilómetros con cuatro estados —Nuevo León, Tamaulipas, Chihuahua y Coahuila— por donde pasa el 65 por ciento de lo que se importa y se exporta en la Unión Americana y las reglas del comercio mundial van a depender de lo que suceda con la revisión del Tratado México Estados Unidos y Canadá (T-MEC).
La mexicanidad abarca mucho más de lo que se sabe, coinciden los asistentes a una reunión en Provicom TV. Juan José Pedrasca sostiene que los texanos no son racistas; les han cargado un sambenito y están pagando los platos rotos de la política estatal que quiere quedar bien con la federal.
"A cada rato hacen videos para las redes diciendo cosas como “mi fábrica estaba llena de mexicanos y ahora no tengo a nadie, ¿dónde están los americanos para venir a trabajar?"

Las reglas del juego en Texas
Adriana Potter recuerda que los texanos han abierto las puertas al científico mexicano Fernando de la Peña, un contratista de la NASA, de la agencia espacial de Estados Unidos, y también de Seguridad Nacional.
De la Peña es un grande, alto, robusto, de mirada dura; hombre pragmático, republicano y públicamente admirador de Trump, a quien considera más estratega que fáctico en el discurso anti inmigrante.
“Deportó más Barack Obama”, recuerda él mismo a esta reportera días después durante una entrevista en un hotel donde había una expo de bienes raíces.
Peña nació en Pachuca y estudió ingeniería cibernética en La Salle. Su tesis universitaria sobre un motor para nave espacial impulsado por la antimateria lo trajo flotando hasta acá, directo con su talento para fundar su propia compañía.
En años recientes creció mucho con tecnología en inteligencia artificial, hologramas y comunicaciones, en estaciones espaciales.
Enamorado de la ciudad y del ecosistema republicano en Texas para hacer negocios, se sabe al dedillo las ventajas de los corredores aeroespaciales, energético, del médico; del dinamismo de los aeropuertos, de Hobby, Bush y Ellington.
“Por eso hay tanta migración ya no solo para el campo y la construcción: 400 familias se mudan a diario”.
En la lista de bondades sigue recordando a los bajos impuestos y el costo de vida comparado con otros estados como California, “donde un departamentito que cuesta lo que aquí cuesta una casa enorme”.
Además, dice, te dan créditos o capacitación empresarial si eres de una minoría étnica. Él mismo ha aprovechado estas ventajas:
“A veces empresas enormes quedan como subcontratistas mías con contratos específicos para hispanos porque el gobierno federal te da contratos solo por ser minoría en desventaja.
“También hay zonas marginales donde si pones tu empresa y contratas gente de ahí, automáticamente accedes a contratos. Es una forma inteligente de balancear las zonas pobres”.
Por todo piensa seguir aquí y recomienda a otros ponerse a leer sobre las reglas del juego en Texas, en Estados Unidos.
“Es otra manera de ver el problema”.
—¿De resistir?
"De más que eso".
ksh
