Una prótesis que sale de fábrica con un valor de 100 pesos puede terminar costando 1 mil 400 pesos antes de llegar a un hospital privado mexicano. Un marcapasos, un stent para abrir una arteria o un implante ortopédico pueden atravesar hasta siete u ocho intermediarios antes de llegar al paciente, multiplicando su precio hasta 14 veces.
El sobrecosto no se queda en la cadena comercial. Se traslada a las cuentas hospitalarias, a las primas de los seguros médicos y al gasto de bolsillo de millones de familias. En un país donde la atención médica privada se ha encarecido cerca de 80 por ciento en los últimos cinco años, México ocupa hoy el primer lugar mundial en inflación médica.
“Si un dispositivo sale del fabricante con un precio de 100 pesos, después de atravesar una cadena de intermediación puede terminar costando alrededor de 1 mil 400 pesos, lo que representa un sobreprecio cercano a 1 mil 500 por ciento”.
Afirmó Horacio Garza Ghio, director general del sistema de salud Christus Muguerza.
“México tiene la inflación en salud más alta del mundo, 14.9 en el 2025, y se espera que en el 2026 sea la misma cifra o en el mejor de los casos una décima de punto porcentual por debajo”, agregó en entrevista con Milenio.
México, el país más caro para la atención médica
La diferencia no es menor. Mientras México registra una inflación médica de 14.9 por ciento, otros sistemas de salud avanzados enfrentan incrementos considerablemente menores.
“México tiene la inflación en salud más alta del mundo”, insistió Garza Ghio.
De acuerdo con los datos expuestos por el directivo, Europa Occidental registra las tasas más bajas, con incrementos de entre 8.3 y 8.4 por ciento anual.
“Aún los países de Europa Occidental tienen inflaciones en salud entre el 8 y el 9 por ciento, cuando su inflación general es del 2 cuando mucho”.
En Norteamérica, incluidos Estados Unidos y Canadá, la inflación médica oscila entre 9.2 y 9.4 por ciento. En América Latina se ubica entre 10.5 y 11.9 por ciento. Oriente Medio registra niveles de entre 10.3 y 11.3 por ciento.
“¿Quién tiene la inflación en salud más baja? Europa con 8.3 y nosotros, repito, tenemos la inflación en salud más alta”.
Para el directivo, la comparación internacional permite dimensionar la magnitud del problema mexicano. Si la innovación tecnológica y los nuevos tratamientos explican parte del aumento global de los costos, existe una diferencia que apunta a fallas estructurales.
“Quiere decir que de ahí, del 8.3 o 9.2 al 14.9, que pueden ser hasta cinco puntos porcentuales, es probable, altamente probable, que esos cinco puntos sean derivados de ineficiencias en el sistema de salud en México, por falta de supervisión y regulaciones en las cadenas proveedorías y suministros”.
Una cadena que nadie ve
Para Garza Ghio, la discusión pública suele concentrarse en las aseguradoras y los hospitales, pero ignora a quienes participan en la cadena de suministro.
“Lo que se ve es cuánto costó la póliza y cuánto está costando la atención, sin ponerle mucha atención a lo que está en medio”.
Y en medio, aseguró, existe una compleja estructura comercial que se ha convertido en uno de los principales motores del encarecimiento sanitario.
“En medio hay una red de proveedores, no nada más de productos, sino también de servicios a la salud que están haciendo que la atención a la salud se haya vuelto ya prácticamente insostenible”.
“Hay un intermediarismo, pero exagerado”.
Según el directivo, cada eslabón agrega márgenes de comercialización, costos financieros, administrativos y logísticos.
“Simplemente cada paso le agrega un factor de comercialización, otro IVA, etcétera, y ahí van las cosas”.
El resultado es una cadena donde fabricantes, distribuidores nacionales, subdistribuidores regionales y comercializadores especializados participan en la venta de insumos médicos.
“Puede llegar a siete u ocho eslabones en la cadena y originar estos sobreprecios”.
De una prótesis de cadera a un infarto
Los mayores incrementos se observan en productos de alta especialidad.
“Son todos los materiales que nosotros llamamos de osteosíntesis, es decir, todo lo que es implantes para ortopedia y traumatología. En eso hay un grado de intermediarismo verdaderamente exagerado”.
Una prótesis de cadera, una rodilla artificial o los dispositivos utilizados para reparar fracturas complejas pueden recorrer múltiples intermediarios antes de llegar a un quirófano.
La situación también alcanza a los procedimientos cardiovasculares.
“A través de cateterismo cardíaco se resuelven muchos problemas sin abrirle el pecho al paciente. Pero los artículos que se utilizan para ese tipo de procedimientos también están sufriendo de una red extensa de intermediarismo”.
Los stents, catéteres, válvulas cardíacas y marcapasos utilizados para atender infartos o enfermedades coronarias figuran entre los insumos más afectados.
“Los procedimientos de cardiología también están muy por encima y creciendo a una velocidad impresionante en el costo de esa atención”.
Tecnología que salva vidas, pero encarece la atención
Garza Ghio reconoció que una parte del incremento responde a los avances médicos.
Los nuevos tratamientos contra el cáncer, enfermedades inmunológicas y padecimientos cardiovasculares han ampliado las posibilidades de supervivencia y control de enfermedades complejas.
“Con la medicina actual se ha aprendido a prolongar la vida, no la salud. Es decir, somos cada vez más longevos, pero no más sanos”.
Sin embargo, esa innovación también tiene costos crecientes.
“Ahora tenemos más recursos, ahora curamos más enfermedades, pero a costa de un mucho mayor costo”.
Como ejemplo citó los procedimientos para corregir arritmias cardíacas mediante mapeo eléctrico del corazón.
“Lo que antes se trataba con medicamentos, hoy el evento para atender una arritmia puede llegar a costar 5 o 6 millones de pesos”.
Para realizar algunos de esos procedimientos es necesario utilizar equipos cuyo costo oscila entre 1.1 y 2.8 millones de pesos por intervención.
Enfermarse cuesta 80 por ciento más
La consecuencia ya es visible para las familias mexicanas.
“Lo que le costaba 100 pesos hoy le cuesta 180”.
Según el directivo, la inflación médica acumulada desde 2020 ronda 80 por ciento, mientras que los salarios han crecido apenas cerca de 20 por ciento.
“Hay un desfase marcado entre los incrementos en las compensaciones salariales y el costo de la atención en salud”.
La diferencia obliga a modificar las pólizas de gastos médicos mayores.
“El deducible en lugar de que sea de 25 mil pesos, ahora es de 100 mil”.
Los coaseguros aumentan, las coberturas disminuyen y el gasto de bolsillo crece.
“Los beneficios se van perdiendo, las coberturas se van siendo menos absorbentes y entonces el gasto de bolsillo se va para arriba”.
Cuando el seguro ya no alcanza
El fenómeno comienza a reflejarse en el mercado asegurador.
“Se habla inclusive de que el aseguramiento privado no ha mostrado crecimiento en los últimos dos años al menos, y en algunos casos para algunas aseguradoras ha decrecido”.
Garza Ghio describió el dilema que enfrentan miles de familias.
“No hay manera de que yo compre el mismo nivel de cobertura médica. Simplemente dejo de pagarla y a ver cómo nos va a la buena de Dios”.
A su juicio, el riesgo es que cada vez menos personas puedan acceder a la medicina privada.
“Se ha perdido la posibilidad de que tengan cobertura de salud privada a través de estos modelos de aseguramiento”.
Una presión "impresionante"
El directivo aseguró que la situación ha llegado a un punto crítico.
“El sistema de salud privada en el país está bajo una presión impresionante, mayúscula”.
“Estamos verdaderamente preocupados porque la población que pueda tener acceso a la medicina privada en el país crezca, no decrezca”.
Consideró que una parte importante de la solución pasa por fortalecer la regulación de la cadena de suministro.
“Los espacios que deben ser ocupados por la regulación, por las empresas de supervisión y regulación, los espacios que no son tomados por ellos, alguien más los va a tomar”.
“Habitualmente los toman gente que su interés es su beneficio propio”.
Por ahora, las perspectivas son poco alentadoras.
“El análisis que se ha publicado por diferentes medios es que en el mejor de los casos vamos a bajar de 14.9 a 14.7”.
“El pronóstico no es bueno. Si no hay intervenciones sólidas, pues cómo van a cambiar las cosas”.
Mientras eso ocurre, una prótesis de cadera, un marcapasos o un dispositivo para salvar la vida de un paciente con infarto continúan recorriendo una cadena de intermediarios que, según los hospitales privados, está influyendo decisivamente en que México tenga la inflación médica más alta del mundo y en que enfermarse resulte cada vez más caro para millones de familias.
ABF