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  • La infancia cobra revancha: adultos compran hoy los juguetes que de niños sólo pudieron mirar

  • En los mercados rodantes de Tampico, los coleccionistas adultos buscan figuras, carritos y personajes de los años 80, 90 y 2000 que alguna vez quedaron fuera de su alcance.
La nostalgia tiene precio; adultos buscan los juguetes que alguna vez les negaron. | Foto: Yazmín Sánchez
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M+.- De niños los miraban y preguntaban cuánto costaban. A veces la respuesta de sus padres era simplemente: “No”. No alcanzaba.

Treinta años después, aquellos niños tienen sueldo, tarjeta, dinero propio y la posibilidad de volver por el juguete que alguna vez se quedó en el aparador.

En los mercados rodantes de Tampico, Tamaulipas, ocurre algo curioso: familias enteras caminan entre los puestos, pero cuando llegan a las mesas llenas de figuras de acción, carritos y personajes de los años ochenta, noventa y principios de los 2000, muchas veces no son los niños quienes se detienen.

Son sus padres.

“¿Cuánto por esta figura?”, preguntan. La nostalgia también compra juguetes.

José Guillermo lo observa cada semana desde su puesto en el mercado rodante de Germinal, uno de los más grandes de Tampico. Tiene 30 años, vende figuras de colección y él mismo es coleccionista.

Su cálculo es contundente: “Niños son como dos; los adultos son los ocho restantes”.

Es decir, según su experiencia, ocho de cada diez compradores son adultos. Y cree saber por qué.

“Creo que es por nostalgia que los adultos compran más juguetes, porque cuando nosotros éramos niños no nos alcanzaba para piezas así o a veces nuestros padres, pues, nos decían: ‘¡No!’. A lo mejor uno veía un juguete de 300 pesos y nos decían: ‘Pues hasta la otra, ahora no te lo puedo comprar’. Entonces, pues, uno se queda con el deseo de tener eso”.

Ahora regresan por él.

Treinta años después, vuelven por el juguete que se quedó en el aparador. | Foto: Yazmín Sánchez
Treinta años después, vuelven por el juguete que se quedó en el aparador. | Foto: Yazmín Sánchez

Los niños crecieron y volvieron por sus juguetes

El calor aprieta en Tampico. Aunque septiembre debería comenzar a ofrecer temperaturas menos intensas, el termómetro supera los 30 grados. Las carpas de colores apenas protegen a los vendedores mientras las familias recorren el mercado buscando ofertas.

En uno de los puestos aparece un Grey Hulk de Marvel Legends. A su lado está Colossus, de X-Men. Más allá, Doctor Strange y Mysterio.

Las figuras están colocadas sobre pequeñas escenografías elaboradas a mano. Ya no son necesariamente juguetes para aventarlos dentro de una caja después de jugar. Ahora se exhiben.

José Guillermo permanece sentado, se hidrata y escucha las preguntas de quienes pasan frente al puesto.

“¿Cuánto cuesta la máscara?”, pregunta un joven.
“Trescientos pesos”, responde.

El posible comprador la observa unos segundos y sigue caminando.

Así transcurre buena parte del día.

Los vendedores saben que el coleccionista puede marcharse hoy, pero también puede regresar la próxima semana buscando exactamente esa pieza.

José Guillermo conoce bien ese impulso porque también lo vive.

En su casa tiene un espacio reservado para sus propios tesoros: automóviles a escala, figuras de acción, historietas y otras piezas que ha acumulado con los años.

Para él, vender y coleccionar son actividades que prácticamente se mezclan.

Treinta años después, vuelven por el juguete que se quedó en el aparador. | Foto: Yazmín Sánchez
Doctor Strange y Mysterio, entre los juguetes que adultos buscan para saldar una deuda de infancia. | Foto: Yazmín Sánchez

El Spider-Man que ahora sí puede moverse

No sólo cambió el poder adquisitivo de aquellos niños. También cambiaron los juguetes.

Quienes crecieron en los años ochenta y noventa recuerdan figuras rígidas, con pocos puntos de articulación y movimientos limitados.

Hoy algunas líneas de colección reproducen con mucho mayor detalle los personajes de películas, series y cómics.

“Uno muchas veces quería un Power Ranger que se pudiera mover bien, un Spider-Man que se pudiera posar y en ese tiempo estaban muy limitados, la verdad. Entonces las van haciendo mejor, de mejor calidad; llegas, los ves y dices: ‘¡Wow!, como los de la infancia, como los de la televisión’. Es el momento en el cual llegan y los compran”, explicó.

El catálogo de nostalgia es enorme. Están las figuras de Star Wars, los GI Joe, las Tortugas Ninja, Barbie, Power Rangers, personajes de Marvel y decenas de franquicias que acompañaron la infancia de distintas generaciones.

Algunas son piezas originales de aquellas décadas. Otras son versiones modernas de los personajes que esos adultos conocieron cuando eran niños.

El resultado es el mismo: el recuerdo convertido en objeto.

De cinco pesos a decenas de miles

En los mercados rodantes ocurre además una especie de reciclaje generacional. Familias llevan juguetes que ya no utilizan sus hijos y los colocan sobre mesas o mantas para venderlos.

Algunas piezas cuestan cinco, 10, 15 o 20 pesos. Otras alcanzan cientos.

Pero entre cajas de juguetes usados puede esconderse algo completamente distinto: una pieza que para la mayoría parece un muñeco viejo y para un coleccionista puede valer miles de pesos.

José Guillermo asegura que eso le ocurrió hace aproximadamente una década.

Entre mercancía común encontró una figura del Kraken vinculada a una película de Perseo estrenada en 1981.

El vendedor, asegura, no parecía conocer su valor entre coleccionistas.

“Tuve alguna vez una pieza que era muy rara. Esta era de una película que se llamaba Perseo, me parece de Universal, pero hace mucho. Era un Kraken, el cual andaba arriba de los 30 mil pesos. Lo llegué a conseguir aquí y te hablo de hace, ¿qué te gustan?, unos 10 años. Ya lo conseguí a un precio que ni te imaginas, en 250 o 350 pesos, algo así”, recordó.

Ese descubrimiento resume otra parte del atractivo. Buscar. Revisar cajas. Preguntar precios. Y encontrar, entre decenas de objetos que para alguien ya no significan nada, la pieza que otro coleccionista lleva años buscando.

Facebook convirtió el tianguis en nacional

Ese mercado dejó de existir únicamente en las calles. Las redes sociales, particularmente Facebook, ampliaron las posibilidades de compra, venta e intercambio.

Coleccionistas realizan transmisiones en vivo, muestran las piezas disponibles y organizan subastas en tiempo real.

Así, una figura encontrada en un mercado de Tampico puede terminar en manos de un comprador ubicado en cualquier otra parte del país.

El coleccionismo, que antes dependía de recorrer mercados, bazares y tiendas especializadas, tiene ahora escaparates digitales abiertos permanentemente.

Pero la búsqueda física conserva parte de su encanto. Porque nunca se sabe qué puede aparecer debajo de una montaña de juguetes.

La pelea por los Hot Wheels

Hay un terreno donde la competencia entre coleccionistas puede ser especialmente intensa: los pequeños automóviles.

Hot Wheels y Matchbox, ambas marcas de Mattel, tienen piezas particularmente buscadas por aficionados.

Los modelos básicos pueden encontrarse en supermercados por alrededor de 40 pesos, pero determinadas variantes o ediciones alcanzan precios mucho mayores en el mercado de reventa.

Coleccionistas consultados aseguran que existe incluso una práctica que provoca constantes molestias: empleados de algunas tiendas tendrían acceso a las cajas antes de que la mercancía llegue a los anaqueles y separarían los modelos más buscados para después revenderlos.

Una pieza adquirida por unas decenas de pesos puede terminar ofrecida en 300 o 500. Para quien observa desde fuera, puede parecer excesivo.

Para el coleccionista que lleva meses buscando exactamente ese automóvil, la lógica es distinta. A veces el precio de un juguete tiene poco que ver con el plástico del que está hecho.

Vale lo que alguien está dispuesto a pagar por encontrarlo.

Los juguetes que sobrevivieron al tiempo y hoy buscan los coleccionistas. | Foto: Yazmín Sánchez
Los juguetes que sobrevivieron al tiempo y hoy buscan los coleccionistas. | Foto: Yazmín Sánchez

Una plaza para intercambiar recuerdos

En Tampico, Ciudad Madero y Altamira, los mercados rodantes se han convertido en puntos habituales para buscar piezas.

Pero también existen espacios dedicados a la convivencia entre aficionados.

Uno de ellos es la plaza Jalisco, en Ciudad Madero, donde coleccionistas se reúnen algunos sábados por la tarde para vender, exhibir e intercambiar figuras.

“Es una reunión más que nada que hacemos, por lo general, cada 15 días en la plaza Jalisco de aquí, en Ciudad Madero. Realmente, ahora sí que nosotros lo hacemos como hobby porque vamos intercambiando nuestras piezas, exhibimos”, explicaron.

Las reuniones suelen extenderse aproximadamente de las 14:00 a las 19:00 o 20:00 horas.

“Ponemos nuestras piezas, esperamos que la gente llegue; si le gusta, intercambiamos”.

Pero quienes participan aseguran que la compraventa es sólo una parte.

“Es un lugar de convivencia muy sano donde puedes encontrar cosas que ni te imaginas, para nutrir tu colección y también te sirven para poder cambiar, intercambiar con nosotros los coleccionistas. Es un lugar muy abierto, muy sano y libre para todos”.

Padres llegan con sus hijos. Coleccionistas revisan las mesas. Un juguete cambia de dueño por otro. Y cada pieza puede cargar una historia diferente.

Comprar lo que alguna vez les dijeron que no

José Guillermo percibe una distancia generacional.

Mientras muchos niños y adolescentes dedican hoy buena parte de su entretenimiento a videojuegos, teléfonos y plataformas digitales, son los adultos quienes llegan preguntando por figuras físicas de personajes que conocieron hace décadas.

Para ellos no siempre se trata simplemente de acumular objetos. A veces compran el Power Ranger que nunca tuvieron. El Spider-Man que apenas podía mover los brazos.

Lo que para unos es un juguete viejo, para otros puede valer miles de pesos. | Foto: Yazmín Sánchez
Lo que para unos es un juguete viejo, para otros puede valer miles de pesos. | Foto: Yazmín Sánchez

El carrito que miraron detrás de un aparador. La figura que alguna vez pidieron y que sus padres, por falta de dinero, tuvieron que negarles.

Ahora pueden pagarla.

Por eso, entre los puestos del mercado de Germinal, ocurre una pequeña revancha contra el tiempo: los niños que alguna vez salieron de una tienda sin su juguete regresaron convertidos en adultos para comprarlo.

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Jesús Alberto García
  • Jesús Alberto García
  • Periodista con experiencia en cobertura política, social y nota roja. Colabora en secciones de local, regional, estatal y nacional en televisión, radio, impreso y web.
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