M+.- En el mercado ilegal que opera en el sur de Tamaulipas, un kilogramo de carne de cocodrilo de pantano puede comprarse para consumo humano por apenas 50 pesos, pese a que cazar, matar y comercializar sin autorización a esta especie protegida constituye un delito federal castigado hasta con nueve años de prisión.
La práctica, que durante años se ha mantenido como un secreto a voces entre pescadores y habitantes de zonas ribereñas, volvió a quedar al descubierto tras la clausura de un establecimiento en el varadero de Tancol, una comunidad pesquera ubicada al norte de Tampico.
De acuerdo con pescadores de la zona, el negocio asegurado por la Procuraduría Federal de Protección al Ambiente (Profepa) mantenía carne de cocodrilo almacenada por solicitud expresa de un cliente. Es decir, el producto no se exhibía abiertamente en mostradores o congeladores: se conseguía por encargo.
Comerciantes de mariscos del sector entrevistados por MILENIO señalaron que la intervención ocurrió durante una inspección encubierta de autoridades federales.
Cuando se pretendía concretar la entrega de 4.5 kilogramos de carne, los inspectores procedieron al aseguramiento del establecimiento.
No hubo personas detenidas, aunque se notificó que la Profepa promovería la denuncia correspondiente ante la Fiscalía General de la República (FGR).
Bajo condición de anonimato, un habitante de la zona aseguró que el cocodrilo cuya carne terminó en el establecimiento había sido sacrificado por un residente como represalia, después de que el animal ingresara repetidamente a su propiedad y atacara animales de corral.
Comerciantes de mariscos explicaron que los ejemplares destinados clandestinamente al consumo de carne y aprovechamiento de piel suelen ser cocodrilos jóvenes, de entre uno y tres años, con aproximadamente metro y medio de longitud.
El precio muestra, además, el escaso valor que alcanza la carne dentro de este mercado clandestino: mientras un kilogramo de cocodrilo se vende en alrededor de 50 pesos, el camarón puede alcanzar hasta 200 pesos por kilo en esa misma zona.
Un mercado ilegal entre lagunas y colonias
La zona conurbada integrada por Tampico, Ciudad Madero y Altamira tiene al menos 10 cuerpos de agua con presencia considerable de cocodrilos. Esa cercanía entre lagunas y viviendas mantiene a más de 30 colonias bajo riesgo permanente de encuentros con los reptiles, de acuerdo con registros de las direcciones municipales de Protección Civil.
Las alertas por la captura y comercialización ilegal de esta especie tampoco son nuevas.
En 2017 se documentó que en el mercado de mariscos La Puntillita, en Altamira, eran ofrecidas crías de cocodrilo ocultas en recipientes de plástico y colocadas a la vista de potenciales compradores.
Ese mismo año, la Comisión de Ecología del Cabildo de Altamira presentó tres denuncias ante autoridades federales por la venta de crías y carne de cocodrilo. Sin embargo, las inspecciones realizadas entonces no derivaron en aseguramientos.
Para 2019, autoridades de la zona sur de Altamira reconocieron que tan sólo en el sector de la colonia Nuevo Madero, delimitado por dos cuerpos de agua, podían capturarse hasta tres cocodrilos al mes.
También se advirtió entonces que había familias de sectores como Santa Elena, Nuevo Madero y Contadero que obtenían ingresos mediante la captura y aprovechamiento ilegal de estos animales.
“Sacan piel, carne, grasa y piensan que son medicinales, y es una población que necesita constantemente recursos. Es gente que por necesidad se dedica a eso”, declaró entonces un funcionario.
Pese al señalamiento, no se informó sobre alguna investigación derivada de esas declaraciones.
“Todos sabemos, pero no hablamos”
En el mercado La Puntillita, locatarios aseguran que la demanda de carne de cocodrilo ha disminuido.
Elizabeth Escobar, comerciante del lugar, recordó que hace poco más de un año se registró un incremento inusual en el número de personas que acudían a preguntar si tenían disponible este producto.
Sin embargo, explicó que el aumento de los operativos de vigilancia de autoridades municipales y federales llevó a los comerciantes a advertir a los clientes que su venta está prohibida. Con el tiempo, aseguró, las solicitudes comenzaron a disminuir.
Eso no significa que la práctica haya desaparecido.
Habitantes de comunidades ribereñas sostienen que la captura y consumo continúan, sólo que ahora de manera mucho más discreta.
Don Rigo, pescador originario de las márgenes del río Tamesí, resumió así lo que ocurre: “Pues es algo que todos sabemos, pero no hablamos. Ahora sí que nadie se quiere meter en problemas, pero aquí en Altamira hay un rumor: que donde me venden catán (un pez de la familia de los pejelagartos) en realidad es cocodrilo, porque dicen que saben muy parecido. Y hay más cocodrilos que catanes, esa sí es una realidad”.
De Tamaulipas a la industria de las pieles
El aprovechamiento ilegal de los reptiles no se limita al consumo de carne.
La problemática también alcanza el comercio de pieles exóticas que llegan a otras entidades del país.
El pasado 19 de agosto, Armando Guevara Rubalcava, presidente ejecutivo de la Cámara Nacional de la Industria de la Curtiduría, dijo a MILENIO que Tabasco, Yucatán, Nayarit, Campeche, Quintana Roo y Tamaulipas se encuentran entre las principales entidades proveedoras de piel exótica utilizada legalmente en la fabricación de cuero y calzado en Guanajuato.
Sin embargo, dirigentes de la industria advirtieron que son también entidades donde se ha detectado la operación de criaderos clandestinos, por lo que demandaron mayores inspecciones federales.
“¿Qué están haciendo las autoridades para controlar todo el comercio que hay de animales exóticos y de pieles exóticas que están prohibidas y que lo hacen empresas que son ilegales? Hay criaderos clandestinos en el país donde hay vegetación y luego vienen aquí”, cuestionó Guevara Rubalcava.
MILENIO solicitó una entrevista con la representación de la Profepa en Tamaulipas para conocer su postura sobre esta problemática; sin embargo, un mes después de la petición no se había obtenido respuesta.
Los tenían encadenados como mascotas
El tráfico de cocodrilos tiene otra vertiente en el sur de Tamaulipas: personas que capturan ejemplares para mantenerlos como mascotas dentro de sus viviendas.
En 2017, Protección Civil intervino en una casa de Altamira después de que vecinos denunciaran que en el patio trasero permanecían tres cocodrilos encadenados como si fueran animales domésticos.
Ese mismo año se atendió un reporte similar en el fraccionamiento Paseo Real.
Cinco años después, en 2022, Bomberos de Altamira rescató a un cocodrilo que caminaba por las calles del fraccionamiento San Jacinto con una cuerda amarrada al cuello. El animal había escapado del sitio donde lo mantenían cautivo.
En 2023 ocurrió otro caso: Protección Civil de Altamira retiró tres crías de cocodrilo a familias cuyos hijos las habían recibido como regalo después de ser capturadas en zonas cercanas a las lagunas.
Diez cocodrilos han aparecido muertos
A la captura, tráfico y posesión ilegal se suma la muerte de cocodrilos por agresiones humanas, atropellamientos, negligencia y enfrentamientos entre los propios animales.
Entre 2023 y lo que va de 2026 han muerto al menos 10 ejemplares en el sur de Tamaulipas.
Cinco casos ocurrieron tan sólo durante 2023.
En el Corredor Urbano, dos cocodrilos murieron atropellados por vehículos pesados cuyos conductores siguieron su camino.
En Ciudad Madero, otro ejemplar capturado en la colonia Las Flores murió presuntamente por un golpe de calor después de permanecer durante la noche en el Cuartel de Bomberos.
En Monte Alto, Altamira, un cocodrilo fue arrojado desde una camioneta con la cola cercenada. Autoridades locales relacionaron entonces el caso con el aprovechamiento de su carne.
Un quinto ejemplar fue recuperado en avanzado estado de descomposición en la laguna La Ilusión, por lo que no fue posible determinar si había sido víctima de alguna agresión.
Las muertes continuaron.
En 2024, un cocodrilo que previamente había sido reportado por vecinos de la colonia Candelario Garza apareció muerto dentro de un canal. Presentaba heridas que fueron atribuidas a peleas territoriales.
Entre 2025 y 2026 se registraron otras cuatro muertes en puntos como la laguna del Carpintero, en Tampico. Autoridades de Ecología atribuyeron esos casos a enfrentamientos entre machos durante la temporada de apareamiento.
El cocodrilo de pantano (Crocodylus moreletii) se encuentra sujeto a protección especial conforme a la NOM-059-SEMARNAT-2010.
El artículo 420 del Código Penal Federal establece penas de uno a nueve años de prisión y multas de 300 a 3 mil días para quienes, sin autorización, capturen, dañen, priven de la vida, transporten, comercien o realicen otras actividades ilícitas con especies de fauna silvestre protegidas.
Sin embargo, en el sur de Tamaulipas, donde los cocodrilos forman parte del paisaje cotidiano de lagunas, canales y ríos, la convivencia con la especie también ha abierto una puerta al aprovechamiento ilegal.
Por 50 pesos el kilo, un animal protegido puede terminar convertido en carne, piel o grasa dentro de un mercado clandestino que, lejos de desaparecer, aprendió a operar sin mostradores, sin anuncios y casi siempre bajo pedido.
JETL
