M+.- “Dinos o te cortamos la cabeza”. Esa frase todavía acompaña a Ismael Hernández Rivera. Aquella amenaza, lanzada por hombres armados que lo habían detenido y golpeado, pudo haber terminado con su vida. Pero, mientras pensaba que lo iban a matar, Ismael comenzó a rezarle a la Santa Muerte.
Dice que sus oraciones fueron escuchadas. Ella le salvó la vida. Desde entonces, su devoción por la llamada “flaquita” se hizo más fuerte.
Años después, esa fe lo llevó a crear un santuario en Altamira y a organizar una caminata en su honor. La primera que realizaba en la ciudad generaba dudas sobre cuánta gente respondería a la convocatoria. La respuesta terminó por superar sus expectativas.
Pasadas las 19:00 horas, más de 500 personas comenzaron a reunirse en el bulevar Allende, en el centro de Altamira, para participar en la celebración.
Todo empezó con un rezo. Después vino la bendición del agua.
Tomás García, de 65 años, no lo dudó. Se acercó al círculo y se quitó la cadena que llevaba en el cuello para que fuera rociada con el agua que, según los creyentes, había sido bendecida por la Santa Muerte.
“Me ha ayudado siempre, últimamente me ha dado trabajo. Esta imagen la traje para que me la curen. Ya tengo más de 30 años con ella”.
Claudia Espinosa también estuvo presente en la llamada fiesta. Abraza la imagen de la Muerte y cuenta que trabaja con ella.
“Son muchas bendiciones de ella para nosotros y creo que este culto es muy merecido para ella, claro, respetando las creencias de toda la gente que nos acompaña y la de alrededor”.
Dice que lo que más le pide la gente es ayuda para la salud.
“Muchas veces por cuestión de salud, de amor, cosas que traen en casos legales, en oración y petición. A mí me ha ayudado en mi enfermedad, tengo diabetes y ya está controlada. Todo es cuestión de fe, es la que nos mueve y por eso estamos aquí agradeciendo los favores”.
La fe que nació en la infancia
La primera vez que Ismael Hernández Rivera vio a la Santa Muerte tenía tres años. Estaba en su casa y su hermano la veneraba. Desde entonces, su vida quedó ligada a la imagen.
Hoy, Ismael ha creado un santuario para ella en Altamira, donde asegura que el número de personas que creen en la Santa Muerte ha aumentado durante los últimos 10 años.
Su propia fe se hizo más fuerte después de aquella ocasión en que su vida estuvo en peligro en manos de la delincuencia organizada.
Ismael recuerda que atravesaba una mala situación económica. Había salido a vender unos celulares y llevaba un machete porque, además, ofrecía limpiar terrenos para obtener algunos pesos.
“Yo andaba mal económicamente, entonces salí a vender unos celulares, pero cargué un machete y siempre pregunto en las casas si quieren que les limpie el terreno para ganarme unos pesos”.
Un día pasó por un solar baldío. Cerca de ahí había una persona lavando una camioneta. Ismael entró al terreno y después salió, pero su movimiento llamó la atención de aquella persona.
“Como entré al solar, igual me salí, pero mi movimiento se le hizo extraño, así que empezó a seguirme; pensé que ya lo había perdido, pero de repente me salió calles más adelante y les dijo a unos chavos de unos 20 años que me agarraran y lo hicieron. Me revisaron y, como los celulares no traían pila, pensaron que los había tirado para que no vieran la información”.
Lo golpearon varias veces y lo amenazaron. Querían que les diera información.
“Uno de ellos me dijo: ‘Dinos o te cortamos la cabeza’. Traían armas y pensé que me iban a matar, entonces empecé a rezar mucho a mi flaquita; lo hice con fuerza y con fe. De repente, uno dijo: ‘Ya déjenlo, el chavo no sabe nada’. De ahí en adelante le tomé más amor a mi flaquita porque sé que me escuchó y por eso me dejaron libre”.
Un rezo que empezó con pocas personas
Ismael cuenta que cada primero de mes se le reza a la Santa Muerte y que desde los 18 años se hizo creyente gracias también al apoyo de su esposa.
“Cuando conocí a mi esposa, pues ya estaba un poco más grande; yo me hice creyente como a los 18 años, más o menos, pero antes veía a mi hermano que tenía sus imágenes y me llamó la atención. Un día se fue de la casa y me las dejó. Pasó el tiempo, más o menos cuando tenía veinte años, yo me junté con mi esposa y pues ya ahí empezó mi creencia más fuerte, más metido en la Santísima Muerte. Mi esposa ya tenía creyendo en ella como unos veinticuatro años y yo apenas empezaba a ser creyente de ella como a los veinte. Ya con el tiempo nos fuimos a vivir a Jardines de Arboledas y pues ahí empezamos”.
En los primeros meses de estar juntos comenzaron a rezar cada primero de mes. De eso hace ya 16 años.
“Llevábamos dos meses de habernos juntado. Yo estaba morrito, tenía como veinte y mi esposa tenía como unos treinta y cuatro; me lleva un poco de edad. Sí, pues yo le comenté a ella: ‘¿Cómo ves si empezamos a rezar?’, y me dijo que sí. En aquel entonces, pues no había redes sociales, no había nada de eso y pues empezamos a correr la voz con la gente de ahí y empezamos a rezar.
"El primer noviembre de ese año fue cuando empezamos a hacer la fiesta en grande. Dos semanas antes empezamos a hacer invitaciones, porque le digo que antes no había mucho Facebook, WhatsApp ni esas cosas, y pues nosotros empezamos a hacer invitaciones, empezamos a repartir a las colonias de ahí cerca, que viene siendo La Pedrera, Arboledas, San Jacinto, como Monte Alto. Canarios antes no existía, y sí, empezamos a repartir. El primer año juntamos muchísima gente ahí porque, de hecho, teníamos poco viviendo ahí en Jardines de Arboledas”.
En abril y mayo de este año realizaron el primer rezo con poca gente en el lugar que llaman santuario, en el centro de Altamira. Sin embargo, utilizaron las redes sociales para hacer la invitación.
“Nuestra primera fiesta que hicimos fue como de unas doscientas personas, trescientas, yo digo”.
Rosarios, copal y el “agua milagrosa”
Ismael explica que una fiesta para la Santa Muerte es un día especial en el que se reza un rosario y se realiza una limpia con copal y sahumerio.
“Una fiesta para ella es pues, algo bien bonito, es algo bien hermoso que se transmite con todos sus devotos como en todos los lugares. Se empieza con un rosario en honor a la Santa Muerte; es un rosario algo parecido a la Iglesia católica, también habla de Dios. También se meten oraciones de la Santa Muerte y pues, de ahí del rosario empezamos a sahumar a la gente.
"Un sahumerio es un componente donde viene todo tipo de hierba y nosotros sahumamos actualmente con el copal, más que nada para empezar un mes lleno de bendiciones. Ese sahumerio limpia a la gente de todo el mal que trae, de toda mala vibra. Más que nada de la envidia de la gente, porque eso es lo peor que puede haber, una envidia. La envidia de la misma gente, porque a veces uno se esconde de la gente que no conoce, pero a veces viene de la gente más cercana, lamentablemente”.
Antes de iniciar la primera caminata, las personas se reunieron en el área verde del bulevar Allende, en el centro de Altamira.
Formaron un círculo, comenzaron el rezo y todos fueron bendecidos con agua preparada en el sitio a base de pétalos de rosa y manzanas.
Hernández Rivera explica que cada primero de mes se bendice a la gente con la misma agua que ellos preparan con diferentes tipos de flores, pues la esencia de las flores es lo que, según su creencia, también libera buena energía.
“Hay varios tipos de oraciones, las oraciones realmente no las sé aquí de memoria, pero cada tipo de pétalo tiene un tipo de oración para cada tipo de, ¿cómo lo puedo decir?, para diferentes tipos de energías, pero cada color que uno le ofrenda a la Santa Muerte para que te bendiga el agua, porque ella la bendice, no uno, ella es la que bendice el agua.
"Nosotros le llamamos agua milagrosa, el agua bendita de la Santa Muerte. Más que nada, las manzanas son las ofrendas que ella más consume, son ofrendas que ella, como siempre, tiene en su altar; son las ofrendas que más agarra uno para clarificar el agua, para que el agua sea pura y recibir la bendición de ella”.
De 20 personas a cientos
Para Ismael, el crecimiento del número de creyentes puede verse en la cantidad de personas que acuden a los rezos y celebraciones.
"¡Ah, hombre, sí, bastante!, porque allá en Jardines de Arboledas juntamos gente porque había mucho fraccionamiento cerca. Nosotros, cuando llegamos aquí a Infonavit Altamira, del auditorio pa’ atrás, hace unos trece años, llegamos ya rezando. En el primer día del mes que se acercaba, nosotros le seguimos haciendo su rezo y vimos la diferencia, porque veníamos de allá, de haber tenido gente todos los meses, y nosotros llegamos aquí y empezamos a rezar que será con unas veinte personas.
"La misma gente fue corriendo la voz de que aquí se ponía bien bonito, que aquí sahumábamos gente, que aquí sahumábamos carros, que aquí sahumábamos motos, limpiábamos dijes, y sí, la misma gente fue corriendo la voz porque cuando llegamos aquí no había muchos creyentes, había poca gente que creía en la flaca”.
En un rezo sencillo, dice, acuden aproximadamente 100 personas por mes.
“Porque no metemos ni mariachis, nada más rezamos, sahumamos carros, sahumamos gente, sahumamos motos, bendecimos flaquitas y damos de comer; eso es un rezo sencillo cada mes. Pero lo que es el primero de marzo, que es su aniversario, estamos recibiendo como unas cuatrocientas, quinientas personas, igual que en noviembre.
En la caminata había mucha gente; yo vi más de no sé de... de quinientos, de cuatrocientos. Yo me imagino que unas ochocientas o mil personas sí hubo. Sí, porque eran demasiados carros, eran muchos carros y mucha gente caminando”.
Durante la fiesta y la caminata estuvieron presentes familias completas. Incluso, algunos padres llevaron a sus bebés para que recibieran el rocío del agua preparada.
“Ese día que bendije a la gente fue algo maravilloso que sentí, yo veía a la gente llorar, veía a la gente desesperada por unas gotas de agua bendita. Es la primera vez que siento así algo bien chingón porque mi esposa es la que bendice aquí a la gente, pero la respuesta de la gente al momento de recibir esas gotas de agua, ¡no manches!, la neta sentí como si la Santísima se me hubiera metido y transmitir esto que yo siento, porque yo me considero muy devoto de mi flaca. Me ha ayudado mucho”.
“La Santa no es mala”
Ismael dice que a la Santa Muerte se le pide con fe, porque, según su creencia, sin fe no funciona.
“Yo le tenía mucho respeto, aunque estaba chico, porque yo me acuerdo de que yo tenía tres años cuando conocí a la Santa Muerte, por mi hermano; mi mamá la tenía en su casa, pero, pues, a la gente que le tiene miedo, pues, como siempre digo, siempre tienen que leer sobre ella porque mucha gente piensa que es mala.
"Mucha gente que se quiere acercar a ella no lo hace por lo mismo, porque piensa que es mala la Santa Muerte, pero no es cierto, los malos somos nosotros porque a veces uno le pide cosas malas. ¿Y qué hace? Que uno la hace mala porque ella a veces sí te hace caso porque ella, como le digo, es fe lo que ocupa uno, es fe.
"Ella no es mala, uno es el malo. Uno a veces pide cosas que no debería de pedir y, pero pues sí. Yo he tenido muchos problemas con la gente, ¿verdad?, más que nada con la gente cristiana. Sí, porque es la gente que no respeta, es la gente que siempre habla sin hablar, siempre habla sin saber y pues, pues no conoce.
"Yo respeto mucho las creencias de cada quien, yo respeto mucho a los cristianos, a los católicos, a los que creen en San Judas, a los que creen en la Virgen, pero pues yo nada más les comento esto, que la Santa no es mala, porque mucha gente dice que si no le cumples se va a llevar a un familiar tuyo y pues no es cierto, nada que ver. Y es que depende de uno lo que le pida, pero ella no es mala”.
