DOMINGA.– Santa Fe es el corredor corporativo más grande de América Latina: suma 1.4 millones de metros cuadrados de oficinas. Y aun así, basta recorrer dos avenidas principales para notar el síntoma más evidente: 22 anuncios colgados de sus rascacielos de cristal repiten la misma urgencia. “Oficinas en renta”, “oficinas flexibles”, “oficinas acondicionadas”, “oficinas disponibles”, “oficinas desde 50 metros cuadrados”. Y uno más: “últimos espacios”.
Aquí, en el surponiente chilango, en lo que fue un gigantesco tiradero de basura, se construyó en los años noventa este distrito corporativo y financiero que iba a ser símbolo de éxito y prestigio, pero tras la pandemia el sueño cambió.
La vacancia de oficinas en la capital es de 16% en promedio, mientras que en el mero Santa Fe asciende a 29%, lo que implica que uno de cada cuatro oficinas está vacía. Y aunque los propietarios han tenido que bajar el precio de renta (del metro cuadrado) a 21 dólares, a las zonas céntricas les va mejor: Lomas, Polanco o Reforma se cotizan en 27, 25 y 24 dólares respectivamente, con una vacancia de 11, 12 y 10%, según el informe de Cushman & Wakefield, líder global en servicios inmobiliarios.
“No tienes idea de cuánto estamos sufriendo los reclutadores: la gente no quiere regresar a trabajar en presencial”, dice Norma Godínez Ramírez, directora de People and Talent de Kelly México. De cada diez candidatos que contactan, siete se bajan cuando saben que el trabajo es presencial. “Te dicen ‘¿no es remoto?, entonces no me interesa’. Y por otro lado, 90% de las vacantes son presenciales”, explica.
Ante la dificultad de reclutar talento y la conflictiva movilidad para dar acceso a más de 70 mil empleados que ingresan a diario a Santa Fe, varias empresas han empezado a mudarse al centro de la ciudad. FIAT Chrysler dejó 16 mil metros cuadrados de oficinas; Oracle cerró sus oficinas aquí, en las que trabajan unas 500 personas, para concentrarse en sus oficinas de Montes Urales y en remoto. Las grandes empresas tecnológicas y de e-commerce, como Mercado Libre y TikTok, no salieron de Santa Fe pero eligieron otros destinos.
“Los corredores [corporativos] que han ganado más valor es debido a su cercanía con alguna estación del Metrobús. Es interesante ver cómo la movilidad de la gente mueve el precio de los bienes inmuebles para oficinas”, dice Norma.
Las horas perdidas en el tráfico van contra el entorno amable e inspirador que los jóvenes demandan. Para ellos, una estación del Metro o llegar al trabajo en scooter o bicicleta es un priceless. La Gen Z, cuyo ingreso al mercado laboral coincide con la pospandemia, se mueve por propósitos: el medio ambiente, el futuro sostenible, ir más allá del negocio, dice Fernando Bermúdez, director de Relaciones Corporativas de ManpowerGroup.
Entonces, el currículum perfecto, el sueldo competitivo, el comedor o el transporte de personal ya no es suficiente para una generación que prefiere sacrificar el sueldo sobre la calidad de vida. No quieren la frustración que implica pasar cinco horas perdidas en el tráfico y eso está pegando a la economía de alguien.
Los propietarios de las oficinas que no se rentan están dejando de ganar una barbaridad: 1.4 millones de metros cuadrados, por 0.29 de vacancia, a 21 dólares, arroja 8.5 millones de dólares al mes.
Esta es la venganza de los godínez millennials y centennials: dicen no al gran capital porque se aman y saben que la plusvalía no es para ellos. Por primera vez las pérdidas salpican hacia arriba.
Diez maneras de llegar a Santa Fe
Laborar en Santa Fe implica iniciar la jornada laboral de madrugada. Salgo de casa a las 6 am y llego a las 6:19 a Buenavista, la terminal del Metro y del Tren Suburbano que viene de Cuautitlán. Ya es un hervidero de gente. En las banquetas de Insurgentes hay varias filas de trabajadores esperando las vagonetas privadas o el transporte de su empresa, la mayoría está entre los 30 y 40 años.
A las 6:35, abordo mi Uber Shuttle. La conductora pide mi QR y ocupo mi lugar. Viajo cómodamente con más de 20 pasajeros que pueden pagar 80 pesos de ida y 80 de regreso, por sus perchas sé que no ganan mal. Es el talento que ficharon los reclutadores.
Mi compañero de asiento lleva audífonos y ya va trabajando en su laptop. Noto que casi todos van metidos en el celular. En la radio suena Jesse and Joy, Kalimba, Luis Miguel y la locutora suelta frases motivacionales, como: “¡Sube tu vibra, tu energía, tu pensamiento positivo!”. Qué ganas de ponerme mis audífonos también.
A la izquierda, mi compañero de viaje ve un código de programación, el de al lado, formatos; alcanzo a ver que otro mira un excel, otro lee un libro en inglés y el resto dormita. Mi última oportunidad para reportear es la conductora pero viene hablando por teléfono con otra colega a quien le dice “cafre”.
El Uber sube rápido por Reforma hasta que llega al entronque con Constituyentes y la carretera México-Toluca: ahí inicia el martirio, requiere toda tu atención –segundo a segundo– ir avanzando y no dejar que nadie se te meta.
Google Maps calcula que faltan 3.7 kilómetros para llegar al puente de entrada a Santa Fe, pero a esta hora de la mañana lo que serían seis minutos se convierten en 35. Este es el único ingreso desde la zona oriente, centro y norte. Para el sur existen los Puentes de los Poetas, una carretera suburbana concesionada.
Entramos a Santa Fe y comienzan los descensos: “¡Telefónica, baja Néstor!”, grita la conductora. A todos los llama por su nombre al llegar al destino contratado. “El mejor parque de la Cd. es La Mexicana y está en Cuajimalpa”, dice un inofensivo letrero en una glorieta. Quizá para recordarle a la gente que a esta alcaldía la gobierna el PAN, Carlos Orvañanos Rea repite por segunda ocasión.
Me quedo hasta el final y la conductora me cuenta que pertenece a la empresa Scholastico, que brinda servicio a Uber, tienen un año trabajando y ella hace tres viajes al día. Como siempre alguien gana con una crisis, días después reviso en las plataformas públicas que esta empresa fue creada en 2013 por José Raúl Vázquez Cedillo y María Guadalupe Zapien Ferreyra, y es proveedora de transporte de personal para empresas privadas e instituciones públicas. Vinieron a competirle el mercado de Santa Fe a Urbvan, con servicio desde 2017.
Como lo prometieron, a las 8:03 llego a la última parada, sana y salva. Nada que ver con los “taxis de la muerte” que salen de Tacubaya y que usaba en 2019, cuando estudiaba la maestría en el CIDE. Tomaba el taxi colectivo al “Pantalón”, la torre de Bosques de las Lomas, me bajaba en la carretera federal a Toluca, y tomaba el camión rumbo a San Bartolo, que también volaba.
Se ganaron ese mote por meterse en veredas, ir en sentido contrario, llevar cuatro pasajeros apretados y ofrecer poca limpieza. Un taxi normal desde Tacubaya cobraba 160 pesos, este tenía tarifa de 35.
Los trabajadores que no tienen otra opción
Apenas llegas y Santa Fe te muestra sus desequilibrios. El frío te da la bienvenida, así que disfruto muchísimo los rayos del sol, de las pocas cosas gratuitas aquí. Un anuncio me dice que “esta área [verde] se encuentra mantenida por Banorte”, pero la hierba está bastante descuidada. Sus banquetas son pequeñas y se cortan abruptamente, sin lógica ni consideración por el peatón, mejoran conforme camino a los corporativos, ahí son anchas y con jardines muy bien cuidados.
Es un hermoso día soleado: si miras arriba verás un cielo azul intenso que te hace sentir en otra ciudad, verás también a las mujeres que limpian los vidrios o afanan los balcones de las grandes torres habitacionales, y a unos trabajadores en andamios suspendidos que limpian un rascacielo; abajo, mujeres y hombres muy guapes pasean sus perros y hay anuncios de lujosos departamentos en venta con motor lobby (bahía de lujo), teensclub, kidsclub, juicebar, cancha de pádel, yoga, gym, jacuzzi, alberca. Vivir bien aquí significa no salir de tu torre.
Marco Antonio Martínez es un valet parking en una de las muchas plazas comerciales, viene del municipio mexiquense de Calixtlahuaca. A las 5 am toma el camión que lo lleva a la estación Toluca del Tren Suburbano El Insurgente, es de los primeros en ingresar cuando abren la puerta, a las 6 en punto, y “ya viene llenísimo desde Zinacantepec”, la primera estación.
Los pueblos y municipios cercanos a Toluca, en el Estado de México, están abasteciendo de personal operativo a la zona. Antes esto era inviable pero con la inauguración de la estación Santa Fe, en agosto de 2024, la dinámica cambió: hoy es la más utilizada de toda la línea. En un año viajaron 2.16 millones de pasajeros –5 mil 900 personas al día–, informó El Insurgente en julio pasado.
Antonio mejoró muchísimo sus tiempos pero no su economía. Paga 14 pesos de pasaje en el camión que lo lleva de Calixtlahuaca a Toluca, más 60 pesos del tren, y lo mismo de regreso. Trae de casa su comida y le prestan “un rinconcito” del estacionamiento para tomar sus alimentos. Viernes, sábado y domingo recibe un promedio de 600 pesos de propina al día. “Póngale en su reportaje que nos consideren, que nos den una rebaja los del tren y el transporte, porque nosotros venimos a trabajar y no a turistear”, dice mientras espera los autos o camionetas de lujo que le toca estacionar.
Angélica tiene 55 años y una trenza negra azabache que le llega a la cintura, viene del pueblo de La Pila, a una hora y media, que forma parte en la alcaldía Cuajimalpa. Platicamos mientras esperamos el elevador de Av. Santa Fe que nos permite bajar a lo que era una barranca y hoy es el parque La Mexicana. “Viene bien abarrotado el camión” que sale de La Marquesa. Cada vez más gente de La Pila viaja a esta zona para trabajar en limpieza, jardinería o construcción.
Entre los enfrenones, el camión la deja sobre la carretera Toluca-México y cruza casi que corriendo el parque La Mexicana para llegar a los condominios de Av. Luis Barragán, donde trabaja con un matrimonio de arquitectos que la trata bien y le pagan a tiempo. En La Pila no hay empleo y menos con prestaciones. Gasta 40 pesos de pasajes y trae de casa su comida.
Otro gremio al que le va bien son los repartidores de aplicaciones, como Carlos Domíngez, de 49 años. Trabaja con su propia moto para Uber Eats y los fines de semana no para de llevar comida a los departamentos de lujo. Puede ganar hasta mil 300 pesos al día sin propinas, dice, porque aquí no se acostumbran. Logró hacerse de una vivienda en la colonia Rosa Torres, del otro lado de la carretera, y dejar atrás la pesadilla que era trasladarse a Santa Martha Acatitla.
La fórmula para mejorar la calidad de todos los trabajadores operativos sería acercarlos a vivir aquí pero es imposible, los departamentos van de 4 a 45 millones de pesos y en los pueblos aledaños ya no hay suelo para una vivienda asequible. Y cuando hubo se lo agandallaron, por ahí de 2016.
Un escándalo de corrupción en Santa Fe
Hubo una mina de grava y arena en lo que hoy es La Mexicana, pero el gobierno de Marcelo Ebrard lo desincorporó en 2012 para su venta, con el fin de construir 6 mil viviendas, un proyecto que incluiría casas de interés social. Era la manera de rectificar un diseño que no pensó en el arribo masivo de trabajadores. Pero los nuevos ricos, agrupados en la Asociación de Colonos de Santa Fe, se opusieron. Más población colapsaría la movilidad y afectaría su plusvalía, argumentaron, mejor un parque, un pulmón más para la ciudad.
Miguel Ángel Mancera anunció en 2016 que Danhos y Copri construirían un parque en 70% del terreno, con una inversión de 2 mil millones de pesos; a cambio estas inmobiliarias recibirían el 30% restante y podrían construir mil 600 viviendas de lujo en torres de hasta 15 niveles. La Asociación administraría el parque por 40 años.
Joaquín Diez Canedo, arquitecto por la UNAM e historiador de arquitectura, estimó en 3.5 mil millones de pesos la inversión por estas viviendas de lujo y una ganancia de 20 mil millones de pesos: el metro cuadrado era de los más elevados en el país.
El parque se hizo en un tiempo récord, se inauguró en noviembre de 2017 y las torres comenzaron a construirse. Pero dos años después, un tribunal ordenó parar las obras, a solicitud de otros vecinos disidentes y particulares que impugnaron el convenio. Apenas llegó Claudia Sheinbaum a la jefatura de Gobierno, sometió el convenio a revisión y en febrero de 2020 anunció que, tras un avalúo de la obra, no se justificaban los 2 mil 145 millones de pesos que las inmobiliarias reclamaban por sobrecostos, por lo que no se pagarían; procederían además a investigar a Jorge Silva Morales y a otros exfuncionarios de Mancera por aceptar ese cobro injustificado.
Las inmobiliarias y los colonos firmaron un acuerdo de conformidad, desistiendo de cualquier impugnación. Así paró este escándalo de corrupción en Santa Fe.
En septiembre de 2024 se inauguró la Línea 3 del Cablebús, que conecta el Metro Constituyentes y el Complejo Cultural Los Pinos con el pueblo de Santa Fe, como se le conoce a las colonias populares aledañas al centro corporativo, para transportar a 36 mil pasajeros diarios. Pero fue otra oportunidad perdida. Por alguna razón el servicio sólo llegó a la estación Vasco de Quiroga y no a la zona empresarial. Los trabajadores deben tomar un taxi, un Uber o transporte público. El teleférico es más recomendado para ir a conocer la cuarta sección del bosque de Chapultepec y sus atractivos turísticos, que como una opción de movilidad para Santa Fe.
Santa Fe sigue siendo la loma, arriba y aislada
Trabajar en Santa Fe es caro, no sólo por el transporte y la comida, sino porque aquí debes lucir nice. Como se supone que ganas bien, no se justifican las fachas o el poco esmero al vestir. Las mujeres combinan sus botitas con el saco y la bolsa, y traen el pelo bien planchado, me gusta ver que la mayoría calza tenis y que los zapatos de tacón están out. Ellos combinan su chaleco con los zapatos y finas camisas de algodón, lucen las mejores gafas, abrigos, computadoras, suetercitos.
En mi caminar me encuentro a Juan Manuel Ortega, exdirector de Noticieros Televisa, quien ahora es coordinador académico en el Tec de Monterrey campus Santa Fe, el más caro de todos los planteles. La mayoría de los estudiantes llegan en auto, viven aquí o muy cerca, y a los profesores la universidad los apoya con créditos para hacerse de un carro, aunque algunos sí han desistido por temas de movilidad.
Quienes viven en Polanco, Lomas y otros lugares de altos ingresos deben transitar con su auto al igual que mucha gente que viene a trabajar, y hay transporte para colaboradores, que incluye a los estudiantes, pero tiene un costo. “Entiendo que algunas empresas se han mudado y han bajado más a la ciudad porque aquí se ha vuelto un problema el tráfico y los costos. No es tan fácil comer, no hay taquitos o comida corrida”.
Le pregunto si cree que fracasó Santa Fe como el centro de mayor auge y prestigio de las empresas. “No, es muy pronto para decir eso”, responde Ortega. “Las universidades ya están aquí. La gente que vive en Santa Fe o alrededor ha creado su propio mundo, con sus valores y su vida interna, tienen todo a la mano y no necesitan salir. Es una ciudad dentro de la ciudad que no se integra”.
Sí hay gentrificación, dice, no cualquiera puede vivir aquí. Pero “no hay vida cultural en la zona. Cuando quiero algo así, voy a la UNAM, al Centro Cultural Universitario. Santa Fe sigue siendo ‘la loma’, arriba y aislada. Tal vez eso cambie con la nueva conectividad del Tren [Suburbano] y el Metro”.
A la hora de la comida circulan bicicletas, motos y scooters. Los conductores de auto suelen ser hostiles con los peatones y los ciclistas –cuidado o te llevan–, nunca te dan el paso. Las ciclovías son más estacionamiento que una vía ágil y sustentable para ir al trabajo. Por eso, como abejas, los repartidores en moto entregan comida a quienes prefieren no salir de la oficina.
María Conde, de 51 años, pertenece a la generación X. Es asistente ejecutiva en una vicepresidencia de estos corporativos. Su empresa ofrece transporte de personal. Viene de Tecámac, Estado de México. Sube al transporte a las 6:30 am, en Ecatepec, y regresa a las 9:30 pm. En un día bueno hace seis horas de traslado, pero puede ser una o dos más si hay obras o accidentes. Pero dice: “trabajar en Santa Fe es un reto y un orgullo porque aquí están los mejores”.
Lleva 25 años en su empresa y tiene más motivos para quedarse que para irse, cuenta con un buen salario, 24 días de vacaciones y una pronta jubilación. Le sorprende que haya jóvenes que no quieran venir a Santa Fe. “Es gente que no le gusta el compromiso, tener este hábito. No han aprendido que la disciplina tiene sus premios”. Le pregunto qué haría con esas seis horas diarias si fueran para ella.
“Aprendería a hacer cosas para mi casa, a cocinar porque soy pésima, convivir con los amigos, porque soy a la que invitan y nunca va. Mi familia dice que me ve cansada y sí, pero es ese cansancio que te da satisfacción”.
A las 5 de la tarde decido regresar en transporte público, el RTP (Red de Transporte de Pasajeros), llevo gastados 230 pesos en mi desayuno, 260 en mi comida, 80 del Shuttle. El transporte va a Acoxpa, Tlalpan, al Metro Miguel Ángel de Quevedo, Auditorio, Tacubaya y Balderas. Yo subo a este último. Me encanta que el trolebús tenga USB para cargar mi celular. Me quejo con mi compañera de asiento porque el camión tardó 22 minutos en pasar.
Evelín viene desde la zona del Reclusorio Norte, trabaja de 8 a 5 pm todos los días. Un Uber pasa por ella a las 5 y la lleva al Metro Hidalgo, de ahí sale el transporte de personal que la deja en el trabajo antes de las 8. Se regresa antes de que salga el camión de la empresa, en el RTP. Espera que una vez que se habilite el Metro Observatorio y se una con el Tren Suburbano, mejore la movilidad para miles de personas. Santa Fe quedará a dos estaciones del tren por 25 pesos. No alcancé a preguntarle sus motivos para cruzar la ciudad porque se puso los audífonos, la conversación ha terminado.
¿Y tú, por cuánto irías a Santa Fe?
Alma Paz Martínez es @La_de_RH en X. Millennial de primera generación y consultora de recursos humanos, pero también activista “por los derechos de la banda”, dice. Desde sus redes sociales logró incidir para colocar en la agenda pública la propuesta de Las 40 Horas y la aprobación de Vacaciones Dignas y Ley Silla. Conoce bien Santa Fe porque trabajó aquí por un tiempo.
“Reclutar trabajadores ya era muy complicado desde hace años. Las empresas sufren por no poder cubrir sus vacantes, pero cubren su déficit cargándole más el trabajo a los que ya están dentro y viene un círculo vicioso que los truena”.
Una opción para aligerar esto es que el horario laboral empiece a contar desde que sales de tu casa, de tal forma que te deberían pagar las horas de traslado. Otra, es regresar al home office, como se instaló en la pandemia. No como lo están haciendo algunas empresas con horario partido: Entrás temprano, a la hora de la comida te trasladas a tu casa y vuelves a conectarte por la tarde.
“No queremos estar todo el tiempo metidos en la oficina ni en el transporte público por salud mental. Millennials, centennials y X, todos están sufriendo un colapso bastante importante”. En 2022 el IMSS reveló que 70% de los trabajadores con un trastorno psicológico fueron diagnosticados con ansiedad, depresión, estrés agudo y síndrome de burnout.
“Los operativos y la gente de construcción no puede estar en remoto, pero la gente de oficina sí y bajaría muchísimo el tráfico. Mejoraría el transporte público y permitiría una movilización más eficiente para los demás trabajadores, pero a las empresas no les importa”.
¿El sueldo atractivo no es suficiente? “No hay dinero que valga ese tiempo y ese desgaste físico y emocional. O dime tú ¿Por cuanto sí irías a Santa Fe?”.
GSC/ASG