Las tablas de precios en mandarín son la carta de presentación para Javier, Antonio y Roselia, locatarios del mercado San Juan Pugibet, en el Centro Histórico, famoso por su oferta de carnes exóticas y alimentos gourmet, donde pollerías y carnicerías han apostado por colocar los nombres de sus productos en hanzi para reducir la brecha comunicativa con su clientela.
Antonio señala que este fenómeno comenzó en 2010, cuando los ciudadanos chinos llegaron a radicar a la Ciudad de México, conformando un pequeño porcentaje de sus ventas anuales. Hoy ese porcentaje alcanza el 70 por ciento, siendo la población mexicana la que menos ganancias deja en su negocio.
“Si no es por ellos, la verdad nosotros no tuviéramos ventas”, enfatiza Antonio, mientras señala la cartulina fluorescente frente a su vitrina: una lista en mandarín con las partes de la res.
“Me ayudó un amigo que es chino y más o menos habla español”, recuerda.
A Roselia y Javier una sobrina les ayudó a transcribir en Google las cartulinas que tienen pegadas sobre la pared de su negocio para ofertar carne de pato, pollo y vísceras. Pero en una de esas, el traductor les jugó chueco y uno de los letreros ha causado la risa de los clientes porque está en tailandés, “la verdad ni me acuerdo cuál es”, cuenta Roselia a MILENIO.
Traductor Google, el intermediario en las ventas
El traductor es crucial para esta familia, que se vale de esta herramienta en la conversación con sus clientes, pero aún así se han visto limitados para concretar una venta.
“Hay chinos que vienen y no sabe nada español, entonces la comunicación es nula; es por medio del traductor como hacemos la venta, pero se les dificulta mucho a ellos y a nosotros. Muchas de las veces yo siento que hasta se han ido sin comprarnos cosas porque no nos podemos entender”, comenta Javier.
A este negocio familiar, los fines de semana se suma uno de los sobrinos que habla inglés y francés para ayudar con la traducción de personal extranjero que constantemente llega a la zona centro.
Proveedores de gastronomía asiática
Con la proliferación de negocios de comida asiáticas, estas carnicerías se han convertido en grandes proveedores de la cadena restaurantera, lo que ha motivado a otros negocios a ampliar su oferta, pues cada vez son más las recauderías que importan rábano blanco, taro, pepino chino y melón amargo, entre otros productos.
“Tienen sus restaurantes en diferentes zonas, más en el centro de Polanco, entonces viernes, sábado y domingo vienen bastantes chinitos (sic) a hacer sus compras para su restaurante y uno que otro viene para comida particular”, señala Antonio.
ksh