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  • Los duelos de farmear aura. Fuimos a pelear y terminamos grabándonos unos a otros

Las batallas de farmear aura han tomado los espacios públicos y digitales. | Especial

Las batallas de farmear aura convocan a jóvenes en espacios públicos, pero el verdadero evento ocurre después, cuando las cámaras convierten el espectáculo en contenido. ¿Ridiculez o expresión de nuestro tiempo?

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DOMINGA.– Desde hace tres semanas mis redes sociales están llenas de imágenes de jóvenes haciendo cosas… inexplicables, por decirlo de algún modo. Reunidos en parques o explanadas forman círculos que delimitan un ring –algo parecido a las batallas de rap que se ven junto al Palacio de Bellas Artes– y en medio se colocan los dos oponentes que protagonizarán la “batalla de farmear aura”.

Acá no hay, sin embargo, un intercambio de rimas ni tampoco se lanza un solo golpe. Casi siempre se enfrentan en silencio o si acaso sonorizados por la multitud curiosa que se agolpó a verlos y que reacciona cuando uno de estos absurdos gladiadores hace una mueca, se para de manos, cambia su vestimenta, baila de una forma parecida de breakdance o usa algún tipo de utilería: lo mismo unos zancos que un cómic o una cámara fotográfica.

Las batallas se convocan por redes sociales y es el público el que decide quién "emana más aura"
Las batallas se convocan por redes sociales y es el público el que decide quién "emana más aura" | Luis Mendoza Ovaldo


¿Qué es el aura, qué es farmear y por qué todo ocurre en un escenario de batalla? Para este momento ya hay innumerables tiktoks y reels, lo mismo de creadores de contenido que de medios tradicionales indagando sobre esto. Que todos estos conceptos tienen su origen en la comunidad de los videojuegos. Que farmear es un anglicismo construido para hablar de producir o crear un recurso y después acumularlo. Que el aura es una suerte de proyección de la personalidad que exige ser inexplicable y hacer referencia a algún meme, chiste o fenómeno digital; ser ligero y calmado pero no todo el tiempo; ser nonchalant (despreocupado) pero ejecutar cada movimiento a la perfección. Que si buscamos una traducción boomer habría que decir que el aura es algo así como el carisma o “ángel” –como decían los papás o los abuelos cuando eran jóvenes–. Y que lo opuesto a proyectar aura sería generar cringe (pena ajena).



Las batallas de farmear aura se han propagado de forma virulenta por toda América Latina y todo nuestro país. Hay reportajes en Brasil, Paraguay, Argentina y en el caso de México se ha replicado en prácticamente todas las entidades, desde Chihuahua hasta Chiapas, y en un montón de universidades públicas y privadas, tanto en la UNAM como la Universidad Panamericana.

Esa propagación ha hecho que, por un lado, se descalifique el fenómeno como una simple y llana tontería. Por otro lado, han salido defensores a decir que en el fondo esta actividad es positiva porque ocurre en el aire libre y “activa” el espacio público, porque es una oportunidad de hacer comunidad y supuestamente es una tendencia similar a las que vivimos con el Harlem Shake o los Mannequin Challenges, entre otro tipo de tendencias del pasado.

Sin embargo, y con el riesgo de sonar como el meme del abuelo Simpson que le grita a una nube, no estoy de acuerdo en esa defensa. Tampoco me parece que sea totalmente un ridículo y una aberración como consignan los enemigos de la diversión. Sin embargo, sí creo que este momento viral en torno a las batallas de farmear aura es único y tiene que ver más con el breve furor de los Therians hace unos meses que con el internet de hace diez o quince años.

Las batallas de farmear aura se trata de un evento donde la línea que separa los fenómenos del mundo “real” y el mundo “virtual” comienza a difuminarse.

Los conceptos alrededor de las batallas de farmear aura provienen, en su mayoría, del mundo de los videojuegos
Los conceptos alrededor de las batallas de farmear aura provienen, en su mayoría, del mundo de los videojuegos| Luis Mendoza Ovando

Las batallas que se diseñaron para vivir en redes sociales

El domingo pasado fui al Parque México en la colonia Condesa para cubrir la batalla de farmeo de aura que convocaba Proyecto Escolar, un colectivo de creación de contenido que destaca por ir al encuentro de comunidades, casi siempre freaks, que tienen una estrecha conexión con el internet –como pueden ser los furros, los neo-emos o los hombres del Temach–, pero también por hacer una cobertura cómica de las manifestaciones políticas en el país.

Si bien las notas del evento se concentraron en el supuesto intento de un policía por disolver el evento y en la aparición de la Rosalía entre el público, lo impresionante era la cantidad de gente tratando de hacer sus propios videos y reportajes sobre la batalla de farmeo de aura –incluyéndome, ni modo–.

El interés por las batallas de farmear aura convocó a más creadores de contenido y periodistas que participantes
El interés por las batallas de farmear aura convocó a más creadores de contenido y periodistas que participantes. | Luis Mendoza Ovando


Desde el inicio había más creadores de contenido y reporteros que participantes.
Durante las batallas se volvía imposible ver algo porque gente con cámaras y micrófonos trataban de hacer un registro absoluto de los enfrentamientos y por si eso fuera poco había no uno, sino dos drones sobrevolando la multitud.

Al mismo tiempo, un montón de chavos iban entre la aglomeración pidiendo permiso para hacer entrevistas y preguntaban las mismas cosas: cómo ves el evento, qué opinas de las batallas, para ti qué es el aura. Algunas personas respondían con el encanto de quien se sabe parte del espectáculo.

Pero quizás lo más interesante fueron los extractos que salieron horas y días después, con los que los creadores de contenido ponían música épica a un enfrentamiento que casi todo el tiempo ocurrió con el eco de fondo de una clase de bachata. Además, gracias a la magia de la edición, podían dotar de un ritmo álgido a esas batallas que por muchos momentos eran tediosas.

Al final pareciera que nada de lo que pasó el domingo en el Parque México estaba pensado para sólo ser visto ahí, sino que tenía como fin último registrarse, editarse, propagarse y verse después en el celular. Es decir, la batalla de farmeo de aura que todos reconocemos es aquella que existe en las redes sociales.

Es en ese punto donde creo que se define la especificidad de esta tendencia y que la separa de los eventos virales de mi generación. En las batallas de Aura, como pasó con los Therians, se simula un evento “real” pero está diseñado para ser registrado y subido a TikTok o cualquier otra plataforma y vivir en las redes sociales.

Las batallas de aura son filmadas y editadas para difundirse en redes sociales
Las batallas de aura son filmadas y editadas para difundirse en redes sociales | Luis Mendoza Ovando


Este enredo sobre qué es lo real y qué es representado fue abordado mejor que nadie por el filósofo francés Jean Baudrillard, al sostener que como civilización hemos llegado a un punto en que la “distancia” entre objeto y sujeto ya no existe y por tanto las representaciones que “producimos” de la realidad ya no tienen nada que ver con la realidad que buscan representar. A ese estado en que no se puede distinguir entre la realidad y la simulación, Baudrillard lo llama la “hiperrealidad”.

Y puede parecer puro choro pero en realidad coexistimos con la hiperrealidad todo el tiempo y más aquellos que adquirieron conciencia en un mundo donde las redes sociales eran parte de la normalidad. Pensemos por ejemplo en las apps de citas y los perfiles que hacemos en ellas. Nos tomamos una selfie o elegimos una foto en la que salgamos bien o incluso habrá quien recurra a algún filtro como quien echa mano del maquillaje en el mundo real. Ponemos nuestro nombre, una pequeña biografía, signo de zodiaco, gustos y nuestras redes sociales.

Si hacemos match con alguien y lo vemos en persona podrá constatar si nuestro perfil es una representación fiel de nosotros mismos o si no corresponde. Sin embargo, lo realmente interesante ocurre con toda esa gente que tal vez sigamos en redes sociales después de hacer match, que nunca nos verá en persona y que realmente puede convencerse que “somos” ese perfil que compartimos. Más aún, a fuerza de hacer la mayor parte de nuestra vida y comunidad a través de la pantalla podemos llegar a convencernos a nosotros mismos que nuestra imagen real es el perfil que construímos y que nuestro yo en el mundo “real” es la copia de ese perfil.

Ese conflicto entre si somos el de Instagram o el que se ve al espejo, sin mediar por la cámara del celular, es para mí lo que subyace en torno a las batallas de farmeo de aura. Más allá de lo que signifiquen, de su rareza o pertenencia, me parece que lo que las vuelve un episodio cultural notable es que existen para ser representadas y por eso la inmensa mayoría del contenido que vemos en redes sociales es de gente que nos muestra cómo atestiguó un hecho, pero no de gente que quiera mostrar cómo protagonizó la batalla. Vemos a otros viendo a otros farmear aura, pero no vemos a los farmeadores de aura mostrándonos cómo lo hacen.

En redes vemos la perspectiva del espectador de las batallas de aura, pero no del competidor
En redes vemos la perspectiva del espectador de las batallas de aura, pero no del competidor | Luis Mendoza Ovando

Se graban ‘reels’ para registrar que estuvimos ahí

Aquí se esboza la segunda gran diferencia con estas tendencias y tiene que ver con la forma en que se participa. Pensemos en las redes sociales de la década pasada cuando todo lo viral giraba alrededor de los retos virtuales antes descritos.

En esos “retos” lo que se busca saciar es un sentido de pertenencia. Cada vez que se repite el reto por distintas personas en distintos lugares se inaugura un nodo más en la red de la viralidad. Para ser parte de una de esas tendencias había que aparecer a cuadro; es decir, la relación que teníamos con el fenómeno era como la que se tiene al tomar una foto o actuar para un video: es preciso salir a cuadro.

En el caso de las batallas de farmar aura esto no es así. Para ser parte de la tendencia es preciso validar la simulación de “evento real” y eso se logra sí erigiéndose como “batallador” en medio de un ring imaginario, pero también haciendo las veces de público en un evento sin sentido, pero siempre tomando registro de ello para poder evidenciar en el evento real, el que ocurre en redes sociales, que estuvimos ahí.

No basta con participar en las batallas, las personas necesitan tener un registro (video o foto) para decir que estuvieron ahí
No basta con participar en las batallas, las personas necesitan tener un registro (video o foto) para decir que estuvieron ahí | Luis Mendoza Ovando


Si bien hay un vestigio de eso en la forma en que, por ejemplo, los alumnos de las universidades han buscado replicar “su propia” batalla de farmeo de aura, al final la participación no construye una comunidad, sino que es un ejercicio de acumulación en el mundo físico. Gente que se acumula en un espacio y que acumula fotos y videos de lo que vio en sitios en los que estuvo, pero no participó. Su participación vendrá después en sus posteos, ediciones o comentarios en el contenido de alguien más.

Con esto no quiero decir que las batallas de farmeo de aura sean una manifestación de un vicio social. No lo creo así. Pero tampoco pienso que sea una manifestación de cómo los adolescentes hacen comunidad, se apropian del espacio público y hasta dejan de usar el celular porque esas son conclusiones que tendrían lugar en un evento que es real y no que simula ser real, como ocurre con las batallas de rap.

En el caso del farmeo de aura puede ser que después, gracias a las redes sociales, algunas personas comiencen a seguirse y a entablar incluso una amistad, pero eso ya no pasa por el evento en el mundo físico donde lo que ocurrió fue que la gente llegó y se fue y no hubo un proceso de intercambio o diálogo; las batallas de farmear aura ocurrieron en espacios públicos que ya tenían vida y estaban ocupados.


¿Eso quiere decir que hay un problema con las juventudes o que tienen razón que todo esto era ridículo? No, en realidad estamos viendo a toda una generación procesar los conflictos de su tiempo y en ello regalarnos una paradoja que acompañará este episodio: las batallas de farmear aura tienen todo menos aura.

El aura, supuestamente, es un concepto tan inasible que tiene que ver con proyectar una energía irrepetible y propia y que sólo puede ser percibida a través de la disposición plena de los sentidos. Algo que no puede ocurrir cuando se está pensando en el video que se subirá a Instagram o en la foto que enviaremos a un grupo de WhatsApp. El aura habita en asumir el protagonismo propio y no en la repetición infinita de una condición de espectador.

GSC/ASG

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Luis Mendoza Ovando
  • Luis Mendoza Ovando
  • Periodista de investigación en la productora Detective y columnista en el periódico El Norte. Cuenta con una maestría en Periodismo de Investigación en Políticas Públicas por el CIDE.
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