Espectáculos

“No me provoquen”: la noche en que Juan Gabriel puso a bailar a todos en Bellas Artes

En mayo de 1990, el ‘Divo de Juárez’ cantó en el máximo recinto cultural entre críticas y polémica. Treinta y seis años después, el concierto regresa a las salas de cine en una versión restaurada.

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DOMINGA.– La pregunta del editor me tomó por sorpresa: ¿había estado en el primer concierto de Juan Gabriel en Bellas Artes de 1990? Sí, había estado allí. Recuerdo todavía la polémica que, entre tirios y troyanos, acompañó aquel concierto que estuvo a punto de cancelarse. La discusión terminó con un efecto inesperado: nadie quiso perdérselo. Y treinta y seis años después, me hago consciente de dos cosas: del irreparable paso del tiempo y de la permanencia de uno de los grandes ídolos de la música mexicana

Aquella noche de mayo, El Divo de Juárez, orgullo de esa frontera norte que lo vio crecer, ataviado de negro y con chaqueta torera, con bordados y lentejuelas doradas, ofreció uno de sus conciertos más memorables con la Orquesta Sinfónica Nacional, que se ha convertido con los años en una de las grandes grabaciones en vivo de México, que se apropió de los momentos más vibrantes en redes sociales en el pasado Mundial de futbol.

El concierto se llevó a cabo en mayo de 1990
Juan Gabriel deslumbró a los asistentes luciendo una icónica torera con detalles dorados | Cortesía Mezcla


Juan Gabriel escandalizó a su época con esos movimientos de hombros y meneos de caderas y su peculiar timbre de voz.
Tan provocador fue aquel primer concierto que sigue reproduciéndose por fragmentos en YouTube –como ese popurrí de casi veinte minutos que incluía “La negra Tomasa”, “Caballo viejo”, “Bamboleo”, “Adoro”– del video original que Benjamín Estavillo filmó, bajo la producción de María Luisa Alcaraz, personaje crucial detrás de los conciertos de Juan Gabriel; y ahora Mezcla, Sony Music y la documentalista María José Cuevas lo han reconstruido bajo una nueva edición remasterizada que se estrena en las salas de cine de México y Estados Unidos.

Volviendo a aquella pregunta, mi editor quería saber también si había escrito alguna crónica al respecto. No. La fuente musical estaba asignada a otro colega de la sección cultural en el diario donde trabajaba entonces. Pero todavía conservo algunos apuntes y, sobre todo, la memoria de aquella noche: la emoción a flor de piel y la sensación de que el Palacio de Bellas Artes –el recinto cultural más importante del país– estaba a punto de venirse abajo con los saltos y bailoteos del público en palcos y asientos del segundo y tercer piso, así como la respuesta inicialmente tímida pero, respuesta al fin, de quienes ocuparon las primeras filas de la sala principal. Todo esto a pesar de la campaña de desprestigio de quienes le cerraban la puerta a lo popular en el recinto.

Finalmente hizo historia, fue una experiencia inolvidable que disolvió las barreras artificiales entre la “alta” cultura y la cultura “popular”. Cuando ambas expresiones son genuinas logran tocar lo que el escritor Carlos Fuentes definió como “el alma de México”, y que el cronista cultural Carlos Monsiváis describió como “el concierto del año”.

Me desgañité desde el tercer piso con Juan Gabriel

El 'Divo de Juárez' rompió barreras sociales en 1990
El 'Divo de Juárez' se presentó en un recinto considerado en el pasado únicamente para exponentes de la "alta" cultura | Fototeca Milenio


Concierto histórico e irrepetible: a las 21:00 horas del miércoles 9 de mayo de 1990, el máximo recinto cultural abrió sus puertas por primera vez –con localidades agotadas– a Alberto Aguilera Valadéz, mejor conocido como Juan Gabriel. Un cantautor de origen humilde, sin grandes estudios musicales, pero con ese oído privilegiado que le permitió incursionar en diversos géneros y crear letras que atraparon una parte de lo que son y sienten públicos amplios y variopintos, independientemente de su nivel socioeconómico y grado de estudios, del género y preferencia sexual, de la edad, profesión y código postal en un país dividido por desigualdades, tristemente violento, todavía machista y homófobo.

No me lo contaron, yo ví y escuché cómo Juan Gabriel puso al público y hasta a la misma orquesta y coros a bailar y cantar con pañuelos blancos, rompiendo cualquier formalidad del Palacio de Bellas Artes. Me desgañité desde el tercer piso –donde tuve acceso a una vista panorámica privilegiada– al cantar ese himno popular en el que se convirtió “Querida-aa-aa, dime cuando tú, dime cuando tú vas a volvee-ee-ee-er-eerr”, que Juanga compuso y lanzó en 1984 y cuyos tonos más altos difícilmente alcanzó el propio cantautor años más tarde, en su debut en Bellas Artes, a los cuarenta años de edad.


Cuando Juan Gabriel llegó a Bellas Artes, ya llevaba años picando piedra al formar parte de la programación de estaciones de radio y canales de televisión, vender miles de discos y a llenar centros nocturnos –como El Patio o El Premiere–, teatros, estadios, palenques y festivales internacionales hasta convertirse en un fenómeno que puso a México –y a muchas partes del mundo– a cantar y bailar, además de colocar a la diversidad sexual en el centro de la discusión nacional.

Su concierto ratificó que Juan Gabriel fue y continúa siendo una figura de gran peso e impacto cultural. Esa noche sucedió algo difícil de imaginar: los arreglos especiales a cargo del compositor Eduardo Magallanes para que fuesen interpretados por la Orquesta Sinfónica Nacional, dirigida en esa ocasión por el director huésped Enrique Patrón de Rueda –ante la negativa de Luis Herrera de la Fuente–, hicieron que la frescura y sencillez de sus baladas sonaran con una densidad musical, que también fue resaltada por el grupo especial de coristas reclutados de la Escuela Superior de Música por el propio Patrón de Rueda. Además se sumó la participación especial del coro integrado por niños provenientes del albergue Semjase y la escuela de música Silvestre Revueltas, cuya fundación en 1987 corrió a cargo del propio Juan Gabriel en Ciudad Juárez y que cerró de manera definitiva a mediados de 2015.

Más aún: se unieron la propia orquesta y coros de Juan Gabriel y, por supuesto, la de su grupo de mariachis “Arriba Juárez” para las canciones rancheras. En síntesis, más de cien músicos profesionales coincidieron en un mismo escenario; acompañaron al ídolo popular y se acoplaron mutuamente en una temporada de cuatro funciones que tuvo lugar del 9 al 12 de mayo de 1990.

El ensayo general que reunió a los trabajadores de Bellas Artes

El Divo de Juárez ofreció cuatro funciones en el recinto.
Juan Gabriel ofreció cuatro funciones en mayo de 1990 en el Palacio de Bellas Artes | Cortesía Mezcla


El tiempo pasa y el próximo 28 de agosto se conmemorará el décimo aniversario luctuoso de Juan Gabriel, quien murió de manera sorpresiva en Los Ángeles, California, a causa de un ataque cardíaco ocurrido después de una de sus exitosas presentaciones. Pero la leyenda continúa y su legado musical está más presente que nunca: no se ha dejado de escuchar ni de cantar a Juan Gabriel. ¿Qué mejor manera de homenajear al Divo de Juárez que con el estreno de Juan Gabriel: Mi Primer Bellas Artes en versión restaurada, reeditada y remasterizada que, bajo la dirección de María José Cuevas y con una duración de 1 hora con 50 minutos, se estrenará en la cadena Cinemex el próximo del 28 de agosto de 2026.

La destacada documentalista (Bellas de noche, La dama del silencio) vuelve a dirigir este nuevo proyecto conmemorativo que rescata material inédito –minutos introductorios editados por su hermana, la videasta Ximena Cuevas– como el legendario y único ensayo general que se convirtió en una función especial, un día antes, para el personal de Bellas Artes a la que tuvieron acceso taquilleras y acomodadoras, tramoyistas y utileros, archivistas, secretarias y dirigentes sindicales que, acompañados por sus familias, se la pasaron bomba al disfrutar de este privilegio.

A través de la anterior serie documental Juan Gabriel. Debo, quiero y puedo (2025), dirigida también por María José Cuevas, nos enteramos de que su producción fue posible gracias a que en una bodega estaban guardados –prácticamente abandonados– miles de registros visuales en distintos formatos y pietajes que capturan momentos de la trayectoria artística de Juan Gabriel. Cuando el artista dejó de autofilmarse agregó a su equipo a una persona cuya función específica era registrar en audio y video diversos aspectos de su vida pública y privada.

La directora está a cargo del restreno de Juan Gabriel en Bellas Artes.
María José Cuevas es una directora y productora de cine que trabaja con documental, video experimental, diseño y fotografía | Especial


Juan Gabriel fue un visionario –relata María José a DOMINGA– que muy pronto se dio cuenta del gran valor de lo que estaba logrando musical y creativamente hablando. Fue cuando decidió dejar este material para la posteridad”.

Es cierto que han habido proyecciones masivas de este primer concierto en Bellas Artes, pero han sido incompletas, fragmentarias, como parte de un popurrí. La tarea titánica que la documentalista reconoce en esta ocasión fue armar una narrativa a través de la selección y minuciosa edición de diversos fragmentos que constituían una especie de pedacería a la que había que darle sentido hasta completar una versión lo más completa posible de ese primer concierto en Bellas Artes. Además supervisó la corrección de color y la remasterización del sonido para que éste fuera envolvente.

A lo largo de la última década no había sido posible lograr una conciliación entre todas las partes participantes, pero la naturaleza del proyecto obligó a todos los involucrados a sentarse a la mesa de negociaciones: Iván Aguilera, poseedor de los derechos de autor de las canciones y del legado de Juan Gabriel; Sony Music; la casa productora de documentales Mezcla de Laura Woldemberg e Ivonne Gutiérrez, encargada de poner en las manos de María José Cuevas este significativo proyecto.

El día de la muerte del Divo de Juárez

El 28 de agosto se cumplen siete años del fallecimiento de Juan Gabriel.
El 28 de agosto se cumplen 10 años del fallecimiento de Juan Gabriel. Fototeca Milenio


El día de su muerte, 28 de agosto de 2016, casi el país entero vivió uno de sus lutos más grandes. Casi de inmediato, el Palacio de Bellas Artes abrió sus puertas por cuarta vez, en esta ocasión para despedir a un Juan Gabriel convertido en cenizas. Se calcula que unas 700 mil personas acudieron a darle su último adiós en largas filas que rodeaban las calles. El tributo valía la pena, aunque se pudiera estar frente a la urna sólo un par de minutos.

Para la documentalista de Bellas de noche, María José Cuevas, la parte favorita de este histórico concierto fue y sigue siendo cuando Juan Gabariel se dirige al público de Bellas Artes y con gran humildad dice: “gracias por cantar y bailar mis canciones”.

“Esta noche estoy feliz y quisiera expresarles mi deseo: que todos los artistas populares tengan la oportunidad de venir aquí porque este lugar se construyó con dinero del pueblo. Y que se le dé un lugar aquí a los compositores populares, porque en su época también Bach, Beethoven y Mozart fueron populares y tuvieron sus dificultades. No es que me compare... Me informan que en la entrada unos cantantes de ópera dicen que este es su lugar y no el mío. Yo preferiría ver a Juan Gabriel en Bellas Artes y a los cantantes en La Scala de Milán…”. Estallan los aplausos y la alegría.

Por su parte, esta tardía cronista-reportera reconoce que la parte favorita de ese primer concierto de Juan Gabriel en Bellas Artes es cuando una voz masculina entre el público le grita al artista alguna palabra con intención soez y Juanga responde con un simple “no me provoquen”. Sin embargo, ni la solemnidad del recinto se salvó de la llamativa vestimenta de Juan Gabriel ni de sus movimientos de hombros y meneos de caderas y mucho menos de su peculiar timbre de voz. Todo fue una gran fiesta en la que participaron por igual público, músicos y por supuesto el más Divo de todos los divos.

A la salida, casi la totalidad de los mil 396 asistentes –el aforo de la sala principal de Bellas Artes– nos volvimos cómplices al tararear, contentos y satisfechos, las canciones que acabábamos de escuchar en vivo, en noche irrepetible grabada en nuestros corazones. Hasta los críticos más recalcitrantes quedaron seducidos al ser testigos de la total entrega de Juan Gabriel. Es alentador recordar los escasos momentos en que podemos estar unidos sin importar las diferencias. Pero qué necesidad, para qué tanto problema… Ahora el cine multiplica miles de veces la privilegiada oportunidad que vivimos los quienes asistimos en 1990 a ese histórico “Mi Primer Concierto en Bellas Artes”. ¿Vamos?


GSC

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Patricia Vega
  • Patricia Vega
  • Periodista especializada en temas culturales y científicos. Sus reportajes, entrevistas y crónicas han sido publicados en México y el extranjero. Premio Nacional de Periodismo en 2010. Autora de varios libros.
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