El descanso es una parte fundamental para el bienestar de cualquier persona. Pero en la práctica se ha demostrado que la cultura del sueño se relega hasta un segundo o, incluso, tercer plano.
Según expuso Esmeralda Arango Gopar, especialista en trastornos del sueño, esta “poca atención al dormir” —consecuencia de factores como los largos traslados o las extensas jornadas laborales —trae consigo desinformación e ideas erróneas; la cuales, al normalizarlas, nos orillan a adoptar hábitos o pensamientos que perjudican la calidad de nuestro descanso.
“En nuestro país no tenemos una cultura de sueño. Entonces la atención a cómo duermo, si ronco o si no ronco, está abandonada y muy descuidada”, dijo a MILENIO.
“Roncar es sinónimo de un sueño profundo”
Aunque los ronquidos pueden perturbar el descanso de otras personas, socialmente aún se asocian a un buen descanso; manifestándose, por ejemplo, en frases como “¡Dormiste tanto que hasta roncaste!”.
Sin embargo, en ninguna circunstancia el ronquido debe considerarse como una señal de haber descansado profundamente. Por el contrario, aclaró Arango, “generan que la persona se mantenga en un sueño superficial, sin poder llegar a las etapas más profundas (que son las que garantizan el descanso)”.
Por definición, los ronquidos se producen cuando el aire pasa por los tejidos relajados de la garganta, haciéndolos vibrar mientras la persona respira.
La especialista explica que son relativamente “normales” en situaciones específicas, tales como un cansancio excesivo por exceso de trabajo. “A esto se le conoce como un ‘ronquido primario’ y eso no es una enfermedad”, abundó. No así cuando se presentan tres o más veces por semana.
“Eso ya no es normal. Eso es una patología y la tendríamos que investigar”; siendo la apnea del sueño la patología más común detrás de un estruendoso ronquido.
“Lo más importante es dormir 8 horas”
Sobran estudios e investigaciones que confirman la importancia de dormir ocho horas no sólo para el bienestar físico, también emocional e, incluso, psicológico. Pero el buen descanso no depende sólo de la cantidad, también de la calidad.
“Podemos dormir ocho o diez horas, pero si es de mala calidad, vamos a despertar cansados. O al revés: podemos dormir poco tiempo y si es de buena calidad, podría ser incluso más reparador que cuando dormimos más horas”.
En promedio, el descanso ideal en un adulto debería ser de siete a nueve horas. Sin embargo, la especialista aclaró que “no todas las personas necesitan la misma cantidad de sueño” para ser funcionales; para no sentirse cansadas; para realizar sus actividades sin cabecear, y para tener energía. “Es una condición inherente a cada quien”.
“Las siestas son necesarias”
El tema de las siestas aún genera polémica entre especialistas, quienes debaten si esas “pestañitas” son realmente benéficas o no para la salud.
Para Arango, por ejemplo, estos pequeños descansos son más recomendables en niñas y niños de preescolar; no así con las personas adultas y menos aún, destaca, cuando éstas duran de una a dos horas o más.
“Muchas veces la gente confunde una siesta con dormirse para cargar la pila para terminar el día. Esa es una manifestación de que yo no estoy durmiendo correctamente. (...) Una siesta es dormir un lapso de 15 o máximo 20 minutos en la tarde”.
ASG