Los niños y las niñas están cada vez más expuestas al contenido pornográfico. Ya sea por su habilidad en manejo de las redes sociales (saben dónde, cómo y de qué manera buscar); el poco control parental o la ineficiente regulación de las plataformas —algunas cuyo único filtro es preguntar, sin ningún tipo de confirmación, si la persona es mayor de edad—.
Las consecuencias de esta exposición precoz han sido plenamente documentadas: cosificación, asunción de comportamientos sexuales violentos, tergiversación el consentimiento, prácticas sexuales de riesgo y una concepción irreal no sólo del acto sexual, también de su propia sexualidad
“Esto influye mucho en el constructo de la autoestima sexual porque les habla sobre ‘cómo concibo mi cuerpo’ o ‘cómo concibo mis órganos sexuales; cómo debe de ser mi pene o vulva’.”, explicó en entrevista con MILENIO la sexóloga, Elia Martínez Rodarte. “Estos materiales no son difíciles de conseguir. Entonces imagínate qué construcción tendrán si la hacen desde modelos de ficción, porque, al final de cuentas, la pornografía es ficción”.
De 8 a 12 años: la edad promedio del consumo de pornografía
En 2020 la organización Save The Children identificó que el consumo de pornografía empieza a los 12 años en promedio.
Sin embargo, un análisis de la Universitat Oberta de Catalunya (UOC) arrojó que el 20% de adolescentes encuestados en más de 40 artículos reconoció haberla consumido antes de cumplir los diez años; e incluso se tienen casos registrados donde iniciaron a los ocho. Aunque hay una diferencia significativa entre hombres y mujeres: el 44.4% de los varones veía este contenido semanalmente; mientras el porcentaje de féminas alcanzó sólo el 22%.
Con ese dato en mente, el autor del estudio, Mario Ramírez Díaz, destaca una preocupación específica de la pornografía: cuando se convierte en una fuente de aprendizaje para las y los adolescentes. Un asunto del que Martínez Rodarte ha sido testigo de primera mano en algunas de sus consultas.
Una sexualidad ficticia y distorsionada
La pornografía repercute en la etapa de la adolescencia, especialmente durante la construcción de la identidad sexoafectiva. En el artículo Riesgos adscritos al consumo de pornografía mainstream en la adolescencia, los autores señalan que estos contenidos “reducen el acto a una mecánica coital” y dejan de lado la seducción, los afectos y sentimientos.
Asimismo, refuerzan estereotipos de género que repliegan a las mujeres como las encargadas de satisfacer el deseo sexual masculino —el único "válido" dentro de este universo, a tal punto que un gran número de estos contenidos parten de ese deseo y terminan con eyaculaciones exageradas y desmedidas —.
“Tomar como referencia modelos e imágenes ficticios puede alterar su percepción de lo que consideren ejemplar, aceptable o deseable con relación a su identidad sexual y también a sus expectativas y a sus prestaciones sexuales”.
La pornografía es clara en cuando al deber ser de la sexualidad masculina: “Los hombres (piensan) ‘debo de hacer estas posiciones’, ‘debo tener una erección siempre’, ‘debo eyacular mucho semen y aventarlo muy lejos’”. Y respecto a la femenina, Elia rescató una anécdota del squirt que no le extraña escucharla en sus consultas:
“A mí se me hace muy divertido porque me dicen: ‘Es que yo sí he tenido el squirt’ y (dicen que) les ha salido un chorro como una manguera. Y eso es imposible.
Las glándulas parauretrales, que son las que emiten el squirt, no tienen esos mecanismos de propulsión. (...) Generalmente cuando en la pornografía se simula un quirt, es un chorro de orina y también hay mucho otros trucos para fingir un squirt”.
Ningún tipo de contenido pornográfico está exento de ser una escenificación ni siquiera el conocido como amateur; el cual buscaría ser “más casual”, “casero” u “orgánico” por supuestamente tratarse de personas sin experiencia ni habilidad. Pero esa es otra más de las fachadas de la pornografía que puede tergiversar el concepto del consentimiento.
“Mucha gente me pregunta: ¿Y el sexo amateur?. El sexo amateur, desde el momento en que está siendo grabado, hay una intención de ser expuesto porque también está escenificado. Desde que rompemos la ‘cuarta pared’ ya hablamos que hay una intención de exposición”, señaló la especialista a MILENIO.
¿Cómo afecta la pornografía a las relaciones afectivas?
- 1 Sustituyen la comunicación e intimidad por la inmediatez, validación externa y sin emoción
- 2 Promueve un modelo de pareja regida por el control, la exigencia y la subordinación
- 3 Genera desapego afectivo dificultando la conexión emocional con la otra parte
- 4 Promueve relaciones basadas en el sexo, y por ende, dificultad para tener relaciones estables
- 5 Demuestran que el consentimiento es ambiguo
Perjudica al autoestima sexual
El sexólogo, Moisés Franco Madero, explicó a MILENIO que el término “autoestima sexual” es relativamente nuevo y su significado va más allá de la sexualidad perse. Implica preguntarse “¿Qué tan bien me siento conmigo mismo y mi sexualidad?”; “¿Qué tan seguro estoy con mi cuerpo y mis límites?”, y “¿Qué tanto puedo hacerlo hacia la otra parte?”.
Pero cuando la pornografía se vuelve la guía de sexualidad del niño, la niña o el adolescente, es muy probable que crezca con inseguridad cuando su vulva, sus pechos, su pene o cualquier otro órgano sexual no cumpla con los irrelaes que ve en el contenido +18.
“(La pornografía) te habla del ‘cómo debería concebir mi cuerpo’ y ‘cómo deberían ser mis órganos sexuales’: sin pelos, rositas, un pene grande, una vulva rosa, etcétera. Entonces, imagínate, cómo se sentirá una criatura al ver que su cuerpo tiene pelos o la vulva es irregular
Creo que en la actualidad la autoestima sexual sí se está construyendo por la pornografía”, atajó Elia.
ASG