En el camino hacia la vejez, la pérdida del oído y la vista puede ser una etapa difícil de atravesar. Más aún cuando el entorno social (como la familia o las amistades) no está preparado para apoyar en esa transición.
Es ahí cuando inocentemente las y los familiares piensan que hablar fuerte al adulto mayor o prohibirle ciertas actividades es un acto de amor y de ayuda. No obstante, a veces esas “buenas acciones” pueden resultar perjudiciales para su autoestima; orillándolos, incluso, al aislamiento social, la depresión y otros padecimientos físicos.
¿Qué hacer si mi adulto mayor ha comenzado a dejar de ver y escuchar?
Las consecuencias de la falta de visión y audición no son esporádicas, sino un cúmulo de diversos factores que, por esta misma naturaleza, deben atenderse desde diferentes frentes.
Y contrario a lo que se podría pensar, no son impedimentos para tener una vida digna y con bienestar. “La clave está en comprender que la calidad de vida no depende únicamente de las capacidades físicas, sino del nivel de inclusión, apoyo y sentido de pertenencia que la persona tenga”. O en otras palabras, es crucial que la o el adulto mayor se sienta escuchado y respetado, mantenga vínculos significativos y conserve su autonomía en la medida de lo posible.
No gritar y validar su duelo
Desde la familia, por ejemplo, la primera acción que Elizeth Altamirano recomienda evitar es gritar al comunicarse con el o la adulta mayor. En su lugar, hay que procurar que la conversación cumpla con otras condiciones:
- Claridad
- Hablar de frente
- Pausado
- Con un tono grave
- Discurso concreto y simple que vaya hacia las indicaciones.
Todo ello, destacó el especialista, siempre respetando los tiempos de respuesta y no asumir que ya no pueden decidir por ellos mismos —lo cual se logra preguntando su opinión y validando sus aportaciones—.
Altamirano explicó que la familia también debe acompañar emocionalmente al adulto mayor, validando las emociones como tristeza o enojo.
De igual manera, y aunque pueda costar trabajo, es preferible evitar la sobreprotección, ya que ésta limita su autonomía y refuerza la dependencia. En su lugar, explicó el especialista, hay que fomentar su participación con acciones como preguntar su opinión y validando sus aportaciones.
“No se trata de hacer todo por la persona mayor, sino de crear condiciones para que pueda seguir haciendo por sí misma”.
Adecuar sus espacios, no alterarlos
Por otro lado, en el tema de la pérdida visual, es recomendable adaptar sus espacios: mejorar la iluminación, reducir los ruidos de fondo o elegir espacios accesibles.
No obstante, es importante que la familia no cambie el mobiliario, pues con la vista también hay memoria fotográfica. Por ende, al modificar sus espacios automáticamente se vuelven más propensos a sufrir un accidente.
“Lo estamos metiendo en una trampa mortal, porque uno va reconociendo los espacios, los lugares y los objetos. Entonces lo ideal es mantenerlo allí. (...)
Desafortunadamente, muchas veces por ahorrar luz se les ponen focos que no son del color o voltaje adecuado, entonces hay una pérdida de visibilidad por falta de luz”.
Consecuencias psicológicas de la pérdida auditiva y visual
Más allá de ya no escuchar el timbre de la casa o de no poder identificar los rostros de sus familiares, dejar de escuchar o de ver impacta directamente en la identidad, autoestima y manera de relacionarse con el mundo de las y los adultos mayores. Al final del día, señaló Altamirano, es un duelo para ellos.
“La pérdida agresiva de la audición y la visión suelen vivirse como un duelo. Un duelo por la pérdida de capacidades, independencia y la imagen que la persona tenía de sí misma”.
Y como todo proceso de duelo, las y los adultos mayores pueden experimentar sentimientos de tristeza y frustración, así como ansiedad por el miedo a equivocarse, por no entender lo que otras personas dicen o por depender de alguien más.
De igual manera, otros efectos de estas pérdidas son:
- Vergüenza al no poder seguir una conversación o responder de manera equivocada.
- Baja autoestima al autopercibirse como una carga, inútiles o incapaces.
- Se ve afectada la percepción del control sobre su propia vida.
- Depresión, irritabilidad o retraimiento emocional al reducirse su sensación de autonomía.
- Fatiga mental y emocional ante la dificultad para comunicarse o interactuar.
- Aislamiento como forma de autoprotección ante “un entorno poco inclusivo”.
“Muchas veces no es la pérdida sensorial en sí lo que aísla, sino la falta de adaptaciones sociales, la impaciencia de los demás, la escasa empatía y la ausencia de apoyos adecuados”.
ASG