El medicamento Ozempic, famoso por su uso para bajar de peso, también había despertado expectativas en el terreno neurológico.
En particular, se creía que su principio activo, la semaglutida, podría ayudar a frenar el avance del Alzheimer. Sin embargo, un nuevo estudio acaba de enfriar ese entusiasmo.
De acuerdo con resultados publicados en la revista científica The Lancet, la versión oral de este fármaco no logró ralentizar la progresión del Alzheimer en pacientes con etapas iniciales de la enfermedad.
El análisis se basa en los ensayos clínicos EVOKE y EVOKE+, considerados los primeros estudios aleatorizados de fase III a gran escala que evaluaron este posible beneficio. En total, participaron cerca de 3 mil 800 personas de entre 55 y 85 años, todas con diagnóstico confirmado de Alzheimer leve.
Durante el estudio, los participantes recibieron diariamente hasta 14 miligramos de semaglutida en forma de comprimido, un medicamento del grupo GLP-1, o un placebo. El seguimiento se extendió por dos años, tiempo suficiente para observar si existían cambios relevantes en la evolución de la enfermedad.
El resultado fue claro: no hubo diferencias significativas entre quienes tomaron semaglutida y quienes recibieron placebo en cuanto a la progresión del Alzheimer. Es decir, el medicamento no logró frenar el deterioro cognitivo asociado a esta enfermedad.
Incluso en un grupo adicional de pacientes que continuó un año más bajo observación, los hallazgos se mantuvieron sin cambios. El fármaco no mostró un impacto clínico que justificara su uso como tratamiento para este padecimiento.
Eso sí, no todo fue completamente negativo. En un subgrupo más pequeño, de alrededor de 200 pacientes, los investigadores detectaron reducciones en algunos marcadores biológicos relacionados con el Alzheimer.
Sin embargo, este efecto no se tradujo en una mejora real o en una desaceleración del avance de la enfermedad, lo que limita su relevancia práctica.
Estos resultados contrastan con estudios preliminares que habían generado optimismo. Investigaciones previas, incluyendo pruebas en animales, análisis observacionales y ensayos en personas con diabetes tipo 2 u obesidad, sugerían que los fármacos GLP-1 podrían tener un efecto protector frente a la demencia.
Pero este nuevo ensayo, más amplio y controlado, deja algo claro: lo que funciona en teoría o en fases tempranas de investigación no siempre se confirma en la práctica clínica.
Así, aunque la semaglutida sigue siendo una herramienta efectiva para el control de la diabetes y la pérdida de peso, por ahora no hay evidencia sólida de que también pueda convertirse en un aliado contra el Alzheimer. Y en ciencia, cuando los datos hablan, no hay mucho espacio para ilusiones.
Con información de EFE / JCM