Los gemidos suelen interpretarse como una señal del “buen sexo”, pues surgen cuando en el acto hay excitación, deseo, comodidad o una correcta estimulación de la pareja. Así lo afirman varias de las (pocas) investigaciones que existen al respecto.
Pero detrás de estas vocalizaciones sexuales también hay normas sociales y diferencias de género que, poco a poco, indican cómo debería sonar el sexo; invisibilizando otras aristas de los gemidos, por ejemplo, que también pueden ser una señal de incomodidad.
Los gemidos más allá del placer
Un estudio reciente de la revista Social Sciences (2026), centrada en la primera experiencia sexual de 313 personas adultas, explica que los gemidos forman parte de las vocalizaciones sexuales; las cuales también abarcan expresiones lingüísticas como el lenguaje obsceno, así como quejidos, suspiros, jadeos, chillidos o gritos. No obstante, se demostró que dentro de este espectro, los gemidos seguían siendo la expresión natural de placer.
De hecho, un artículo de la revista Evolution and Human Behaviour (2024), demostró que el clímax de un encuentro sexual (con o sin orgasmo) es fácilmente detectable por la intensificación de estas vocalizaciones. E incluso demostró que, en el orgasmo, los hombres gemían casi tanto como las mujeres.
Por supuesto, esto también tiene una explicación desde el lado fisiológico. Según explicó la educadora sexual, Camila Lavalle, la excitación aumenta la activación del sistema nervioso autónomo; cambia la respiración; hay mayor tensión muscular, y, a consecuencia todo ello, también incrementan las vocalizaciones espontáneas.
Sin embargo, no todo gemido es una señal de placer.
“Hay ocasiones en las que los gemidos surgen cuando algo duele o incomoda y no agrada, o cuando duele o incomoda, pero sí agrada”, señaló la también vocera de JoyClub Latam. “No siempre significa ‘esto me gusta’”.
Las experiencias y necesidades sexuales son tan diversas como las mismas personas. Por ende, puede haber personas que vocalizan más que otras —tanto en volumen, intensidad o duración — y esto, destacó Lavalle, no está relacionado al placer que sienten. En otras palabras, y con ejemplos “prácticos”: hay quienes gimen a un alto volumen sin sentir excitación, así como aquellas que llegan al orgasmo en total silencio.
“Por eso importa mucho verbalizar, preguntar y comunicar si algo te está agradando o no al compás de los sonidos que emitimos”.
¡Explora tus vocalizaciones!
Escuchar los gemidos propios es un buen ejercicio para concientizar sobre las sensaciones que nos generan placer: “Ese sonido puede funcionar como una señal que regresa a la persona al presente, al aquí y el ahora”, externó Camila.
Para lograr conectar con la vocalización sexual y con el placer, la educadora sexual recomendó:
- Observar la respiración: no es necesario fabricar o fingir sonidos. Si sientes placer, en automático tu respiración fluirá de forma natural.
- No actuar: es decir, plantearse la pregunta “¿Qué sonido me sale naturalmente cuando algo me gusta?”.
- Usar el volumen que te resulte cómodo: la pornografía y las películas han instruído una forma exagerada de expresar los gemidos. Pero en el plano terrenal, el volumen e intensidad obedece a tu placer y comodidad.
- Combinar los sonidos con las palabras: aunque se les considera como un indicio de placer, los gemidos siguen siendo ambiguos. Por ello, Lavalle recomienda expresar a la pareja cómo nos sentimos, ya sea con frases, como “eso se siente bien” o “me gusta”; o instrucciones, como “no pares” o “justo ahí”.
ASG