Esta temporada de hongos resultó fuera de lo común: llegó casi dos meses antes al Valle de México. Las lluvias intensas interrumpidas drásticamente con periodos de semanas de sequía ayudaron a que las setas crecieran entre los restos de madera y hojarasca que tapizan la zona boscosa de la Sierra de Las Cruces.
“La fructificación de las setas se adelantó. A finales de septiembre, cuando deberíamos ver la mayor diversidad y abundancia de hongos en el Valle de México, prácticamente estaremos dando por terminada la etapa de fructificación”, comparte David Tovar, Jefe de Conservación y Manejo de Ecosistemas de la Reserva Santa Fe.
No es la primera vez que el reino Fungi crece de forma atípica, sin embargo, el fenómeno parece alertar sobre el futuro.
¿Cuál es la temporada típica en el Valle de México?
En el Valle de México la temporada de hongos está marcada por la estacionalidad, el mes más representativo es agosto o como se le suele llamar “hongosto”, le sigue septiembre. Es durante estos dos meses que se da la mayor etapa de fructificación, es decir, el momento en el que un hongo forma su parte visible (como el champiñón o la seta) para soltar esporas y reproducirse.
Dado que su crecimiento depende de diversos factores, cuando uno o varios de ellos se alteran también lo hace su periodo de aparición, de hecho, una temporada atípica puede deberse a variaciones naturales.
Sin embargo, de acuerdo con David Tovar, también se le puede asociar al cambio climático impulsado por las actividades humanas ya que las temperaturas regionales y los patrones de lluvia se ven alterados.
Aún se requieren estudios prospectivos para atribuir la anomalía del Valle de México al calentamiento global. Por ahora, estudios recopilados en Mushroom fruiting and climate change muestran que estos cambios ecológicos varían enormemente según la especie y la ubicación geográfica. Los hallazgos más importantes destacados por la investigación fueron los siguientes:
- Las temporadas más cálidas en otoño e invierno retrasan el inicio de las cosechas
- Los inviernos suaves y el retraso de las primeras heladas permiten que algunos hongos fructifiquen durante un periodo de tiempo mucho más largo.
- Las temperaturas invernales más elevadas provocan que los hongos que fructifican en primavera aparezcan antes en el año
- Los períodos de sequía severa y las altas temperaturas reducen la humedad del suelo, lo que disminuye el crecimiento de hongos silvestres en zonas secas
“El adelanto o la alteración de las temporadas afecta a toda la red de interacciones ecosistémicas. Los periodos irregulares de lluvia y sequía alteran la velocidad a la que los hongos saprofitos descomponen la materia vegetal e integran nutrientes al suelo”, comparte David.
La falta de setas en los meses de abundancia teórica priva de alimento a diversos mamíferos y fauna silvestre mientras que las asociaciones entre las raíces de las plantas y los hongos (donde el hongo aporta agua y minerales disueltos y el árbol azúcares) se debilitan bajo condiciones de humedad y temperatura irregulares, como explica el biólogo.
¿Cómo afectan estos cambios?
Los efectos de un periodo atípico pueden variar. “Existen estudios sobre hongos en cuerpos de agua. Por ejemplo, al subir la temperatura del agua por el cambio climático, ciertos hongos se benefician y aumentan su abundancia”
Al mismo tiempo, organismos ectotérmicos como peces y anfibios (ranas como Ilexia aplicata o ajolotes como Ambystoma mexicanum) sufren inmunodepresión por el estrés térmico. Los hongos aprovechan esta debilidad para infectarlos, provocando severos declives poblacionales.
Respecto a si los cambios podrían favorecer a especies dañinas o alterar la presencia de especies comestibles y venenosas el especialista respondió: no necesariamente, pero puede influir.
“No significa que surjan más hongos tóxicos de la nada, sino que cambia la distribución geográfica y la abundancia de las especies. Podemos empezar a ver en el Valle de México hongos propios de climas más cálidos, o bien zonas donde la saturación de agua impide la fructificación o supervivencia de especies locales”
Este reino es crucial en el cuerpo humano, puede tanto mantenerlo sano, como enfermarlo. Actualmente se conocen más de 200 especies que causan afecciones en los humanos, pero a medida que este reino se ve orillado a adaptarse también lo hace su forma de sobrevivir en el cuerpo.
Las investigaciones han encontrado que al menos varios puntos importantes como por ejemplo, que el cambio climático está contribuyendo a la propagación de especies que causan enfermedades o que los desastres naturales (en ocasiones agravados por las altas temperaturas) pueden desencadenar brotes de enfermedades.
En 2019 se dio a conocer el ‘nacimiento’ de Candida auris que es considerado el primer patógeno fúngico nuevo surgido a causa del cambio climático. Apareció simultáneamente en tres continentes y nació resistente a ciertos antifúngicos. Candida auris infecta a personas que ya están enfermas y puede causar sepsis e insuficiencia multiorgánica.
Hongos en peligro
Estas especies pueden pasar desapercibidas para el ojo humano, pero señalan la presencia, ausencia de salud de un ecosistema completo.
Por ejemplo los líquenes (asociación simbiótica entre un hongo y un alga o una cianobacteria) son sensibles a los contaminantes; si no están presentes, indican mala calidad del aire. Si solo abundan líquenes escamosos, señala la presencia de contaminación, ya que estos son más resistentes.
Encontrar un exceso de hongos descomponedores sugiere que el bosque está en degradación o declive, debido a la acumulación acelerada de materia muerta. La ausencia en sus épocas y zonas de distribución naturales indica la presencia de agentes contaminantes que impiden su fructificación o desarrollo, como detalla el biólogo.
Como la mayoría de los seres vivos, este reino también está siendo amenazado por la crisis climática y la sobreexplotación de los ecosistemas: 411 de las 1, 300 especies de hongos evaluadas en todo el mundo están en riesgo de extinción, la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN).
A la larga su desaparición compromete una red compleja de conexiones en la naturaleza, incluyendo a especies fuera del reino fungi que dependen de ellos, sin olvidar que podría cerrar las puertas a nuevas investigaciones ya que ofrecen beneficios enormes para la tecnología, lo que incluye nuevas formas de elaborar fármacos.
Así que, ¿cómo debemos interpretar esta temporada atípica y qué acciones podemos tomar?
Para el Jefe de Conservación y Manejo de Ecosistemas de la Reserva Santa Fe debería interpretarse “como un llamado de atención de que la crisis climática es real”. La conservación de los hongos depende directamente de la protección de sus hábitats: evitar la contaminación del suelo y del aire, reducir el uso del automóvil y frenar el sobreconsumo podrían contribuir a revertir sus efectos.
LHM