Existen dos caras del estrés: el positivo (también llamado eustrés) que estimula la creatividad, iniciativa y eficiencia para resolver problemas; y el negativo (distrés) —el que todas y todos conocemos —, el cual se asocia con un mal rendimiento y sensaciones negativas.
El asunto es que ambas están separadas por una línea delgada. Y no suficiente con ello, es sencillo que cuando no se tienen los recursos emocionales adecuados, un paso en el estrés negativo pueda escalar hasta un estrés crónico; es decir, aquel donde el desborde emocional se manifiesta en sufrimiento psicológico y hasta físico.
De ahí la importancia de adoptar estrategias para la gestión del estrés a largo plazo, tales como las que Tanisha Douglas, profesora de la Universidad de Birmingham City, explicó en un artículo para The Conversation.
1. Empezar poco a poco
¿A quién no le ha invadido la idea de querer dar un giro de 180° en su vida o simplemente de mejorarla de la noche a la mañana? Es un pensamiento común, pero poco realista, que suele surgir cuando la vida comienza a abrumarnos.
Estudios como el desarrollado por Scarlett Smout para la revista Int J Ment Health Addiction, demuestran que la mayoría de mejoras significativas que una persona experimenta empieza con babysteps; es decir, los pequeños pasos.
Afortunadamente, dichos actos son compatibles con la rutina de la vida diaria y, por ende, basta de un par de minutos al día para ponerlos en práctica. Algunos de los mencionados por Douglas son: hacer estiramientos mientras se calienta el agua de café, colocar el celular en modo “No molestar” o hacer ejercicios de respiración consciente cada mañana.
2. Establecer metas medibles
La intención no es suficiente para controlar el estrés. Al contrario, la recomendación es aterrizar ese deseo en objetivos claros y específicos, con los cuales podamos saber si logramos o no mejorar.
Por ejemplo, algunas personas podrían gestionar el estrés con caminatas de 20 minutos después de trabajar; mientras otras pueden hallar esa paz privándose de usar cualquier tipo de pantalla una hora antes de dormir.
“Las metas alcanzables generan confianza, y la confianza ayuda a calmar el sistema nervioso”, explica Douglas en su artículo.
En tanto, si dicho estrés proviene o genera rumiación mental (es decir, dar vueltas a los mismos pensamientos negativos) en la persona, la psicóloga, Alejandra Ortigoza, recomendó escribir todos esos pensamientos en una hoja de papel.
3. Revisa regularmente tu estado de ánimo
El método que quizás funcionó en un momento o circunstancia posiblemente no dé los mismos resultados en dos meses; semanas o unos pocos días después de aplicarlo.
Esto porque los factores que influyen en el estrés —tales como el contexto, las emociones o las relaciones personales —están en constante cambio y, por ende, también lo deben estar nuestras estrategias para afrontarlo.
Por ello es importante detenerse y dedicar unos minutos a la reflexión, de tal forma que se pueda identificar cuáles estrategias han resultado útiles y cuáles ya representan un carga para nosotros.
4. No subestimes lo básico
Especialmente, aquellos consejos “clichés” para enfrentar al estrés, tales como la actividad física constante, el buen descanso, la alimentación nutritiva e invertir tiempo con amistades, familiares u otras redes de apoyo. “Suelen ser los más importantes, y a la vez los más olvidados”, señala la docente de la Universidad de Birmingham City.
Afortunadamente, no es necesario implementarlo de la noche a la mañana y al pie de la letra para empezar a ver los efectos en nuestro bienestar; ya que el objetivo de incorporarlos —o volver a incorporarlos en la rutina—es crear hábitos. Por lo que un paseo corto para pasear al perro, incluir fruta en el desayuno o enviar un mensaje en lugar de estar en redes sociales es suficiente para generar grandes cambios a largo plazo.
5. Controlar la voz en tu cabeza
Aunque el estrés proviene de presiones extremas, también puede originarse por cuestiones internas. Es decir, por la percepción que tenemos de nosotros mismos; de nuestros logros, o la manera en cómo nos hablamos.
Una manera para identificar y cuestionar dichos patrones, propuesta desde la terapia cognitivo-conductual, es cuestionar “¿Eso que pienso es realmente cierto?” y “¿Qué pruebas tengo?”.
“Replantear los pensamientos negativos no hará que el estrés desaparezca, pero puede cambiar la forma en que lo afrontas”.
ASG