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Sin ataduras

Libertad o muro: símbolo de EU

Agustín Gutiérrez Canet

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El reciente discurso del presidente Donald Trump, televisado desde la Oficina Oval a toda la nación en horario de máxima audiencia, no logró elevar el bajo apoyo del público al muro con México.

El mandatario trató una nueva jugada en una batalla que parece estar perdiendo, escribió ayer el analista Dan Balz de The Washington Post. La siguiente será declarar “emergencia nacional” para construir la muralla sin la aprobación del Congreso.

En diciembre, 57 por ciento del público opinó que Trump debe negociar un acuerdo para evitar el cierre parcial del gobierno, mientras que 36 por ciento cree que no debe ceder en el muro, aunque se interrumpa el servicio público, según encuesta de NPR, PBS News Hour y MaristPoll.

El cierre parcial inició el 22 de diciembre y ya dura casi tres semanas. El Congreso negó al presidente 5.7 mil millones de dólares para financiar la construcción del muro, que fue condicionado a cambio de mantener abiertas las oficinas gubernamentales.

La estrategia del mandatario consiste en persuadir a los ciudadanos estadunidenses de que los migrantes son la causa de una “creciente crisis humanitaria y de seguridad” en la frontera con México y culpar a los demócratas, en control de la Cámara de Representantes, por la parálisis gubernamental.

Richard Nixon cerró en 1969 la frontera terrestre con la “Operación Interceptación” para impedir el narcotráfico, estrategia que causó más perjuicios a Estados Unidos que a México, pero ahora la mayor parte de las drogas entra por los puertos marítimos y aéreos de este país, según la DEA.

Trump no está enfrentando una crisis migratoria, la está tratando de crear a través de infundir el miedo para salirse con la suya: ser reelecto en 2020.

Y sabe que no podrá ser reelecto si no logra subir el 36 por ciento de su base electoral, blancos conservadores de clase media baja.

A Trump no le importa la realidad, lo que le importa es crear una imagen distorsionada de la realidad que convenga a sus intereses. Si los hechos no lo avalan, no importa, su discurso sigue igual, con el fin de manipular las emociones más primitivas con tal de cumplir con su principal promesa electoral.

El presidente proyectó una imagen de muerte e inseguridad a lo largo de la frontera, en la que los migrantes indocumentados son asesinos, narcotraficantes y violadores. Y para acabar con el problema, arguyó, la única solución es una barrera de acero.

Aunque sea muy hábil comunicador, a Trump no le ha funcionado su estrategia, pues no ha logrado cambiar la mayoría de la opinión pública a su favor ni doblegar a los demócratas.

La presidenta del Congreso, Nancy Pelosi, y el líder demócrata de la Cámara de Senadores, Charles E. Schumer, replicaron de inmediato a Trump. Rechazaron que las mujeres y niños en la frontera sean una amenaza a la seguridad, más bien son un desafío humanitario.

Pelosi, la mujer más poderosa de Estados Unidos, dijo: “El símbolo de Estados Unidos debe ser la estatua de la Libertad no un muro de 30 pies”.

Los demócratas son contrapeso a la política antiinmigrante y sus posiciones convergen con los países centroamericanos, principal fuente de migración.

Hasta ahora se trata de un pleito interno, pero no hay que confiarse: la acción de México deberá ejercerse con prudencia si se falta a la dignidad del país.

gutierrez.canet@milenio.com

@AGutierrezCanet


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