Niñas y niños de una primaria pública del Estado de México impulsaron su creatividad y capacidades tecnológicas para desarrollar un robot acuático capaz de ayudar en la localización de vestigios arqueológicos bajo el agua.
MILENIO fue testigo de la innovación que fue diseñada por estudiantes y docentes del sur del Estado de México y actualmente es probada por especialistas vinculados al Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH).
El proyecto surgió dentro de los programas educativos STEM (Science, Technology, Engineering, and Mathematics, es decir, Ciencia, Tecnología, Ingeniería y Matemáticas) impulsados por Fundación RobotiX, organización mexicana sin fines de lucro que desde hace dos décadas promueve la enseñanza de estas disciplinas en escuelas del país.
“El proyecto tomó alrededor de ocho meses de trabajo y nació gracias a la colaboración entre estudiantes, madres y padres de familia, así como especialistas en arqueología y ciencias acuáticas”, detalló la profesora Amanda Heredia Díaz.
¿Quiénes crearon Arqus, el robot que busca vestigios arqueológicos bajo el agua?
Los creadores son 10 estudiantes —seis niñas y cuatro niños— que cursan quinto y sexto grado en la Escuela Primaria “Profesor Santos Cárdenas”, ubicada en el municipio de Almoloya del Río.
El nombre de este municipio proviene del náhuatl “Almoloyan”, que significa “lugar donde nace el agua”. Precisamente ahí nace el río Lerma, y la localidad cuenta con una importante extensión de cuerpos de agua, incluida la Laguna de Chignahuapan.
Se trata de una comunidad principalmente urbana, vecina de municipios como San Antonio la Isla, Atizapán, Tianguistenco, Texcalyacac y Rayón.
La región posee una amplia historia prehispánica, principalmente por su relevancia comercial. Datos del INAH señalan que el lugar estuvo habitado desde el año 1300, aunque algunos especialistas consideran que existen indicios de una ocupación aún más antigua debido a su ubicación y cercanía con la laguna.
El río Lerma, uno de los más importantes del país, inicia su cauce en esta zona. De la laguna se desprenden corrientes subterráneas que atraviesan diversos municipios mexiquenses.
En la época prehispánica, la laguna fue un punto clave para el intercambio comercial entre pueblos como San Antonio la Isla, San Juan la Isla, Rayón y Tenango.
Quizá por ello resultó tan adecuado el nombre del equipo escolar “Ajolotitos”, integrado por las y los estudiantes encargados de diseñar el robot “Arqus”, un prototipo enfocado en detectar anomalías y posibles estructuras arqueológicas en zonas subacuáticas.
Así funciona el robot “Arqus”
De acuerdo con los docentes del proyecto, el robot fue desarrollado mediante impresión 3D y equipado con sensores ultrasónicos, motor acuático y un sistema de comunicación HMI (Human Machine Interface).
El mecanismo permite enviar información a dispositivos móviles para identificar alteraciones o figuras geométricas anómalas debajo del agua, con la finalidad de ampliar las zonas de investigación histórica en el país.
Ante el éxito inicial del proyecto, las y los estudiantes, apoyados por un equipo multidisciplinario de docentes, realizaron pruebas de campo que permitieron comprobar la eficiencia del sistema e identificar objetos sumergidos.
Durante pruebas realizadas en la Laguna de Chignahuapan, el prototipo logró detectar vestigios arqueológicos reales, entre ellos piezas y estructuras que posteriormente fueron registradas y resguardadas para investigación especializada.
¿Cómo fue diseñado el robot subacuático?
Mauricio Pueblas, profesor y coach del equipo escolar con experiencia en ingeniería mecatrónica, explicó que el sistema busca detectar elementos considerados “ajenos” al entorno natural y que podrían corresponder a restos arqueológicos.
“‘Arqus’ es un prototipo acuático construido con impresión 3D, equipado con sensor ultrasónico, motor acuático y un sistema de comunicación HMI que permite enviar información a dispositivos móviles para identificar perturbaciones o figuras geométricas anómalas bajo el agua; es decir, elementos que no corresponden al ecosistema natural y que podrían indicar la presencia de estructuras o piezas arqueológicas”, explicó.
El proyecto requirió alrededor de ocho meses de trabajo conjunto entre estudiantes, docentes, madres y padres de familia, así como especialistas en arqueología y ciencias acuáticas.
La profesora Amanda Heredia Díaz detalló que uno de los asesores externos fue Roberto Junco, director de Arqueología Subacuática del INAH, quien compartió con las y los menores algunas de las necesidades que enfrentan los arqueólogos durante exploraciones bajo el agua.
A partir de ello, las y los estudiantes comenzaron a diseñar una herramienta que permitiera realizar búsquedas más precisas, seguras y menos invasivas.
¿Qué instituciones participaron en el proyecto?
El proyecto también recibió orientación de especialistas del Instituto Politécnico Nacional (IPN), la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y la Escuela Nacional de Antropología e Historia (ENAH).
Actualmente, “Arqus” continúa en etapa de evaluación en exploraciones relacionadas con zonas lacustres cercanas al Nevado de Toluca, debido a que representa una alternativa más económica y segura frente a los equipos especializados utilizados en arqueología subacuática.
De acuerdo con los impulsores del proyecto, una versión más avanzada del robot podría desarrollarse con una inversión aproximada de 15 mil pesos, lo que reduciría considerablemente los costos y riesgos para arqueólogos y buzos que actualmente deben ingresar físicamente a zonas subacuáticas complejas.
El prototipo ya se encuentra en proceso de patente ante el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), a nombre del club escolar “Ajolotitos”, cuyos integrantes tienen entre 9 y 11 años.
Arqueología subacuática en México
En su página especializada, la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del INAH explica que esta instancia se encarga de investigar, conservar, proteger y difundir el Patrimonio Cultural Sumergido de México.
“La clasificación legal ‘Patrimonio Cultural Subacuático’ se utiliza para englobar todo resto material de actividad humana que haya permanecido bajo el agua, parcial o totalmente, de forma periódica o continua, durante al menos 100 años y que tenga carácter cultural, histórico o arqueológico”.
En México existen rastros materiales considerados Patrimonio Cultural Sumergido que se remontan incluso a la prehistoria.
Hasta ahora, los hallazgos más antiguos se han producido en el cenote Hoyo Negro, en Quintana Roo, donde fueron encontrados restos del esqueleto de una joven mujer llamada Naia, así como decenas de animales pertenecientes a la megafauna, con una antigüedad estimada de entre 12 mil y 13 mil años.
¿Qué leyes protegen el Patrimonio Cultural Sumergido?
Especialistas señalan que la protección legal del patrimonio cultural sumergido es un tema prioritario para numerosos países.
El 5 de diciembre de 1956, durante la IX Sesión de la Conferencia General de la Unesco en Nueva Delhi, surgió el primer acuerdo internacional relacionado con este tema.
Posteriormente, entre el 15 de octubre y el 3 de noviembre de 2001, la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) aprobó en París una nueva resolución conocida como la Convención de 2001.
Actualmente, esta convención, junto con la Ley Federal sobre Monumentos y Zonas Arqueológicos, Artísticos e Históricos —particularmente el artículo 28 TER, reformado por última vez el 16 de febrero de 2018—, conforma el marco jurídico que protege el patrimonio cultural subacuático en México.
¿Qué hacer si encuentras patrimonio cultural bajo el agua?
Los arqueólogos advierten que el Patrimonio Cultural Sumergido es extremadamente delicado y puede dañarse al cambiar de ambiente.
Por ello, recomiendan comunicarse de inmediato con el INAH para contribuir a su protección y evitar saqueos o destrucción.
La Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) pone a disposición el número telefónico 55 5522 7364, además de atención directa en cualquier Centro INAH del país.
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