Querida persona que lee,
Los milagros ocurren en los lugares menos sospechados: un salón del Conalep, por ejemplo. Ahí, Ángela Olazarán —Angelita para la banda— diseñó un robot que diagnostica enfermedades sin necesidad de internet.
En un país donde la conexión falla más que los discursos, la hazaña debería bastar. Pero no: su historia también desnuda la otra constante nacional, esa que castiga el talento cuando no viene empaquetado en apellidos, piel o códigos aceptables. La revolución tecnológica arranca, sí, pero lo hace esquivando prejuicios.
Mientras tanto, en el catálogo del horror cotidiano, cae ‘El Bukanas’, ese vestigio de Los Zetas que convirtió ranchos en academias del crimen frente a primarias rurales. Su captura no sólo cierra una cacería: exhibe la geografía moral de un país donde la violencia convive con la infancia, pared con pared, como si fuera paisaje y no tragedia.
Y en la vitrina digital, la democracia se maquilla. El voto también pasa por el filtro de Instagram: hay candidatos que seducen antes de convencer. La belleza, ese capital volátil, impulsa carreras o las incendia. En la era del scroll, la política no sólo se discute: se mira, se juzga, se desea.
Historias diversas, un mismo espejo: México avanza, pero lo hace entre contradicciones que no caben en ningún algoritmo.
Hay que leer para contarla,
@dominga_milenio