Querida persona que lee,
Arrancar el año suele ser un ejercicio de simulación: propósitos que no sobreviven a febrero, listas que prometen disciplina y obediencia. En DOMINGA preferimos otro ritual. Mirar quiénes están escribiendo el presente sin ceñirse a las reglas del pasado. Buscamos señales que nos permitan avistar el futuro de la crónica mexicana.
Aquí les presentamos nuestro Especial: Cronistas menores de 30 años, una selección de siete historias que retratan las inquietudes de la Generación Z. Porque a ellas, ellos y elles todavía no les pesa el cinismo como dogma ni el formalismo como coartada.
Abrimos con la historia de una familia palestina que cruza fronteras imposibles y descubre que el asilo no sólo se juega en los discursos, sino en ventanillas, silencios y sellos. La ruta del refugio es una coreografía de burocracias, presiones internacionales y humanidad a cuentagotas.
También está Coapa, ese territorio que el Mundial decidió “ordenar”. El Estadio Azteca –o llámale como quieras– se maquilla para la selfie global mientras comerciantes, vecinos y estudiantes pagan la factura. El progreso llega con vallas, polvo y embotellamientos. Y surge la pregunta incómoda: ¿para quién se juega el partido?
Más arriba, en la Roma, ya no hace falta cruzar la frontera. La frontera se mudó. Se habla inglés, se renta caro y se bebe café con nombres impronunciables. El barrio se encarece al mismo ritmo que se vacía de sentido. Gringolandia no invade: se instala con Wi-Fi, algoritmos y contratos en dólares.
Y al sur, donde el agua todavía dicta la vida, las chinamperas de Xochimilco reclaman lo que siempre fue suyo: tierra, agua y futuro. Frente al turismo desbocado y al abandono oficial, toman control de un espacio que durante siglos les negó crédito, propiedad y voz. No es postal: es resistencia.
Estas crónicas no buscan un 10 de calificación ni tienen la intención de quedar bien. No escriben para complacer al algoritmo ni para tranquilizar conciencias. Escriben desde el cuerpo, el territorio, los derechos y el conflicto. Desde una lucidez que alzará cejas porque no trae barniz.
Éstas y otras tres historias escritas por menores de 30 años forman parte de la oferta editorial de arranque de año. Son relatos potentes y descarados que dejan entrever el futuro de la crónica mexicana. Si el año empieza con una sacudida, mejor.
En DOMINGA creemos que el periodismo narrativo no sirve para decorar el mundo, sino para discutirlo. Y aquí hay discusión de sobra.
Hay que leer para contarla,
@dominga_milenio