Querida persona que lee,
En la sierra hay caminos que no aparecen en los mapas. Senderos que sólo conocen los que nacieron ahí o los que aprendieron a sobrevivir entre rifles y rumores. Por uno de esos caminos caminaba un campesino que terminó convertido en policía, y a la vez en el guardaespaldas de confianza del narco más poderoso.
El mismísimo Mencho le pidió que le dijera padrino. Un día lo iban a ejecutar y sobrevivió. Otro día estaba sentado frente a agentes de la DEA contando su vida como quien desenreda una madeja imposible. A veces los secretos del crimen no salen de una investigación: salen de alguien que, por puro milagro, sigue vivo.
Mientras tanto, en otro tablero, los presidentes de América Latina juegan una partida más elegante, pero igual de feroz. Brasil, México y Colombia se reúnen como viejos vecinos que saben que el norte siempre vuelve con nuevas órdenes.
La Cumbre Escudo de las Américas no fue un brindis diplomático; fue un aviso: hay regiones que todavía intentan escribir su propia historia, incluso cuando Washington prefiere dictarla. En política internacional, la cortesía dura lo que tarda en aparecer un interés estratégico.
Y en medio de todo —como un fantasma que nunca se jubila— sigue circulando la cocaína. Ha sobrevivido a guerras, presidentes, cárteles caídos y tratados internacionales. Cambia de rutas como los ríos cambian de cauce. Cambia de consumidores, de precios, de laboratorios. Pero el polvo blanco siempre encuentra su camino. El imperio más persistente de América Latina no tiene bandera ni himno: tiene logística.
Al otro lado de la frontera, miles de personas llenan un estadio en San Francisco para escuchar a Los Tigres del Norte. Cantan corridos sin miedo al ICE, como si la música fuera un pasaporte colectivo. Durante unas horas, California se vuelve Sinaloa, Michoacán, Jalisco. El México migrante se reconoce a sí mismo entre acordeones y guitarras.
Este número de DOMINGA cuenta historias de supervivencias: el delator de un capo, tres países frente a la ira de Trump, una droga que no muere, miles de latinos cantando en las narices del ICE.
Hay que leer para contarla,
@dominga_milenio