El primer examen de ingreso a licenciatura de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) aplicado completamente en línea abrió un debate que va más allá de las posibles irregularidades cometidas por algunos aspirantes: puso bajo cuestionamiento la seguridad del modelo, la responsabilidad de la institución y la confianza depositada en las herramientas tecnológicas.
Para Mónica Veloz Leija, docente de la Facultad de Contaduría y Administración de la UNAM —así como de la Universidad Rosario Castellanos y la Universidad del Tepeyac—, uno de los principales problemas fue que la máxima casa de estudios recurrió a una empresa privada para desarrollar y operar el proceso.
“Es dudar de tu propia capacidad para aplicar esta situación”, consideró la académica, al señalar que la UNAM cuenta con especialistas, instalaciones y recursos técnicos que podrían haber permitido desarrollar su propia plataforma.
La preocupación aumentó después de que los resultados del examen presentaran un comportamiento atípico.
De acuerdo con la académica, el porcentaje de aspirantes que obtuvo 100 aciertos pasó de alrededor de 3.5 por ciento entre 2021 y 2023 a 16.3 por ciento en esta convocatoria. A ello se sumó la difusión en redes sociales de métodos para evadir los mecanismos de vigilancia y recibir ayuda durante la prueba.
Veloz Leija aclaró que estos resultados no significan que todos los aspirantes hayan cometido fraude, pero consideró que las irregularidades terminaron afectando incluso a quienes realizaron el examen de manera legítima.
“Esto no demuestra que todos los alumnos que presentaron el examen hayan hecho trampa”, señaló, pero sostuvo que la situación representa una injusticia para quienes no fueron seleccionados pese a haber respondido la prueba sin ayuda externa.
Inteligencia artificial frente al factor humano
Para la docente, el problema no puede atribuirse exclusivamente a los estudiantes. Si bien quienes incurrieron en prácticas fraudulentas deben asumir su responsabilidad, la UNAM también debe revisar los mecanismos que utilizó para garantizar que el examen se desarrollara en condiciones equitativas.
“La inteligencia artificial te puede apoyar, pero siempre tiene que estar atrás el factor humano”, afirmó.
Desde su perspectiva, confiar demasiado en sistemas automatizados de vigilancia puede generar vulnerabilidades cuando no existe una supervisión humana capaz de detectar o corroborar posibles irregularidades.
La académica también consideró que el caso expone un problema ético entre los aspirantes. “La corrupción no es solo que le des dinero a un policía para que no te dé una infracción, la corrupción también empieza copiando un examen”, sostuvo.
En ese sentido, señaló que la discusión no debería limitarse a quién obtuvo un lugar en la universidad, sino a qué tipo de profesionistas se están formando si desde el proceso de ingreso se normalizan prácticas como copiar, utilizar ayuda externa o buscar mecanismos para evadir los controles.
Una crisis que trasciende al examen
Para la doctora, el impacto de la controversia no se limita al proceso de admisión, sino que puede afectar la imagen de la propia UNAM.
“La UNAM ahorita pierde mucho prestigio por esta situación”, afirmó, al considerar que la institución tendrá que enfrentar las consecuencias de un proceso que terminó generando dudas entre aspirantes y profesores.
La respuesta de la Universidad, que contempló un examen de control para los aspirantes involucrados en el proceso, también ha generado inconformidad entre algunos estudiantes, quienes argumentaron que ya obtuvieron un lugar y cuestionaron la decisión de repetir la evaluación.
Sin embargo, para la académica, volver a presentar la prueba puede funcionar como una manera de comprobar que los resultados obtenidos originalmente corresponden realmente a los conocimientos de cada aspirante.
“Si tú pasaste el examen con excelencia, si yo te lo aplico y vuelves a hacerlo presencial, ¿cuál es el problema?”, cuestionó.
Un modelo híbrido, la propuesta
Frente a la posibilidad de abandonar completamente el examen digital, la doctora consideró que la solución no necesariamente consiste en regresar al modelo tradicional. Su propuesta es desarrollar un esquema híbrido que combine las herramientas tecnológicas con supervisión presencial.
La docente planteó que el examen podría realizarse digitalmente, pero dentro de las instalaciones de la propia UNAM, aprovechando los laboratorios de cómputo de las facultades, preparatorias y Colegios de Ciencias y Humanidades.
De esta manera, la Universidad podría mantener las ventajas de una evaluación digital, pero reducir las posibilidades de recibir ayuda externa mediante la presencia de profesores y coordinadores que supervisen el proceso.
“La inteligencia artificial es muy buena, yo no estoy en contra de ella; lo que sí hay que reiterar, tanto para la UNAM como para los estudiantes y mis compañeros, es que la inteligencia artificial no sirve si no está el factor humano atrás de ella”, afirmó.
Para la académica, la crisis del primer examen virtual representa una oportunidad para replantear el modelo de admisión antes de volver a implementarlo. El desafío, sostuvo, no es únicamente recuperar la seguridad tecnológica, sino también la confianza en un proceso que define quiénes pueden formar parte de una de las universidades públicas más importantes del país.
EA