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Martes , 23.04.2019 / 08:25 Hoy

Tiempo de cosecha

La labor humanitaria que realiza Karina, la más joven de Las patronas, le permitió ingresar a una de las universidades más exclusivas del país a estudiar derecho con una beca académica, que es en realidad una inversión para sumar a la causa que ab

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Karina Aguilar Romero creció en Guadalupe (La Patrona), una pequeña comunidad de Amatlán de los Reyes, Veracruz. Desde que recuerda, ha escuchado el silbido del tren que atraviesa la República Mexicana de norte a sur y de sur a norte, en un ir y venir cargado de historias. "Yo vivía ahí y escuchaba el tren, pero ni enterada de los migrantes", recuerda. "Pero una vez que te paras junto a la vía y ves pasar a esos hombres y mujeres, con la cara iluminada ante la esperanza que representa un poco de comida en el camino, no puedes ser indiferente".

Justo eso le pasó a Karina, una vez que miró de frente a La Bestia, el famoso tren cargado de migrantes; se contagió de la necesidad de "hacer algo más". Y en esa búsqueda, esta joven de andar desenfadado recorre un camino que empezó hace 11 años recogiendo botellas en los parques, y que ahora la ha llevado a las aulas de la Universidad Iberoamericana, donde estudia la licenciatura en derecho.

"Hubo una vez que pasó el tren superlleno, súper, superlleno; traía fácil como 500 migrantes. Se detuvo en el cambio de vía y fuimos en la camioneta y así, literal, hacia nosotros corría un ejército; y sí fue un shock superfuerte y me puse a chillar porque fue muy duro ver tanta gente, ¡pero un montón!... Yo creo que cuando conoces a la gente y ves la forma en que comen los alimentos que tú les das, ya habla mucho de ellos. Y es la forma más bonita de ver tu trabajo ahí: ver que se están comiendo el arroz que cocinaste, te da una alegría que, ¡ya con eso!", dice Karina, quien en dos años será la primera patrona con un título universitario que le permitirá brindar más que alimento a los migrantes.

"Por eso fue que elegí la carrera, un poco porque me gustaba el tema de criminología y otro mucho por los migrantes y los derechos humanos —explica—, porque como que la idea no es quedarme en un despacho".

Karina es una de las 26 nietas y nietos de Leonila Vázquez, quien hace 21 años empezó con algunas vecinas y familiares la labor que con el tiempo daría razón de ser al comedor La esperanza del migrante, y que ahora atraviesa tres generaciones de esta familia dedicada al cultivo de caña y a brindar un poco de alivio a los viajeros que por ahí pasan.

"Tenían 11 años cuando entraron a ayudar empaquetando arroz y embotellando agua; ellas iban a la escuela cuando su tía Bernarda me dijo: 'Sabes qué, Toña, mándame a tus hijas a que vengan a ayudar'", recuerda Antonia Romero, madre de Karina, quien poco después también se sumó al colectivo.

Ayuda a millones

En 2005, año en que Karina se sumó al comedor, el grado de escolaridad en su comunidad era apenas de sexto de primaria; visto así, el panorama académico de la más pequeña de Las patronas había llegado al límite. Pero su mamá, que solo estudió hasta segundo de primaria, y su papá, que terminó la secundaria, se esforzaron por dar un poco más y la apoyaron para terminar la preparatoria. Entonces sí, la familia Aguilar Romero se enfrentó a la incertidumbre del futuro.

"Nosotros somos de bajos recursos —comenta Antonia—, y pus ellas ya me venían platicando que se venía la salida de prepa y me decían: 'mami, vamos a estudiar o ya no'. Y yo les decía: 'mira, mija, yo creo que para la universidad ya van a tener que ir a trabajar, y el día sábado, pues a estudiar'".

"Lamentablemente, Las patronas, con todo y que hasta hoy han ayudado a, y no exagero, entre un millón y medio y 2 millones de migrantes en 20 años, son gente muy humilde y uno de los graves problemas es que no tenían posibilidades económicas para tener una universidad que les permitiera, a su vez, progresar", recuerda Javier Urbano Reyes, coordinador de la maestría en estudios sobre migración de la Ibero, y principal vínculo para que Karina obtuviera una beca a la Excelencia Humana y pudiera estudiar derecho.

En ese proceso de dar siempre, sin esperar recibir a cambio, Las patronas también han sembrado su transformación: "Esto que nosotros iniciamos hace 21 años nos ha cambiado la vida, porque empezamos a conocer que como mujeres tenemos derechos, y no solo nosotros, sino también nuestros hijos y también los migrantes", dice Norma Romero, vocera de este colectivo.

Cambio de rumbo

Los exámenes orales son el terror de Karina. De hecho, las dos materias que ha reprobado han sido debido a esa dificultad suya para verbalizar el conocimiento, y para enfrentarse cara a cara con las interrogantes. Pero si hay que decidir qué ha sido lo más duro para ella en estos tres años, sin duda, es la lejanía de su gente. Paradójicamente, Las patronas no tienen migrantes en la familia; los Romero Vázquez han hecho su vida en Veracruz, así que se puede decir que a la generación de Karina es a la que le ha tocado llegar más lejos, salir de su pueblo y de las estadísticas de su localidad, que tasan la educación de los pobladores en el nivel básico.

Ahora, con poco más de 60 por ciento de la carrera cursada, Karina representa también una esperanza para el migrante, pues su meta final no tiene que ver con la imagen estereotipada del abogado, siempre tras la pulcritud de un traje sastre y un escritorio reluciente: "Si bien el comedor es un lugar donde ayudas en un sentido más físico, más espiritual, siempre es bueno tener también una ayuda legal, y en esa parte sí me veo yo, como siendo la abogada".

Con esta visión, el beneficio que recibe Karina es circular y regresa engrandecido al punto del que partió: "Para nosotros es una gran bendición, porque necesitamos más gente preparada, sobre todo gente que se involucre en estos temas (de derechos humanos)...que tiene que ver con el caso de Karina, porque ella estando aquí tuvo la oportunidad de seguir estudiando —explica Norma Romero—; nos damos cuenta que a veces no es el dinero lo que necesitamos, sino las oportunidades y sobre todo el apoyo que se brinda para hacer esta labor, no solamente para ayudar a los migrantes, sino también a nosotros, con darnos la oportunidad de que los hijos o los sobrinos aprendan o que se preparen para seguir luchando juntos".

Centro histórico

La situación económica de su familia, que sigue siendo ajustada, no le permite a Karina visitar su pueblo tan seguido como quisiera, pero cada que tiene oportunidad regresa a casa, para renovar los bríos y recordar cuál es el motor del viaje que la llevó a vivir en el Centro Histórico de la Ciudad de México y que la coloca cada día en un contexto totalmente diferente al que había vivido: "Siempre cuando regreso a mi casa, cada que son vacaciones, me siento muy feliz de estar con mi familia, de venir al comedor, porque aprovecho para convivir con los migrantes, que alimentan mucho ese sentimiento de seguir luchando..."

Claves
Reconocimientos
• Premio Nacional de Derechos Humanos (2013)

• Premio Nacional de Acción Voluntaria y Solidaria (2013)

• Premio Nacional de Derechos Humanos "Sergio Méndez Arceo" (2013)

• Nominación al Premio Princesa de Asturias (2015)

• Cortometrajes y documentales:

De nadie, de Tin Dirdamal (México, 2005)

La Patrona, de Lizette Argüello (México, 2009)

El tren de las moscas, de Nieves Prieto Tassier y Fernando López Castillo (España, 2010)

Llévate mis amores, de Arturo González Villaseñor (México, 2014)

Como el viento, de Santiago Dávial y Julián Álvarez (México, 2015)

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