Política
  • El ‘Obispo Rojo’: la rebelión de Sergio Méndez Arceo contra la Iglesia y el poder

  • Incómodo para el PRI y la jerarquía católica, Sergio Méndez Arceo desafió al poder político y sindical. Un documental de Francesco Taboada sigue esa rebelión.
Sergio Méndez Arceo, historiados e ideólogo de la teología de la liberación fallecido en febrero de 1992  | Especial

DOMINGA.– Sergio Méndez Arceo, obispo de Cuernavaca, ideólogo de la teología de la liberación y del progresismo católico, visitó una tarde de julio de 1970 a los obreros de Textiles Morelos que estaban en el viejo penal de Jiutepec. Iba con el propósito de “apaciguarlos”. Los habían apresado debido a su lucha por recuperar la media hora de comida que la empresa les había quitado.

“Estamos en la cárcel porque exigimos justicia. Pero usted ¿qué hace aquí? No se ‘acorriente’ viniendo a vernos”, le dijo el líder obrero Gabriel Muñoz El Cobijero. “Usted no sabe lo que es comer pan duro remojado con lágrimas y sudor. Ojalá se rebaje tantito y, como Cristo, conviva con los pobres. [...] No lo va a hacer porque sería abaratarse, regrese con los ricos, retírese a donde usted pertenece”.

El obispo quedó pasmado pero le estiró la mano a Muñoz y le dijo: “No me había encontrado con alguien que hablara así, frente a frente y me dijera mis errores. Les prometo que voy a levantar mi voz para denunciar las injusticias que sufren los humildes y no me importa pagar las consecuencias”. Luego agregó: “El día que me invites a tu casa a comer pan duro, acepto”.

Eso marcó un antes y un después en su vida. Tras ese encuentro, Méndez Arceo declaró que desde ese momento ya no quería “ser juez porque había decidido ser parte”, había decidido tomar partido por la clase trabajadora y enfrentarse al gobierno, a la oligarquía, al sistema. Lo llamarían el Obispo Rojo.

Un polémico encuentro con fanáticos conservadores le dio a Méndez Arceo el apodo de "Obispo Rojo"
Un polémico encuentro con fanáticos conservadores le dio a Méndez Arceo el apodo de 'Obispo Rojo' | Especial


A 34 años de su muerte, el legado del que fuera obispo de Cuernavaca a lo largo de tres décadas (1952-1982) sigue vivo pero ya no al centro de la vida institucional de la Iglesia católica, sino en la periferia que ha cobijado la “opción preferencial por los pobres”, la teología feminista y la teología queer, y donde no necesitan del permiso de ninguna estructura jerárquica para subsistir.

Y de eso da cuenta el reciente documental Obispo Rojo, de Francesco Taboada, una cinta de tres horas de duración con intermedio incluido; estrenada en la pasada Muestra Internacional de Cine, continúa en la Cineteca Nacional y algunas salas de cine comerciales por segunda semana consecutiva, algo sorprendente para un documental independiente.

Taboada es realizador de documentales como Los últimos zapatistas (2002), sobre los veteranos que pelearon la Revolución junto a Emiliano Zapata y Pancho Villa, o 13 pueblos en defensa del agua, el aire y de tierra (2009), que aborda el tema de la defensa de los recursos naturales de los pueblos nahuas. Explica que Sergio Méndez Arceo más que un político era un revolucionario, “pero después su historia me llevó a la parte espiritual que yo no tenía contemplada al inicio”.

El cineasta de 52 años es originario de Cuernavaca y recuerda haber asistido de niño a las “misas de mariachi”, una de las innovaciones que el prelado introdujo en sus eucaristías en la catedral de la capital de Morelos. “Yo pensaba que todas las misas eran así”, recuerda el realizador entre risas. Aunque ahora la música popular es parte de la cotidianidad católica, antes sólo se permitían cantos gregorianos y música clásica. Lo que hoy es “normal” tuvo todo un proceso de resistencia por parte de la jerarquía católica pero también de la feligresía que se oponía a estos “sacrilegios”.

“La catedral de Cuernavaca se volvió escenario teatral de degenerados” espetaban algunos. Y al grito de “cristianismo sí, comunismo no”, el Obispo Rojo se volvió literalmente rojo, ganándose así su mote: en abril de 1972, en el aeropuerto de la Ciudad de México, un grupo de fanáticos conservadores, como lo registró la prensa, lo bañaron de anilina –simulando sangre– a su regreso del Primer Encuentro Latinoamericano de “Cristianos por el Cristianismo” realizado en Chile.

Francesco Taboada junto al poster del documental el 'Obispo Rojo' | Especial
Francesco Taboada junto al poster del documental el 'Obispo Rojo' | Especial

Enemigo del líder sindical Fidel Velázquez

Sergio Méndez Arceo, creyente fervoroso del psicoanálisis y sus beneficios para detectar vocaciones, apoyó las preferencias sexuales y a quienes viven con alcoholismo, dio servicio como mediador en secuestros de diversas guerrillas; fue defensor de obreros y mujeres en pie de lucha por sus derechos; e incluso se pronunció en favor de tomar las armas en caso de ser necesario para hacer un cambio de régimen, condenando la masacre de estudiantes en la Plaza de las Tres Culturas en 1968, y excomulgando a cualquiera que practicara la tortura después de visitar a los presos políticos en Lecumberri.

Eran los tiempos del autoritario y corrupto PRI, y del discurso “anticomunista” oficial; la Iglesia mexicana se plegaba a los designios del régimen y donde Méndez Arceo y sus posturas de izquierda nunca fueron vistos con buenos ojos. De hecho, ante la matanza del 2 de octubre, aunque no se aplaudió la represión del gobierno, la jerarquía católica sólo se pronunció con un “tibio comunicado” firmado por el entonces arzobispo Ernesto Corripio Ahumada, en el que se llamaba al diálogo, se rechazaba la violencia y se hacía un llamado a la paz.

Francesco Taboada apunta que el abierto apoyo de Méndez Arceo a los obreros le valió el enfrentamiento con el eterno y perverso líder sindical Fidel Velázquez. Éste le mandaba golpeadores, le armaba marchas en su contra y lo desprestigiaba en la prensa. El obispo se enfrentaba a un régimen que además lo tenía vigilado a través de la Dirección Federal de Seguridad, por personajes infiltrados como Onésimo Cepeda, que después se convertiría en obispo de Ecatepec.

“Esta transformación personal es para mí el eje principal de la película ‘Obispo Rojo’ y por eso creo que puede llegar a cualquier persona porque es una transformación que ocurre cuando el ya se abre y dice ‘yo estoy aquí para dar servicio’”, dice el cineasta.
“Y ya nunca se echa para atrás. Es un cambio completo, al inicio de su sacerdocio era un religioso tan conservador que recomendaba el uso del cilicio [un instrumento para infringir dolor como penitencia], pero luego se pone a trabajar del lado de los pobres. Lo puedes ver en lo que usó cuando toma posesión como obispo, es una ropa preconciliar de lujo, de hilos de oro y mitras; cuando muere sólo tenía esa túnica blanca lampareada de mole y su báculo, que era una vara de otate, deja un catre viejo y unas pantuflas. 
Es un tipo que tiene una transformación profunda y entiende al ser humano y su visión efímera en la tierra con lo que él mismo dice en la película: Sólo podemos ver a Dios a través del otro”.
El abierto apoyo de Méndez a los obreros le valió el enfrentamiento con el líder sindical, Fidel Velázquez Sánchez | Fototeca Milenio
El abierto apoyo de Méndez a los obreros le valió el enfrentamiento con el líder sindical, Fidel Velázquez Sánchez | Fototeca Milenio

El legado periférico del ‘Obispo Rojo’

Carlos Sergio Méndez Arceo nace un 28 de octubre de 1907 en Tlalpan, en el seno de una familia burguesa emparentada con el general Lázaro Cárdenas. Su tío era arzobispo y su padre defendía a campesinos. Masón de la Logia del Valle de México se ordena sacerdote en 1934; además fue doctor en Historia, teólogo y filósofo.

En 1982, en su cumpleaños número 75, recibe un telegrama de Roma en el que lo cesan como obispo. Terminó sus días viviendo en la casa de las Hermanas Misioneras Franciscanas de la Inmaculada en Ocotepec, Morelos, donde se dedicó a la oración, a la escritura de sus reflexiones y todavía al apoyo de causas sociales como el movimiento Va Por Cuba, en respaldo a la Revolución cubana. Diez años más tarde, en 1992, el Obispo Rojo moriría víctima de un infarto.



Lejanos estaban los días del Concilio Vaticano II, la asamblea de obispos de los años sesenta presidida por el papa Juan XXIII para “modernizar la iglesia y adaptarla al mundo moderno”, donde Méndez Arceo junto con más de 600 obispos latinoamericanos participó encabezando una línea renovadora enfocada en la opción por los pobres y la justicia social que influyó en el posterior surgimiento de la teología de la liberación, entre 1968 y 1971.

Fue Juan Pablo II quien se encargó de desmantelar la obra de la teología de la liberación, que veía como una desviación hacia la lucha política y materialista alejada de la verdadera liberación cristiana, y de Méndez Arceo, quien fue sucedido por Juan Jesús Posadas Ocampo, que a la postre sería después nombrado cardenal y asesinado en 1993 al ser confundido en un enfrentamiento entre los Arellano Félix y Joaquín El Chapo Guzmán. En el curso de los siguientes dos meses, el Papa reemplazó a 25 obispos más por otros de ultraderecha que en los siguientes años revirtieron a nivel institucional la mayor parte de su trabajo apostólico.

Pero la semilla ya estaba plantada y siguió dando fruto. Fray Julián Cruzalta, sacerdote dominico, profesor de Teología y colaborador cercano de Méndez Arceo, señala que hoy existen grupos pequeños que están en búsqueda de la justicia del Evangelio pero no como un gran movimiento institucional, e identifica tres momentos de las llamadas “comunidades eclesiales de base”, grupos que se reunían para compartir su fe y buscar caminos para transformar la realidad social, ante la exclusión, la falta de sacerdotes en las periferias y la necesidad de un nuevo modelo de Iglesia más participativo e igualitario, buscando la “opción preferencial por los pobres”.

“El primero es el que yo llamo de los abuelos, son hombres allá en los años sesenta y donde la liberación es económica. Luego un segundo, donde las comunidades de base se reúnen en casas, no en iglesias, y fue muy golpeado. Y finalmente el tercero, donde ya están los temas que don Sergio empezó a tratar en su momento adelantándose mucho como el visionario que era”.

“Dentro de mis trabajos, soy cofundador de una red latinoamericana que se llama Católicas por el Derecho a Decidir, estamos en 10 países. Son temas de los que hablé mucho con don Sergio y que ayudó a impulsar en Morelos. Hay un centro de mujeres que acaba de cumplir 62 años, con una monja holandesa de nombre Betsy, que se fundó con su apoyo. Incluso llegamos a hablar hasta del aborto.


“Él sigue vivo en muchas mujeres feministas que se reivindican católicas en toda América Latina, algo que parecía como el agua y el aceite, feminismo y catolicismo, y sigue vivo también en los movimientos queer, en los movimientos de la diversidad sexual. Recuerdo las últimas veces que lo vi, me decía: me voy y me voy contento porque ya sé qué es decir ‘nosotros y nosotras’, y le brillaban los ojitos al viejito maravilloso”.

La relación entre nJuan Pablo II y Carlos Salinas de Gortari marcó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas
La relación de Juan Pablo II y Carlos Salinas de Gortari marcó el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre México y el Vaticano en 1992 | Fototeca Milenio


La obra del también llamado “Patriarca de la solidaridad liberadora en América Latina” sigue viva en estas luchas periféricas, ya no en la institución que lo agredió mucho a través de Girolamo Prigione, delegado apostólico desde 1978 y luego nuncio apostólico hasta 1997: “Prigione fue tan fuerte y tan grosero, que decía ‘yo soy un director de coro y como todo director me toca callar a las voces que desafinan o sacar a las voces que echan a perder el coro’, Y don Sergio era de las voces que desafinaban al Episcopado Mexicano, según él. Hoy de lo que nos acordamos de ese pobre nuncio de infeliz memoria es por la violación de religiosas que trabajaban en la Nunciatura. Al final fueron amenazadas, que si seguían con la denuncia su orden sería desaparecida por completo. Ese tipo nefasto es el que se atrevió a callar a don Sergio”.

La iglesia, dice Fray Julián, tiene una deuda muy grande con la realidad social que vive el país: “Ha sido una Iglesia que ha apoyado al régimen. Cuando el PRI los obispos eran priístas, cuando estuvo el PAN eran panistas. Ahora no, porque perdieron privilegios. El discurso de Francisco más duro a un episcopado en todos sus viajes, fue al mexicano en la catedral, un regaño tremendo, les dijo: no quiero componendas en lo oscuro con el régimen debajo de la mesa, no quiero obispos príncipes, fue durísimo”.

Pero son las mujeres, a decir del teólogo, las que de verdad se toman en serio la teología y se comprometen con la lucha social por la vivienda, por el agua, por la educación. Ahí es donde está vivo Sergio Méndez Arceo, en una iglesia comprometida marginal.

Sergio Méndez Arceo desafinaba al Episcopado Mexicano
Sergio Méndez Arceo desafinaba al Episcopado Mexicano| UNAM
El último ‘Obispo Rojo’: Raúl Vera


A José Raúl Vera se le recuerda especialmente como el obispo coadjutor de Samuel Ruiz en San Cristóbal de Las Casas, en 1995. Fue nombrado para reemplazar en los hechos al “problemático” Ruiz, otra figura que enarbolaba la opción por lo pobres; pero Vera más que sustituir a Samuel, apoyó el proceso de Paz y Reconciliación entre los pueblos indígenas chiapanecos y el gobierno tras el levantamiento zapatista.

El hoy obispo emérito de Saltillo, conoció a Méndez Arceo a través de su director espiritual, el sacerdote Manuel Jiménez, cuando todavía era un novicio en el seminario de los dominicos. Hoy, a sus 80 años, es el último obispo de la teología de la liberación y el último Obispo Rojo.

“Me acuerdo que una tarde don Segio se reunió con directivos de Coca-Cola y empezó a sacarles la sopa, y don Sergio les hablaba de los derechos de los trabajadores. A los 15 días les armaron la huelga los obreros”, recuerda Raúl Vera divertido y añade: “Tenía una relación muy grande hacia los pobres”.
Raúl Vera López, Obispo de la Diócesis de Saltillo
Raúl Vera López, Obispo de la Diócesis de Saltillo


​Para Vera, el gran problema de la Iglesia católica es el clericalismo, que hace que los religiosos se sientan superiores al resto
: “Si soy capaz de convertir el pan y el vino en el cuerpo y la sangre de Cristo, pues eso me convierte en un superhombre. Fijate nomás considerar inferiores a los pobres, cuándo vamos a luchar por la justicia para ellos, cuándo vamos a luchar por la dignidad para ellos, si tú como cura has entrado a la élite y cuando la gente nos empieza a ver como si fuéramos dioses, nos besa la mano y nos dice que somos santos, ahí es donde nos perdemos”.

De acuerdo con el que fuera obispo de tres diócesis a lo largo de su vida –Ciudad Altamirano, San Cristóbal de las Casas y Saltillo–, aunque todavía hay comunidades de base en muchas regiones no las hay con la intensidad y el número que había en los tiempos de Sergio Méndez Arceo y por eso advierte:

–Por amor de Dios, cómo vamos a equilibrar a una sociedad tan desigual y tan injusta. Si Dios tiene misericordia de nosotros estamos en peligro de una crisis. Esta voracidad del dinero está dejando cada día más personas fuera y va a haber una reacción tremenda y violenta. Va a llegar un momento en que van a ser tantos los pobres que pueden levantarse en todas partes del mundo y acabar con el poder.

–¿Qué tendría que estar haciendo la Iglesia católica?

–Nosotros como representantes de la Iglesia tenemos que entender que el Evangelio empieza desde los pobres. Cristo empezó siempre desde los pobres. Son los últimos sí, pero son a los que nos tenemos que dirigir, mientras no veamos eso no vamos ayudar mucho.

El obispo Vera López señaló que deben mejorar las condiciones de los trabajadores de la empresa minera.
El obispo Vera López señaló que deben mejorar las condiciones de los trabajadores de la empresa minera.

Más allá de don Sergio

Fernando de la Fuente, jesuita, trabajó siendo seminarista en comunidades de base en Guadalajara. Hoy trabaja en la Universidad Iberoamericana como académico y directivo. Para él, ampliar el término de comunidades de base al “trabajo por la justicia” es correcto en tanto que ya hay muchos grupos y movimientos que promueven sociedades más justas y que no necesariamente tienen que estar vestidas con el nombre de comunidades eclesiales de base.

Lo cierto es que, a decir del sacerdote, esas comunidades evolucionaron en grupos y organizaciones quizá ahora más vinculadas a lo que llamamos derechos humanos o la defensa por la paridad de género o a cuestiones de carácter ecológico.

De la Fuente asegura que en los sesenta se gestó algo verdaderamente prodigioso e importante también para la Compañia de Jesús: “Actualmente hay un sector muy grande que trabaja directamente con los más pobres económicamente hablando, otros que trabajan más en la línea de las investigaciones, otros que están en la cuestión más pastoral, sin embargo quienes estamos ahora en las instituciones de educación formal tenemos como referente obligado, necesario y permanente el bienestar de la gente. No se concibe, creo, una universidad que no esté al servicio de la sociedad, desgraciadamente nos falta mucho, tenemos que hacer esfuerzos más significativos”.

–¿Hacen falta más obispos como don Sergio Méndez Arceo?

–No sé si exactamente con ese perfil, pero sí obispos que conozcan, comprendan y se pongan más los zapatos del otro, pero no solamente obispos. Nosotros los sacerdotes muchas veces somos ajenos a las necesidades de los demás, con frecuencia vivimos en burbujas lejos de la gente, de sus problemas, sus necesidades, sus deseos. Aquello de que los gozos, las esperanzas y las tristezas del pueblo son las mismas tristezas, gozos y esperanzas de la Iglesia pues no es necesariamente cierto. Tenemos que renovarnos pero hay una oposición sistemática de un número gigantesco de personajes que no le permitían al papa Francisco cambiar las cosas. Se dieron algunos pasos pero no suficientes.

“Definitivamente hay grupos, personas y órdenes religiosas que intentan caminar en esa dirección y también hay grupos y congregaciones que caminan en la dirección contraria, pero bueno quién soy yo para juzgar, en medio de esta heterogeneidad parecería que caminamos en direcciones contrarias y eso no nos ayuda, lo único que hace es dispersar la posible influencia positiva que pudiera ofrecerse al interior de las sociedades”.

GSC/ASG

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