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Viernes , 26.04.2019 / 07:10 Hoy

¿Quién representará al Cristo de Iztapalapa?

José Antonio Reyes, estudiante del IPN, tuvo que dejar los tacos de pastor para someterse a un entrenamiento riguroso y ser el nazareno en la 176 representación de la Pasión y Muerte de Cristo.
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El limón y la salsa picante escurriendo por un taco de pastor es uno de los gustos que con amor y compromiso dejó José Antonio Reyes, quien representará a Jesús de Nazareth, en la 176 representación de la Pasión y Muerte de Cristo en Iztapalapa.

Toño, como es llamado con cariño, tiene 23 años y es estudiante del séptimo semestre de Geofísica, en el Instituto Politécnico Nacional. Desde que fue elegido para representar el papel del nazareno,tiene la sonrisa bien fresca y ha recibido puras bendiciones, aunque lo único que extraña son los "taquitos".

Hace más de un mes que no se come unos de pastor, sin embargo, es un sacrificio "bien chiquito en realidad", comentó.

De sus ojos emana la fuerza de un hombre mayor, en sus pupilas hay muchos visos de inocencia, paz, y una convicción que podría parecer de hierro.

"Es una emoción inmensa, no me lo quiero imaginar, lo quiero vivir, cada momento lo quiero disfrutar al máximo, y pues lo que me depare el destino”, detalló. 

Con la voz llena de paz, recordó que desde hace un par de años acariciaba el sueño de recorrer su barrio, Iztapalapa, representando a Jesucristo.

Con emoción recibió la noticia de que había sido elegido, y comenzó los entrenamientos consistentes en al menos cuatro horas de ejercicios diversos, trabajo en el gimnasio, prácticas con la cruz o un tronco y acondicionamiento físico.

Todo ello sumado a la preparación mental para aprender al dedillo cada línea de las 50 hojas de parlamento.

Explicó que antes de asumir el reto de participar en el Viacrucis de este año, su familia y él acudían los viernes por unos deliciosos taquitos, aunque luego contó con apoyo de una nutrióloga y se acabó la fiesta.

Hace 50 días pesaba unos 69 kilos, ahora la báscula le marca unos 73, todos en masa muscular. Toño, además de sus estudios y trabajo en un salón de fiestas los fines de semana, debía sumar la extenuante preparación.

“Estaba acostumbrado a comer de todo y de pronto te ponen una dieta para subir un poco de volumen, con muchos carbohidratos y alimentos que aporten energía, así como horarios puntuales para hacer cinco comidas al día”, dijo, aunque desde que se supo portador de la tradición de recorrer las calles de Iztapalapa con una pesada cruz en Semana Santa, ha sentido pocas dudas.

Los primeros días sí que las sintió, cuando se cuestionaba si sería apto para representar al Nazareno ante la presión de todo el entrenamiento.

Pero con el tiempo, y tras entender que tener este papel tiene un gran peso, comprendió que se trataba de un proceso, y con el paso de los días comenzó a recibir señales que le confirmaban que su camino era el correcto.

Con devoción, establecía eternos diálogos internos con Jesús, le contaba de sus miedos y buscaba estar en contacto con la cruz, pedirle permiso.

“Había momentos en los entrenamientos en los que el cuerpo ya no me daba para más, el calor es sofocante, luego llegaba un aire, sentía que era un aliento, una especie de tú puedes, sigue adelante.


“Si es un poco desgastante, pero desde el primer momento que me eligieron, no siento que sea el Comité el que te elige, tuve 32 de 42 votos, yo sentí más que “Él” (Jesús) me había elegido a mí, ese día iba con disponibilidad y fe, yo presentía que me iba a quedar con el papel, esto se hace por fe, por esa espiritualidad, por esa paz que necesitamos como seres humanos”, contó.

Con alegría juvenil, Toño, originario del barrio de San Pedro, en Iztapalapa, comenta que los esfuerzos han sido muchos, tan solo con la dieta sin carne que lleva para no afectar el PH de su piel y que de esta manera sea más fácil colocarle la barba.

En la representación utilizará unos seis ropajes diferentes, todos elaborados por el señor José Trinidad, quien además colabora con la caracterización del personaje.

Durante los cinco días que dura la procesión, José Antonio recorrerá unos 31 kilómetros, con dos kilómetros de cargar una cruz que pesa poco más de 90 kilos con un solo propósito, conservar una de las tradiciones que dan vida a Iztapalapa.

irh

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