DOMINGA.– Un grupo de falsos turistas aterriza en Cancún, vienen de algún lugar secreto de Estados Unidos. Salen del avión comercial, ingresan al aeropuerto y mienten a los agentes del Instituto Nacional de Migración, quienes preguntan el motivo de su viaje. “Turismo”, responde el grupo sin inmutarse. Cruzan la aduana, avanzan hasta el carrusel de maletas, recogen el equipaje y tocan suelo mexicano sin que alguien sospeche de sus verdaderas intenciones. Son los Animal Rescue Corps o ARC.
Al llegar a la zona de ascenso y descenso de pasajeros, ignoran a los vendedores de tiempo compartido que los acosan con ofertas y suben a una camioneta que se abre paso entre los taxis. Conducen por la carretera y en lugar de seguir hacia la zona hotelera, con sus albercas infinitas y restaurantes de autor, dan vuelta y se adentran en las colonias populares de Quintana Roo, donde el glamour de las suites cinco estrellas es reemplazado por casas precarias salpicadas de salitre.
Es el fin de semana del 19 de febrero de 2022. Son horas de un viaje tenso. La sonrisa de falsos turistas no existe más. Todos entran en un estado de ánimo tétrico porque saben que están atravesando los terrenos de un grupo criminal, al que quieren arruinarle un jugoso negocio. Si algún jefe de plaza se entera de su presencia, estos infiltrados podrían ser asesinados en una región donde los cuerpos se esconden en cenotes.
El trayecto llega a su fin cuando la camioneta se estaciona en una casa que no debo ubicar y que tampoco puedo describir por la seguridad de mis fuentes, quienes me lo han pedido a cambio de contar esta historia.
Cuando los falsos turistas descienden del vehículo, ingresan de inmediato a la casa marcada por los planes tras asegurarse que nadie los seguía. Apenas dejan sus maletas ponen en marcha la Operación Cruzando Líneas.
Primero, pasan lista a las víctimas: Chaparro, Jade, Chalupa y más están presentes. Luego, se aseguran de que hayan comido y descansado lo suficiente. Sacan planos, calendarios, todo lo necesario para echar a andar la operación: llevar a esos perros que viven en un albergue amenazado por el crimen organizado hasta Yucatán, y luego a Estados Unidos. El reloj inicia una cuenta regresiva.
La extorsión del crimen organizado a un refugio de perros
A inicios de 2022, la encargada de un refugio de perros cerca de Playa del Carmen, México, recibió una llamada anónima: el jefe de plaza en turno exigía una cantidad de dinero mensual –que igualaba a las donaciones que se recibían cada 30 días– a cambio de “protección”. El cotidiano derecho de piso en el Caribe mexicano.
La encargada –la llamaremos Laura por su seguridad– sabía que quienes llamaban no estaban jugando. Dos años antes había iniciado una racha de negocios quemados o cerrados a balazos por la disputa de los polos turísticos en Quintana Roo. El Cártel de Sinaloa y el Cártel Jalisco Nueva Generación encabezaban esa guerra y necesitaban dinero en efectivo. Cuando exprimieron a los grandes hoteles y cadenas restauranteras, hasta las clínicas del pueblo y los refugios para perros fueron obligados a pagar.
El albergue amenazado hizo cuentas y no había forma de pagar al cárteles. Como la mayoría de los albergues, éste sobrevive con donaciones, es decir, no es autogestivo ni tiene ingresos estables. Si un donador falta –sucede a menudo– las cuentas pueden bajar considerablemente y las prioridades cambian: primero el alimento de los perros, luego los medicamentos, después todo lo demás. Seguramente, en algún mes cercano, no podrían cumplir puntualmente con la cuota de extorsión.
Y si los donantes se enteran que su dinero acabaría en la bolsa de un jefe de plaza, dejarían de contribuir. El refugio cerraría de inmediato.
Dejar de pagar tampoco era una opción. El albergue tendría que bajar sus puertas y dejaría a los perros a la deriva. Es distinto cerrar una papelería o una tortillería por el “derecho de piso” a clausurar un espacio del que dependen vidas vulnerables. Nadie estaba dispuesto al cierre. Ese argumento poco importó cuando lo explicaron en una segunda llamada telefónica con el jefe de plaza.
Una semana después, el cártel presionó por su pago disparando contra la fachada del refugio. Y una siguiente llamada apretó a los dueños y voluntarios: si no pagaban, asesinarían un perro por día. Uno a uno hasta aniquilarlos. Entonces, sin vidas que cuidar, serían obligados a vender las tierras.
Por fortuna, la encargada del refugio tenía un contacto de alto nivel en Estados Unidos. Una amistad improbable entre una activista mexicana por adopción que lucha por los derechos de los animales y una fiscal federal en Nueva York conocida por ser una voz crítica de la corrupción dentro de la agencia antidrogas de Estados Unidos, la DEA.
Los rescatistas especializados en extracciones a gran escala
Laura contactó a la abogada Bonnie Klapper, quien debido a su trabajo en Nueva York se había convertido en una experta explotando las debilidades de los cárteles. Y Klapper, cuando escuchó el binomio de cárteles sin escrúpulos y perros indefensos, se puso a trabajar en una cadena de favores que salvará a Tomás, Tita, Rambo y más.
Lo primero fue contactar a los Animal Rescue Corps, una asociación que se especializa en rescates a gran escala y refugios de perros en crisis. Son los mayores expertos en extracciones de emergencia. Operan en Estados Unidos y en el resto del mundo cuando hay huracanes, terremotos y hasta tsunamis. También diseñan y ejecutan operativos para salvar a perros de hacinamiento, abandono y no son extraños al crimen organizado, pues entre sus trabajos más exitosos está Operación Cadenas Rotas, una infiltración en 2012 a un grupo criminal dedicado a las peleas de perros en Nashville, Tennessee.
El equipo de ARC preparó a un equipo de falsos turistas para entrar a México con discreción por temor a que las autoridades pudieran alertar al cártel que se avecinaban unos estadounidenses que retirarían a los perros. Los extractores fueron preparados como se alistan los agentes de la DEA para una redada antidrogas: tenían manuales de operación, números de contacto de emergencia, planes, rutas.
Faltaba costear la misión. Vuelos, vehículos, hospedaje, comida, todo lo que hace exitosa a una misión en el extranjero. Ahí entró la BISSEL Pet Foundation, que pagó todos los gastos con las aportaciones de sus donantes.
Con fondos, equipo y rescatistas suficientes, arranca la Operación Cruzando Líneas. Cuando los falsos turistas llegan, inicia la primera parte del plan: sacar a los perros de las instalaciones amenazadas sin que nadie se diera cuenta. Si algún halcón avisaba al jefe de plaza que el refugio se estaba alistando para no pagar, no sólo los animales estarían en riesgo. Los activistas mexicanos podrían ser asesinados, igual que los estadounidenses.
Un error podría no sólo desatar una masacre, sino un lío diplomático con la administración del presidente Joe Biden.
Otros ataques y extorsiones a albergues de animales en México
Gracias a la oscuridad y la precisión de los voluntarios, unos 70 perros salen con éxito del refugio amenazado, que al despedir al último animal cierra sus puertas en espera de mejores tiempos para continuar su labor.
Algunos perros se van con voluntarios mexicanos que ya han arreglado su traslado a otros refugios o con familias de acogida. Pero hay 20 que nadie puede colocar en un lugar seguro: los de razas más grandes, los de razas que la gente erróneamente cree que son agresivas por naturaleza –como pitbulls– o los más viejos. Para ellos hay un plan especial, como si se tratara de una película de Hollywood.
A estos 20 perros se les da Gabapentina, un medicamento anticonvulsivo y analgésico para calmar los nervios y la ansiedad, debido a que deben ser trasladados a toda velocidad hasta la entidad próxima más segura: Yucatán. Una vez allá, el conductor puede pisar el acelerador sin preocuparse de que un coro de ladridos lo ponga al descubierto.
Nadie de los Animal Rescue Corps lo sabe todavía, pero en los próximos años las extorsiones y ataques a albergues de animales se volverán una noticia cada vez más frecuentes en la “guerra contra el narco” en México: el albergue de animales Pergatuzoo, en Villa Nicolás Romero, Estado de México, alertó en julio de 2025 que su existencia peligraba por las extorsiones y amenazas directas del Cártel Jalisco Nueva Generación.
El refugio, que aún cuida la vida de 2 mil animales de diversas especies –incluyendo perros– denunciaron en redes sociales que sicarios que se presentaron como la tropa de Nemesio Oseguera Cervantes exigía pagos mensuales de 50 mil pesos para dejarlos operar. Si no, de nuevo, quemarían todo.
Ese mismo año, 2025, el Santuario Ostok en Culiacán, Sinaloa, cerró sus puertas debido a la guerra entre Los Chapitos y La Mayiza, desatada tras la traición y entrega a Estados Unidos de Ismael El Mayo Zambada. Conmocionados por ataques armados, constantes amenazas de muerte y la falta de suministros esenciales para mantener con vida a sus 700 animales, debieron anunciar su clausura.
Más historias se han acumulado con el tiempo: desde la lucha de Pay de Limón, un perro mestizo que se recupera en un albergue en Ciudad de México de la tortura extrema de Los Zetas que lo usaban para entrenar a sus futuros sicarios, hasta las amenazas de muerte contra binomios caninos de la extinta Policía Federal por su trabajo incorruptible en la detección de narcóticos, armas y cuerpos.
Al llegar a Yucatán, el grupo arranca una segunda parte del plan: sobrevivir, ahora, a la burocracia. Los activistas provenientes de Estados Unidos están seguros de que no hay rincón en México donde los 20 perros estén seguros. Necesitan sacarlos del país y para eso hay que obtener documentos tan rápido como sea posible. Cada día en Yucatán, piensan, es un día en riesgo para los animales.
Un modelo de estrategia secreta para rescatar animales
Finalmente, tras semanas de espera, los 20 perros que no pudieron ser resguardados en México salen por aire hacia Estados Unidos en transportadoras donadas por gente que nunca los ha visto. El avión hace una escala en Florida y luego en Tennessee. Ocho perros llegan al refugio East End de Long Island, cuatro al Refugio de Animales de Southampton (SASF) y los demás a albergues no declarados donde familias pronto se anotaron para postularse para su adopción.
“La evacuación fue logísticamente difícil e implicó obtener certificados de salud para los perros, alquilar un avión de carga, obtener permisos de exportación e importación y encontrar un lugar donde los perros pudieran ir una vez que estuvieran en Estados Unidos”, dice el director ejecutivo de SASF, Pat Deshong.
Hasta que esos 20 perros estuvieron completamente seguros, ARC publica el 31 de marzo de 2022 un video en Youtube en el que muestran a sus donantes lo que el grupo hace con sus recursos: ahí está la versión pública de la Operación Cruzando Líneas. El rescate internacional. Miles de dólares bien invertidos en salvar de los cárteles a perros que hoy ya duermen en una casa con una familia que los ama.
“En el momento en que se hizo este video no podíamos contarles toda la impactante historia por cuestiones de seguridad, pero ahora podemos: el santuario y sus residentes estaban bajo una seria amenaza por parte de miembros de cárteles de drogas. El cártel estaba intentando extorsionar al santuario por dinero, amenazando con matar a todos los animales residentes en la propiedad”, contó ARC en un comunicado.
En esa comunicación resumieron también las palabras de Bonnie Klapper, la fiscal neoyorquina que empezó el trabajo en Estados Unidos: “No sólo distribuyen drogas y armas; hay extorsión. Dicen ‘Páguenme o quemaré su negocio o mataré a su familia’. Dijeron: ‘O nos pagan o mataremos a sus perros’”.
Hoy, la Operación Cruzando Líneas es considerado un modelo de estrategia secreta para rescatar animales de las fauces de los cárteles. Un trabajo que cada vez es más común entre las instituciones de seguridad y las agrupaciones defensoras de animales que luchan contra la extorsión.
Por ahora, los 20 perros grandes del refugio amenazado –y los demás– duermen tranquilos. La jauría del crimen organizado no pudo clavarles los dientes. Por esta vez, los buenos ganaron la batalla.
GSC/ATJ