Policía
  • Nunca le robes al ‘Mayo’ Zambada. Los policías suicidas que desataron la venganza del capo

  • Parecía el robo perfecto. Policías, militares y agentes corruptos organizaron un falso operativo para robar un cargamento del Cártel de Sinaloa en Tijuana. El golpe desató la venganza del ‘Mayo’ Zambada.
Aunque 'El Mayo' se caracterizaba por su perfil conciliador, aquel que se atreviera a traicionarlo pagaba las consecuencias | Mauricio Ledesma
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DOMINGA.– Como en la serie Breaking Bad, el punto de reunión de los criminales de esta historia es un restaurante de comida rápida. El líder de la banda, un tipo al que todos llaman El Federal, elige como centro de planeación un local de hamburguesas en la Macroplaza de Tijuana, porque cree que a nadie se le ocurre instalar micrófonos secretos en las mesas cercanas a los juegos infantiles.

Disfrazados de comensales, lo rodean exmilitares, integrantes de la Guardia Nacional, miembros de la Agencia Estatal de Investigación de Baja California y policías municipales, quienes escuchan atentos sus palabras. Entre papas fritas y refrescos, juguetes y malteadas, se organizan alrededor de un ambicioso plan: robar una bodega de drogas del Cártel de Sinaloa.

El Federal es un tipo experimentado. Sabe que, esta vez, le estorbarían los criminales callejeros sin instrucción policial o militar. Necesita, en cambio, de quienes tengan conocimientos y recursos del gobierno: una parte crucial del plan es que el grupo debe llegar en patrullas municipales, estatales y federales hasta la privada Altitud 58, en el fraccionamiento El Lago, y simule un cateo en una casa que sirve como bodega de narcóticos. No hay espacio para errores: cualquier tardanza o titubeo daría tiempo para que otros descubran que el operativo es un burdo montaje.

La ciudad fronteriza es foco rojo para el contrabando de narcóticos
El Cártel de Sinaloa y en específico la facción de Los Mayos acumulan una notoria e histórica presencia en Baja California | AP


En las hamburguesas se acuerda la fecha del golpe: 17 de noviembre de 2023. Al llegar el día, cerca de medianoche, el grupo se mueve como en coreografía: entran violentamente al fraccionamiento, corren a la casa número 52, revientan las puertas y, como si fueran ladrones en una bóveda de banco, meten el botín de kilos de cocaína, metanfetaminas, pastillas y dinero en efectivo en bolsas de plástico. Huyen rebotando por los baches y topes de Tijuana hasta un lote baldío de Guaycura y el estacionamiento de un edificio en el bulevar Agua Caliente, donde se reparten lo rapiñado. Sin nadie que los persiga, creen que el plan ha salido a la perfección. Pero unas horas después del robo, cerca de las tres de la mañana del 18 de noviembre, el festejo comienza a tornarse amargo.

Hombres armados disparan con fusiles calibre .223 contra las instalaciones de la fiscalía federal en la Zona Río en venganza por el robo. Hay policías heridos, tan graves que las ambulancias los apresuran a hospitales para que sobrevivan a las balas. Y también, dos detenidos: El Toro y El Moreno, conocidos sicarios de la ciudad. Entonces, El Federal y su banda saben que el supuesto plan perfecto ha salido terriblemente mal. Los han descubierto. Y ahora deben lidiar con las consecuencias de su arrogancia: el hombre al que han robado los narcóticos es Ismael Zambada García, El Mayo.

La banda de los Arzate era aliada del Mayo Zambada en Tijuana

En su declaración, el capo señaló que se reuniría con el gobernador Rubén Rocha Moya y el exdirector de la UAS, Héctor Melesio Cuén.
Hasta sus 74 años, Ismael Zambada García fue líder del Cártel de Sinaloa | Especial


​Apenas han pasado unas horas desde el tiroteo a la fiscalía y El Federal y su banda reciben una segunda mala noticia: alguien los ha traicionado. Una llamada anónima guía a los agentes de la Fiscalía General de la República (FGR) hasta la casa de la privada Altitud 58, que pretendía ser alterada más tarde por otros integrantes de la banda para entorpecer cualquier investigación. Ahí, agentes que no están vinculados con el crimen organizado encuentran todo lo que los ladrones no pudieron llevarse por las prisas: cristal, fentanilo, clorhidrato de metanfetamina y 70 mil pastillas de drogas sintéticas.

“La FGR no los puede acusar por llevarse decenas de bolsas que no logran probar que contenían droga, pero sí los señalan por el enervante que 'olvidaron' en la misma casa”, relata un texto publicado por el diario Zeta Tijuana.

El caso apenas permea en la prensa local. En los medios nacionales la noticia más relevante en la frontera norte es el encuentro de los entonces presidentes Andrés Manuel López Obrador y Joe Biden en San Francisco, California, a unos 800 kilómetros de Tijuana. Es una cita feliz: juntos prometen reforzar la cooperación contra el tráfico de fentanilo y atender el aumento de cruces migratorios.


Pero el robo se vuelve un escándalo el 22 de noviembre: en redes sociales aparece el video de un comando integrado por militares y policías vestidos de civil en patrullas de la Guardia Nacional que entran con violencia al residencial y huyen tras saquear una casa. Entre los vehículos identificados está la patrulla municipal BC585A-1, la estatal FGE-378 y la federal GN-303307. Sus movimientos nerviosos los delatan: esa no es una actuación legal. Es un atraco.

Los videos son obtenidos ilegalmente del circuito de videovigilancia del fraccionamiento”, me dice un hombre cercano a quien fue jefe de la policía de Tijuana en 2008, Jesús Alberto Capella. “Y aparecen, casualmente, en perfiles en redes sociales asociados a un grupo criminal local muy conocido: Los Arzate”.

Mi fuente se refiere a los hermanos René y Alfonso Arzate García, alias La Rana y Aquiles, respectivamente, quienes desde 2010 son los jefes de plaza de Tijuana para el Cártel de Sinaloa. Cruzan droga a San Diego –especialmente metanfetaminas y fentanilo– como si los adictos fueran infinitos. Violentos, peligrosos e incondicionales al Mayo Zambada, vieron en este robo la ocasión perfecta para vengar a su líder y ganar su simpatía. Hoy ambos son catalogados por el gobierno de Estados Unidos como narcoterroristas y por cada uno ofrece cinco millones de recompensa. Juntos, por ejemplo, valen lo mismo para la DEA que Iván Archivaldo, el líder de Los Chapitos e hijo de Joaquín El Chapo Guzmán Loera.

Estados Unidos ofrece una recompensa de hasta 5 millones de pesos por el arresto del operador de Los Mayos.
Las acusaciones y sanciones en contra de René Arzate García en EU han sido actualizadas | DEA


Ellos recuperan el video de vigilancia y la hacen viral en redes sociales
. El golpe es devastador para todos los niveles de gobierno, que deben admitir la infiltración criminal. Y de inmediato abandonan a los implicados, como Hugo Alejandro Murúa y Martín Carrillo. La prensa empieza a consignar los nombres de los participantes en el robo. Los Arzate logran su objetivo. Los ladrones empiezan a ser identificables. El Mayo Zambada abre su temporada de cacería.

Rivalidad entre el Cártel de los Arellano Félix y el Cártel de Sinaloa

El Mayo operaba a través de sus aliados en Tijuana
Los aliados de 'El Mayo' Zambada en Baja California fueron por los involucrados en el robo de sus cargamentos | Foto Ilustrativa: Notimex


Siete días después del robo, el 24 de noviembre, continúa la venganza. A las 12:20 horas, un agente de la fiscalía estatal que conduce la patrulla FGE-635 es atacado al llegar a su oficina en la colonia Mariano Matamoros. Los disparos alcanzan la patrulla y la fachada de la unidad de investigación estatal, pero todos resultan ilesos. Es la primera advertencia, pero fallan, así que Los Arzate se reagrupan para afinar la puntería. Sólo necesitan más minutos para intentarlo de nuevo.

A las 13:36 horas, los aliados del Mayo Zambada alcanzan a su primera víctima. Los sicarios ubican a la patrulla BC585A-1 circulando por el fraccionamiento El Mirador y la identifican como uno de los vehículos usados en el robo de drogas. Le dan alcance en un semáforo y aprovechan la luz roja: vacían un cargador de una escuadra de 9 milímetros sobre el copiloto León Bueno Loreto, de 51 años, policía municipal. El conductor, Martín Carrillo Grande, sobrevive de milagro porque a los sicarios les han agotado las balas.

El 27 de noviembre, La Mayiza va por un segundo objetivo: Salvador Vargas Ruiz, agente de la fiscalía, grabado por las cámaras de videovigilancia. Los sicarios lo esperan al salir de su casa. Aguardan a que cargue gasolina y cuando está por arrancar lo balean en la colonia Las Torres. El segundo cuerpo ya marca una tendencia.

En los días siguientes, hay una oleada de policías y militares que piden licencia o, simplemente, no se presentan a trabajar. Algunos estarían involucrados en el robo; otros temen que sean injustamente señalados como participantes. Tijuana vive días tensos que encuentran alivio en un anuncio presidencial: a partir del 1 de diciembre, el salario mínimo en la frontera norte crece de 312 a 374 pesos diarios.

Las autoridades locales salen a medios de comunicación a darle sentido al miedo colectivo y explican que los ladrones de drogas pertenecen al Cártel de los Arellano Félix, enemigos acérrimos del Cártel de Sinaloa.

La rivalidad entre ambos cárteles, cuentan en el norte, comenzó en los años ochenta, cuando el capo Miguel Ángel Félix Gallardo, El Jefe de Jefes, fue encarcelado por el asesinato del agente de la DEA, Kiki Camarena, y se desmoronó el Cártel de Guadalajara. Las rutas del narcotráfico mexicano entonces quedaron repartidas entre sus antiguos discípulos: los hermanos Arellano Félix se atrincheraron en Baja California, mientras que los compadres El Chapo Guzmán y El Mayo Zambada levantaron su imperio en Sinaloa. Y entre ellos quedó la disputa por Tijuana, la puerta grande hacia el Pacífico estadounidense. Los sinaloenses necesitaban cruzarla y los Arellano exigían permiso y peaje.

Líder del Cártel de Tijuana
El Cártel de Tijuana era encabezado por los hermanos Arellano Félix, específicamente por Benjamín y Ramón | Reuters


La disputa comercial pronto se convirtió en una guerra familiar. Ramón Arellano Félix comenzó a perseguir a los socios del Chapo que se metían a su estado y el capo sinaloense respondía con más violencia. En 1992, hombres enviados por Joaquín Guzmán Loera atacaron la discoteca Christine, en Puerto Vallarta, Jalisco, para matar –sin éxito– a los hermanos Arellano Félix. Un año después, ambos grupos se enfrentaron en el aeropuerto de Guadalajara y, en medio de la balacera, fue asesinado el cardenal Juan Jesús Posadas Ocampo.

Durante esos años noventa, los Arellano Félix dominaron Tijuana mediante una combinación de policías comprados, empresarios sometidos y sicarios reclutados en los barrios obreros. Pero su reino comenzó a perder cabezas: Ramón murió en un enfrentamiento en 2002, Benjamín fue detenido ese mismo año, Francisco Javier cayó en 2006 y Eduardo fue aprehendido en 2008. El Cártel de Sinaloa aprovechó cada baja para meterse a Baja California. Cuerpos mutilados, secuestros y balaceras que ocurrían entre ese año y 2010 anunciaban que el conflicto estaba entrando en una fase sangrienta: había un hombre, Santiago Meza López, que disolvía los cuerpos en ácido. Le apodaban “El Pozolero”.


El Cártel de Sinaloa conquistó municipios clave de Baja California
, como Mexicali, pero nunca consiguió borrar por completo a los Arellano Félix de Tijuana. El antiguo cártel familiar sobrevivió mediante alianzas temporales con bandas locales y el Cártel Jalisco Nueva Generación, dándole oxígeno a la vieja guerra. Los muertos seguían acumulándose en las morgues, así como las fichas de desaparecidos en los postes de luz. Para 2023, la disputa había cambiado de escala: los hermanos llamados “Aretes” ya no estaban activos en el escenario criminal, pero sí sus herederos; El Chapo estaba sentenciado a cadena perpetua en Estados Unidos y El Mayo era el único viejo que aún estaba prófugo y operando.

El arresto de El Federal y la confesión de El Mayo Zambada

'El Mayo' Zambada durante lectura de sentencia en EU
Ilustración de 'El Mayo' Zambada durante la audiencia en la que fue sentenciado a prisión de por vida | Foto: AP


El 3 de diciembre de 2023, las redes sociales hicieron viral otro contenido relacionado con el robo. Esta vez, un audio. Un hombre que se identifica como El Moreno, subordinado de El Aquiles Arzate, acusa en una llamada telefónica al policía Hugo Alejandro Murúa Rico de haber participado en el robo y de sacar de la casa veinte bolsas con drogas, de las cuales sólo devolvió doce. El uniformado, titubeante, se defiende y jura que ha regresado todos los narcóticos. Suplica por su vida.

Las autoridades tienen que salir, de nuevo, a dar explicaciones. Murúa Rico, aseguran, está suspendido por su presunta colusión con el Cártel de los Arellano Félix y será llamado a declarar en los próximos días. Pero nadie sabe dónde está el policía. Y hasta ahora nadie lo sabe: mi fuente dice que, seguramente, es el tercer asesinado de esta trama. La acusación sobre él prende las alertas en Tijuana: el Cártel de Sinaloa no está sólo vengando al Mayo, sino que ha iniciado su propia investigación interrogando y exhibiendo sospechosos. Si la fiscalía estatal no se apura, serán Los Arzate los que lleven a los presuntos responsables al banquillo de los acusados.

Al día siguiente, un ‘policidio’ más: la uniformada municipal Cristina Zavala es atacada en la cerca de su casa al finalizar su jornada laboral. Dos sicarios en motocicleta le disparan cuando manejaba por la colonia Álamos. Muere al instante. La fiscalía acelera el trabajo: si el Estado no encuentra a los culpables, el crimen organizado seguirá asesinando. En las horas siguientes, se liberan órdenes de aprehensión relacionados con el robo –cuatro contra integrantes de la Guardia Nacional, dos contra agentes de la fiscalía local, dos contra policías municipales– y otras más por los asesinatos de León Bueno, Salvador Vargas y Cristina Zavala. Y también una ficha de búsqueda: ¿dónde está Hugo Alejandro Murúa?


La racha homicida, de pronto, se detiene. Mi fuente asegura que es porque Los Arzate consideran que seguir matando policías y militares es demasiado peligroso. Se corre el riesgo de “calentar la plaza”, así que dejan que las autoridades hagan su trabajo. La gobernadora Marina del Pilar Ávila asegura que todos los involucrados en el asalto de la privada Altitud 58 serán procesados.

En junio de 2024, el guardia nacional Miguel Ángel Vázquez es el primer detenido y vinculado a proceso. Luego, en Monterrey, es arrestado El Federal. Y en junio de 2025 también es aprehendido Óscar Gaucín Orozco, exelemento de la Agencia Estatal de Investigación de la fiscalía estatal. Desde entonces, quedan cuatro prófugos. De nuevo, nadie sabe si viven o mueren.

La historia había quedado como un mal recuerdo en Tijuana hasta este 20 de julio. Ismael El Mayo Zambada, enfermo gravemente desde su detención en Estados Unidos, se presentó ante el juez Brian Cogan en una corte en Nueva York para ser sentenciado a cadena perpetua por cargos relacionados con narcotráfico, delincuencia organizada y la dirección de una empresa criminal. El capo aceptó el castigo sin protestar.

Entre otros delitos, El Mayo Zambada admitió la autoría intelectual de los homicidios relacionados con el robo de drogas en Tijuana. “No hay honor ni futuro en este negocio del crimen”, declamó ante su juzgador. Lo saben bien los hombres y mujeres que se reunieron en una hamburguesería para robarle: arrebatarle algo al fundador del Cártel de Sinaloa siempre fue una misión suicida.


GSC/ATJ

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Óscar Balderas
  • Óscar Balderas
  • Oscar Balderas es reportero en seguridad pública y crimen organizado. Escribe de cárteles, drogas, prisiones y justicia. Coapeño de nacimiento, pero benitojuarense por adopción.
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