M+.- En YouTube, un corrido de metales brillantes y botas enlodadas acumula millones de vistas. La letra no habla de capos ni de fugas espectaculares, sino de convoyes, retenes y madrugadas.
“Honor al soldado”, dice el estribillo analizado por MILENIO, mientras los comentarios se llenan de banderas mexicanas, aplausos y una palabra que parecía extraviada en la conversación pública: confianza. No es un caso aislado. Es una tendencia que crece al ritmo de los datos.
A dos meses de la captura de Nemesio Oseguera Cervantes, El Mencho, el ecosistema digital mexicano empezó a moverse como si alguien hubiera cambiado el algoritmo emocional del país.
La desconfianza ciudadana mutó en respaldo al Ejército, al menos en la aldea digital. La crítica automática ahora se matiza con cifras, resultados y –sobre todo– percepciones medibles.
MilenIA, la Central de Datos e Inteligencia Artificial de Multimedios, le pone números a esa intuición: un análisis de 91 millones de conversaciones en redes sociales muestra el pulso de la percepción sobre la seguridad en México. No se trata de una muestra anecdótica, sino de un volumen masivo que permite detectar patrones, emociones dominantes y cambios de narrativa en tiempo real.
Aprobación de dependencias de seguridad
El hallazgo central es contundente: la aprobación a la Secretaría de la Defensa Nacional (Defensa) creció 10 puntos porcentuales desde el operativo del 22 de febrero. Pasó de 60 a 70 por ciento en apenas dos meses. En términos de conversación digital, es un salto poco común: implica no sólo más menciones, sino un giro en el tono. Menos enojo, más respaldo. Menos duda, más validación.
La Secretaría de Marina y la Guardia Nacional también suben, aunque con menor intensidad: cinco puntos porcentuales cada una. De un respaldo de seis de cada 10 usuarios, ahora alcanzan el 65 por ciento de aprobación.
La excepción es “la policía”, ese concepto difuso que en redes suele referirse a corporaciones estatales y municipales: ahí no hay luna de miel. El balance mantiene un empate: 50 aplausos, 50 rechiflas.
El dato no es menor. En la conversación digital, los matices institucionales se diluyen, pero las percepciones locales pesan. Mientras las fuerzas federales consolidan una narrativa de eficacia, las policías de proximidad siguen atrapadas en una reputación que no despega.
De los datos al ánimo: cuando la seguridad se siente
El fenómeno no se explica sólo por propaganda ni por tendencias musicales. Hay un correlato en los datos duros. Entre septiembre de 2024 y marzo de 2026, nueve de los 10 delitos de alto impacto han disminuido, según cifras oficiales revisadas por este medio.
- El homicidio doloso cayó 41 por ciento, llegando a niveles que no se veían desde 2015: 51 asesinatos diarios no es poca cosa, pero hace 15 meses andábamos en 87 crímenes cada 24 horas.
- El secuestro extorsivo bajó 36 por ciento
- El robo de vehículo, 27 por ciento
- El asalto a transportistas, 24 puntos
Son cifras que, en otro contexto, habrían dominado titulares durante semanas. Hoy funcionan como combustible silencioso de la percepción digital.
Hay más. Otros delitos relevantes también registran descensos: la extorsión cae 17.7 por ciento; el feminicidio, 14.9; el robo a negocio, otro 14.9; el robo a transeúnte, 11.5; y las lesiones dolosas, 10.9 por ciento.
En contraste, el robo a casa habitación sube 2.2 por ciento, un recordatorio incómodo de que la seguridad no es una historia lineal ni homogénea.
En redes, estos datos no siempre circulan masivamente en tablas o informes, pero se traducen en sensaciones. Menos historias de terror cotidiano, más relatos de operativos exitosos. Menos miedo compartido, más aprobación tácita. La percepción, como suele ocurrir, no replica exactamente la realidad, pero tampoco es ajena a ella.
Los rostros del combate: reputación en tiempo real
En paralelo, los rostros de la estrategia también se benefician del viento a favor. El general Ricardo Trevilla alcanza 70 por ciento de aprobación entre usuarios de TikTok, YouTube, X, Facebook e Instagram. El secretario de Seguridad y Protección Ciudadana, Omar García Harfuch, y el almirante Raymundo Morales se ubican en 65 por ciento.
La presidenta Sheinbaum, por poner un punto de popularidad conocido, genera reacciones positivas en el 75 por ciento de los habitantes de la aldea digital.
No es casualidad. En la política contemporánea, la reputación ya no se construye sólo en conferencias de prensa o informes de gobierno, sino en clips de 30 segundos, en hilos virales, en videos que condensan operativos utilizando narrativas casi cinematográficas.
Las fuerzas armadas mexicanas han capitalizado su alta confianza relativa mediante formatos digitales de alto impacto visual. Contenidos breves sobre rescates, despliegues y capturas circulan en redes y refuerzan percepciones de eficacia y autoridad, especialmente entre públicos habituados al consumo rápido de información, jóvenes, sobre todo.
La presidenta Claudia Sheinbaum ha apostado por una estrategia que combina continuidad y ajuste. Continuidad en la presencia de las Fuerzas Armadas como columna vertebral del combate al crimen organizado.
Ajuste en la coordinación, en la inteligencia, en la investigación y en la comunicación. El resultado, al menos en el corto plazo, es una alineación poco frecuente entre percepción digital y cifras oficiales.
Los resultados medibles de la estrategia de seguridad y la caída de El Mencho no son los únicos elementos que explican las buenas calificaciones del Ejército; noticias como el rescate del minero de Sinaloa, luego de 14 días bajo tierra, también alimentan una narrativa de apoyo a los ciudadanos, como cuando ocurren desastres naturales.
En redes sociales, las acciones del “pueblo uniformado” –como llamaba Andrés Manuel López Obrador a los soldados– están siendo celebradas por los usuarios, quienes escapan del “ruido político” tradicional para enfocarse en reconocer a instituciones y personajes que consideran están haciendo bien su trabajo.
El riesgo de la confianza: entre la narrativa y la realidad
Pero conviene no sobrerreaccionar. La conversación en redes es volátil: el respaldo de hoy puede convertirse en crítica ante un solo evento de alto impacto. La misma lógica que eleva reputaciones puede erosionarse con rapidez.
Aun así, hay señales estructurales. El análisis de MilenIA se basa en millones de conversaciones comparadas en dos momentos: el 22 de febrero, fecha de la captura de El Mencho, y el periodo comprendido entre el 23 de marzo y el 22 de abril de 2026. No se trata de una fotografía aislada, sino de una secuencia que permite observar tendencias.
La tendencia es clara: el Ejército se consolida como el actor institucional con mayor capital simbólico en la conversación digital sobre seguridad. La Marina y la Guardia Nacional le siguen, mientras que las policías locales permanecen rezagadas.
En términos narrativos, México está reescribiendo –al menos en redes sociodigitales– el papel de sus Fuerzas Armadas. Durante años, la conversación estuvo dominada por la desconfianza, las denuncias y los claroscuros.
Hoy, sin que esos elementos desaparezcan, emerge una narrativa alternativa: la del soldado eficaz, el operativo exitoso, la estrategia que empieza a dar resultados.
Entendidas como parte de un ecosistema simbólico más amplio que normaliza la presencia militar en el imaginario contemporáneo mexicano, no puede descartarse que ciertas películas recientes como Contraataque de 2025 y la más reciente Venganza, con Omar Chaparro, refuerzan una narrativa donde el soldado aparece como figura disciplinada y moralmente legitimada frente a la violencia criminal.
Más que cambiar por sí mismas la opinión pública, estas producciones circulan como piezas que dialogan con conversaciones ya existentes en redes sociales.
Por su parte, el corrido en YouTube no explica por sí solo el cambio, pero lo sintetiza. Es la banda sonora de un momento en el que la percepción pública parece moverse al ritmo de los datos, aunque no siempre los cite. Un momento en el que la seguridad deja de ser sólo un problema para convertirse, al menos parcialmente, en una historia de resultados.
La pregunta es cuánto durará. Porque en México, la confianza es un recurso escaso y volátil. Se construye lento, se mide en porcentajes y se puede perder en cuestión de horas.
Por ahora, los números y las emociones van en la misma dirección. Y eso, en el ecosistema digital contemporáneo, es una noticia en sí misma.
Fact checking: JRH
Con información de Omar Cordero y Concepción Peralta
RM
