En las Olimpiadas de Londres 2012, el National Health Service (NHS) fue presentado como uno de los elementos que más identidad y orgullo generaba entre los británicos, al lado de Shakespeare, Harry Potter y los Beatles. Fundado en 1948, cinco años después del IMSS, el NHS tuvo una enorme legitimidad social en sus primeros 30 años. En los 80 entró en crisis, producto del neoliberalismo. Margaret Thatcher fragmentó y subrogó sus servicios. Se volvió ineficiente, costoso y deshumanizado.
Hoy, el NHS es reconocido por su atención universal y gratuita que se brinda según necesidad clínica, no según capacidad de pago, por su escala nacional, legitimidad social e identidad pública. El NHS, como cualquier prestador de servicios públicos, tiene retos, sin duda, pero son problemas que la población pide que se resuelvan, no que se reemplace por privados.
Ese es el primer principio del Servicio Universal de Salud (SUS) anunciado por la presidenta Claudia Sheinbaum: hacerlo desde lo público y a escala nacional. ¿Por qué es posible ahora? Porque el SUS parte de una base: el IMSS es el mismo en todo el país y el IMSS Bienestar —que es el IMSS para quienes no tienen IMSS— lo es en 24 estados. ¿Qué significa esto? Una lógica integradora: mismas condiciones laborales, mismos criterios de atención, misma cobertura de tratamientos en todo el país y continuidad institucional.
Durante décadas el sistema de salud creció fragmentado. Cada estado tenía distintas formas de comprar, contratar y atender. Lejos de unificarlos, el Seguro Popular atomizó el modelo en 32 subsistemas. Intentar la universalidad desde ahí habría implicado homologar 32 realidades distintas al mismo tiempo.
¿Qué significó el Seguro Popular en la práctica? Desigualdad y abandono. Ahí están los hospitales que dejaron inconclusos y que hemos rescatado en siete años de transformación. Proyectos detenidos, a veces por una simple lógica política de gobernadores que cancelaban lo iniciado por sus antecesores.
El Servicio Universal de Salud, en cambio, garantiza a quien no tiene seguridad social el acceso efectivo a servicios médicos, gratuitos y de calidad. Es un servicio, porque implica la prestación pública de servicios de atención médica; universal, porque no depende de la condición laboral, y de salud, porque integra prevención y atención.
Y por eso es falso que debilitaría la formalidad o el pago de cuotas obrero-patronales. Cotizar al IMSS da acceso a algo distinto y más amplio, que son los cinco seguros: riesgos de trabajo; enfermedades y maternidad; invalidez y vida; retiro, cesantía en edad avanzada y vejez, y los CECI y otras prestaciones sociales.
En la implementación del SUS hay una ruta gradual que inició ayer con la credencialización. En enero de 2027 comenzará la primera etapa del intercambio de servicios entre instituciones, al que se sumarán posteriormente servicios especializados, y en 2028 el surtimiento universal de recetas médicas, consultas externas de especialidad y hospitalización referenciada, así como el primer nivel de atención de manera abierta para padecimientos crónicos.
Colofón. Esta es la primera de tres entregas sobre el SUS. El componente de digitalización permitirá integrar información clínica, dar continuidad a los tratamientos y garantizar la portabilidad de los servicios. El IMSS cuenta hoy con un Expediente Clínico Digital con más de 53 millones de registros. La próxima semana lo abordaremos aquí mismo.