
En una tarde calurosa de 1998, tuve la fortuna de convivir con la viuda de Charles Mingus en su departamento en Nueva York. En una charla que atesoro, Sue Mingus habló sobre su relación con el genio de carácter explosivo que creó una de las obras jazzísticas más fascinantes de la historia. “Fue un hombre de grandes apetitos y enormes expresiones que fue capaz de llevar la expresión de su música al mundo —declaró Sue—. No fue fácil. Tú sabes, pagas un precio por todo, y debes decidir qué precio vale la pena pagar por lo que quieres. Ciertamente Charles quería vivir y ser lo que quería ser: bueno y malo, perverso y hermoso, demonio y santo. Él era todo eso, y lo puedes escuchar en su música. Su música tiene rabia y coraje, la ternura y el lirismo de sus baladas, la complejidad y los cambios constantes. Para mí es una música inagotable. Y aunque he estado relacionada con ella desde hace muchos años la escucho todo el tiempo. Hay cosas de las que me canso muy fácilmente, pero no me canso de la música de Charles”.
En días pasados se celebró el centenario de nacimiento del músico que nos legó una obra monumental que tiene como característica la originalidad. Mingus convertía el escenario en su púlpito, el lugar donde volcaba sus pasiones en la música que tocaba y en los discursos que lanzaba, sobre todo contra el racismo. Lo mismo ocurrió con su autobiografía, Beneath the Underdog (Vintage Books, 1971), donde, explicó su viuda “externó todos sus sentimientos. Nunca se quedaba callado para hablar de las cosas en las que creía. Por eso nunca viajaba al Sur: sabía que se haría matar porque no iba a soportar el racismo y la forma en la que se manifiesta allá”.
Su legado discográfico crece con la aparición del álbum Mingus The Lost Album From Ronnie Scott’s (Resonance, 2022), grabado en el club londinense en 1972 con la participación de los saxofonistas Charles McPherson y Bobby Jones, el trompetista Jon Faddis, el pianista John Foster y el baterista Roy Brooks. Además de un ensayo del crítico británico Brian Priestley, quien fue testigo de las actuaciones en Ronnie Scott’s y entrevistó a Mingus y a McPherson, incluye comentarios de dos grandes contrabajistas: Eddie Gómez y Christian McBride. El disco triple es un ardoroso testimonio del inagotable genio que alguna vez declaró: “Todo lo que hago es Mingus. Por eso no me gusta usar la palabra ‘jazz’ para mi trabajo. Escribo también lo que yo pienso que es música clásica. Un solo realmente creativo puede ser tan invaluable como Bach o Beethoven”.
Coda
Mingus Three: una joya enriquecida
Como parte de la celebración por el centenario de Mingus, se reeditó su décimo disco como líder, Mingus Three, publicado en 1957. En compañía del pianista Hampton Hawes, su amigo desde la infancia, y el baterista Danny Richmond, su colaborador durante más de dos décadas, incluye un disco extra con tomas alternas de esta sesión que incluye standards y sus composiciones “Back Home Blues” y “Dizzy Moods”. Otra joya para la corona.
Xavier Quirarte