Desde la semana pasada que se anunció un cierre anticipado del ciclo escolar han aparecido por todos lados opiniones de especialistas, políticos, padres de familia y “opinólogos” que nunca faltan.
Los argumentos en contra de la medida eran pedagógicos (nadie puede negar el rezago académico en educación básica que enfrentamos), pero también de orden social (padres que no tenían con quién dejar a sus hijos), sin faltar los políticos (los que se oponen a todo nada más por deporte).
Ahora que la Secretaría de Educación Pública, ya se echó para atrás y señaló que el ciclo terminará el 15 de julio como estaba previsto originalmente, se abre un dilema para Nuevo León, una especie de examen final, resolver el dilema: ¿Clases o no?
El acuerdo firmado ayer le da a la autoridad estatal la facultad de echar mano de la prerrogativa de concluir antes de su ciclo escolar, ya que es uno de los estados con “circunstancias extraordinarias”, porque vaya si hace calor en la entidad, pero además habrá cuatro juegos del Mundial durante el mes de junio.
Justo aquí es donde empieza la disyuntiva: prestar oído a las voces que exigen cumplir con el ciclo o dar la salida anticipada para no empalmarse con la justa deportiva, bajo el argumento del caos que se vivirá por esos días en la ciudad.
Tomando en cuenta la costumbre reciente, la tendencia no será suspender. Recordemos que cuando llega el frío, por ejemplo, se deja a los padres la decisión de llevarlos o no al aula.
Pero parece que la dimensión del evento justifica que prive el sentido común: los problemas de movilidad, el reto de recibir y mover tantas personas que se pronostica nos visitan, y la fiesta futbolera en sí, podrían ser la excepción.
Sería, sin contar la pandemia, el período de ausencia más largo que se recordará, y alertaría los planes educativos y hasta los planes de los padres que trabajan.
En realidad lo que se decide será motivo de crítica y los criterios nunca serán homogéneos.
Así que lo deseable es que se cuide no perjudicar la formación de los niños.
El fútbol no es el pretexto para algo así.
Por lo pronto, que la vida nos sonaría.