Motivados aún en la vivencia que tuvimos en días pasados en nuestro bello y trascendente museo denominado Centro Cultural Ferrocarrilero de la región del Totonacapan Puebla-Veracruz, de la sierra Nororiental, construido en la ciudad de Teziutlán nos obliga a presentarles, de manera paralela -no sin antes volver a subrayarles la importancia que para nuestras regiones con su desarrollo tuvo la presencia del ferrocarril-, a dos de los héroes anónimos de ellos.
“El ferrocarril apareció, por tanto, como la expresión más acabada del progreso, se le atribuyó, inclusive, una virtud casi mágica pues en el penacho de humo de las locomotoras de vapor los indígenas veían la sorprendente bandera de sus dioses pregonando la combustión de su poderío cosmogónico”. (Gómez:1979).
“Fue fuerte el impacto emocional y el cambio económico local y en las diversas esferas de la actividad social; de alguna manera u otra, la población quedó ligada al ferrocarril; es Puebla, por tanto, con añeja tradición ferrocarrilera”, (SEP, Dirección General de Culturas Populares, Unidad Regional Puebla, Noviembre 1988).
Uno de esos héroes anónimos fue Santiago Méndez Echazarreta. Nacido en Yucatán, fue hijo del gobernador de esa entidad. Aprovechó el apoyo familiar y realizó estudios de ingeniería, transporte y trenes en Francia y otros países europeos. Entre sus construcciones importantes lo fue el sistema ferroviario en su estado. Donde más destacó fue en “El Ferrocarril Mexicano”. Se responsabilizó, al tenderse las primeras vías de la línea México-Veracruz de Francisco de Arillaga, de la sección Veracruz. Proyecto la Vía San Juan-Veracruz y la Veracruz-Medellín. Sus destacados conocimientos lo hizo elaborar más de 20 proyectos de vías férreas.
Dirigió el “Programa de agricultura y vías de comunicación. México, Comisión Científica, Literaria y Artística de México”. Publicó el libro: “Nociones Prácticas sobre Caminos de Fierro”, editado en 1864.
Otro héroe anónimo lo es el ferrocarrilero moldeador y truquero poblano EdmundoTraconis Sánchez. Ahora jubilado, nos dice que ingresó a los Ferrocarriles Nacionales a los 18 años el 10 de agosto de 1953 (ahora tiene 80 años), a la rama de talleres en la especialidad de albañiles auxiliares y limpiadores: “La estación del interoceánico estaba ubicada entre las calles de la 11 y 19 Norte hasta la 2 y 6 Poniente. Dentro del área entraba la vía principal que era de entrada y salida. De manera adyacente, existían otras 5 vías más. Habían también jacalones para la reparación de góndolas plataformas, cabuses y otras unidades (...) Dilaté como 15 años como extra. Luego fui truquero, arreglando ruedas con mancuernas. Laboré en la Cobrería y en la Herrería; en Pintura y Pailería. Finalmente, me quedé en la fundición. Después de más de 15 años me asignaron la planta como Ayudante Moldeador. Ascendí a Moldeador B, trabajo laborioso pero muy agradable (...) Carecíamos de equipos de protección por lo que sufríamos de quemaduras y lastimaduras. Cuando fui representante de la especialidad y por la comprensión que tuve de la Sección 20 de Orizaba, durante mi gestión, logré que la empresa nos diera polainas, guantes, cascos gafas y lentes oscuros (...) En 1872, existían 26 locomotoras de las que 17 eran inglesas 4 estadounidenses 3 francesas y 2 Belgas”.
Estos dos son héroes anónimos de los FFCC mexicanos .