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Domingo , 24.03.2019 / 07:38 Hoy

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México en París 1855

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La idea de la riqueza de las naciones derivada de la circulación de las mercancías la expresó Adam Smith en 1776, y en 1851 en Londres se lleva a cabo la primera exposición universal con la intención de que los países pudieran adquirir productos distintos a los que producían y mostraran los que tenían. 

 
México participó en la segunda que se llevó a cabo en París en 1855; se expusieron productos agrícolas, industriales y obras de arte. En aquella oportunidad participaron alrededor de 18 mil exponentes provenientes de Francia y sus colonias, y de 40 partes del mundo entre naciones, reinos, ducados, principados, confederaciones y ciudades de ese tiempo. 


En la clasificación de los productos realizada por la comisión imperial francesa de ese tiempo encontramos la de agricultura —incluía vegetales y animales—, las artes de precisión —para lo relacionado a la ciencia y la enseñanza— y las industrias concernientes al calor, la luz y la electricidad para lo relativo con la energía. 

 
México expuso maquinaria y productos de la industria minera, llevó como inventos los procedimientos utilizados para la extracción y elaboración de la plata, y aunque también expuso minerales de mercurio, fierro, cobre, estaño y plomo, la plata era el más importante, cuando en ese entonces casi todo el comercio en nuestro país se realizaba en barras o monedas de este metal.

En materia de agricultura llevó maíz, azúcar, los llamados productos coloniales —café, vainilla, cacao, tabaco—, los productos de destilación de los magueyes —mezcal, tequila y sotol—, su producción de materias colorantes —palos de cochinilla, de añil y azafrancillo—, y finalmente, entre sus plantas medicinales, la llamada pipitzahoac que contiene ácido riolósico llamado así por Leopoldo Río de la Loza, quien lo descubrió.

Llevó muestras de sus fábricas de hilados, rebozos de seda tejidos y un telar azteca —que llamó la atención por la sencillez y composición de su mecanismo—, sarapes de lana, y, en lo relativo a las bellas artes, el cuadro de Juan Cordero (1822-1884) titulado “Jesús y la mujer adúltera”, y música de Tomás León (1826-1893) y de José Antonio Gómez y Olguín (1805-1876). La presencia de México en las exposiciones universales se mantuvo desde aquel año. Hoy la globalización ya es parte de la vida cotidiana.

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