Hace unos días leí un artículo que vi en mis redes sociales, éste afirmaba que una gran parte del sector empresarial mexicano atraviesa una crisis por la ausencia de liderazgo en sus puestos más estratégicos de trabajo. Destacaba la falta de competencias en conocimientos técnicos, pero también en su desarrollo humano.
Y no solo las empresas atraviesan por esta situación, también la podemos observar en el ámbito gubernamental, en México y en otros países del mundo. Tan solo basta con dar un vistazo a Europa, en donde Inglaterra comenzó a castigar los malos liderazgos en las urnas, al votar por su salida como país integrante de la Unión Europea, pese a las consecuencias que ello traería a la estabilidad del continente.
En Latinoamérica tenemos nuestros propios casos: Venezuela, Honduras, Argentina, por citar ejemplos, son países en las que un liderazgo mal formado en desarrollo humano ha traído consecuencias sociales y económicas graves.
Como formadora de varias generación de coaches en todo México, además de diseñar e impartir talleres y conferencias de formación empresarial, me pregunté: ¿qué hace falta para voltear a ver este problema y entender lo necesario que es invertir en nuestro personal?
Siguiendo con la lectura de este artículo, ofrece cifras que muestran una comparativa, en términos económicos, entre reclutar a una persona para ocupar un puesto de liderazgo y ascender a alguien de la misma compañía. Es justo en este punto donde podemos observar la visión a corto plazo de este sector. Mientras que atraer a alguien externo representa un “gasto” extra de casi un 40 por ciento, la falta de experiencia y desarrollo personal en promover a alguien de la misma empresa trae consigo otros problemas a largo plazo.
Estos problemas tienen que ver, en gran medida, con la falta de capacidad para reaccionar ante situaciones que ponen en riesgo los indicadores de la compañía: incumplimiento de las metas de ventas, problemas legales o con proveedores, controlar un mal ambiente laboral interno, etc.
Es llegando a este punto donde quiero destacar la relevancia de la capacitación, especialmente si se trata de desarrollar a quienes encabezan (o lo harán) posiciones de alto desempeño profesional en una institución, pública o privada. Un mejor desarrollo a cualquier líder se verá reflejado, en todo sentido, en todo indicador y en todo crecimiento grupal.
Por fortuna, y aunque queda un largo camino que recorrer, además de un cambio en la mentalidad en México; las empresas, cámaras y el mismo Gobierno, brindan cada vez más atención a esta gran oportunidad de preparar a lo mejor y más valioso con que se cuenta: el capital humano.
LILIANA HERNÁNDEZ MEDINA