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Turismo rural y desarrollo de comunidades locales

La actividad turística posee una gran capacidad para el desarrollo comunitario; esto se puede lograr a través de proyectos turísticos planeados de acuerdo a los propios parámetros culturales de los habitantes locales, tomando en cuenta sus prioridades y respetando sus costumbres y formas de conocimiento; es primordial que las comunidades rurales e indígenas de los destinos con vocación turística trabajen bajo un modelo de inclusión que les permita, en su propia búsqueda para alcanzar mejores niveles de vida, optar por hacer del turismo una actividad complementaria a sus actividades tradicionales de uso primario del campo (Sarasa: 2000); ofreciéndoles un beneficio económico, conservar su identidad cultural, proteger sus lenguas, sus saberes tradicionales, exigir sus derechos y ayudar a conservar su entorno.

El turismo rural minimiza los impactos en respuesta al uso de los recursos naturales, procurando la conservación de la cultura y tradiciones, hecho que se ha convertido en uno de los requisitos que el mercado ha impuesto para aumentar la competitividad y la rentabilidad de los territorios turísticos.

Se le considera el lado humano del turismo de naturaleza, ya que se le atribuye la oportunidad que se le brinda al turista de convivir con comunidades rurales, con el fin de conocer y aprender otras formas de vida, en sus aspectos cotidianos, productivos y culturales; sensibilizándolo sobre el respeto y valor de la identidad cultural de las comunidades y pueblos (SECTUR: 2007). Incluye la realización de actividades como talleres artesanales, gastronómicos, de dialectos, vivencias místicas, agroturismo y etnoturismo, entre otras.

Ofrece al visitante una experiencia de aprendizaje y participación activa a través de recorridos en los sitios; descubriendo con calma los pequeños detalles de cada lugar; entablando contacto con la gente local, conociendo su cultura, disfrutando del paisaje, degustando la comida local y entrando en contacto con la naturaleza. Al hablar  del  turismo rural como una actividad complementaria a las actividades económicas tradicionales de la comunidad, ya que como mencionan Dachary y Arnaiz (2009), el considerarlo una especie de panacea a las crisis estructurales del sector agropecuario y rural ha llevado a implementar proyectos malogrados, con altos costos no redituables, provocando que los habitantes de la comunidad abandonan sus cultivos para dedicarse completamente a servir al turista, la aculturación y la transformación del campo hacia una inserción al dominante proceso de la sociedad globalizada.

La actividad turística impacta en la vida de los habitantes de las localidades receptoras, motivo por el que se les invita a planificar y hacer las gestiones de manera sistémica, considerando todas las dimensiones que incluye el desarrollo turístico sustentable e involucrando a los diferentes actores con el propósito de optimizar los recursos naturales, históricos y culturales de los cuales dispone la comunidad.

Así pues, la participación de las comunidades en la planificación del desarrollo de la actividad turística resulta protagónica al establecer un proceso sinérgico con los diferentes actores locales involucrados en el contexto espacial, los cuales deben apoyarse en el capital social y el empoderamiento de la comunidad para a través del poder compartido forjar la toma de decisiones consensuadas.

Leticia Trejo Leal


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Queda prohibida la reproducción total o parcial del contenido de esta página, mismo que es propiedad de MILENIO DIARIO, S.A. DE C.V.; su reproducción no autorizada constituye una infracción y un delito de conformidad con las leyes aplicables.
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