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Lunes , 22.04.2019 / 23:29 Hoy

...Para leer política

Con todo respeto

Tomás Cano Montúfar

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En la polarización que experimenta la sociedad mexicana por razones políticas se escucha desde hace algunos años un estribillo que intenta atenuar ese choque constante. En cualquier conversación, debate o discurso político se escucha la frase “con todo respeto” que tiene muchos más significados que lo literal.

“Con todo respeto” es una muletilla que usan desde el Presidente de la República hasta el último regidor cuando sostienen un diálogo o presentación pública y se apoyan en ella cuando saben que está a punto de exponen un contenido que puede incomodar a su interlocutor.

Es quizá también el vicio que tienen los mexicanos de rodear y paliar con palabras cordiales una expresión fuerte. Existe en la cultura mexicana el prurito de no golpear con las palabras.

Actualmente se presentan muchas contradicciones verbales con un origen político. Es casi una fiebre la necesidad de contrastar las opiniones y se han multiplicado las oportunidades de hacerlo. Colocar la frase “con todo respeto” es una advertencia; es también un permiso. Es marcar un territorio. En ese afán por disfrazar las verdaderas palabras, la frase en realidad es un sinónimo de: “no me voy a callar”.

Cuando se usa con ironía se transforma en: “aunque no estés de acuerdo”. Cuando se pronuncia con sarcasmo puede significar: “sé que te va molestar”. Y cuando se dice de forma sincera corre ya el riesgo de ser recibida con reservas.

En una plática fluida y sin trasfondos no es necesario decirle a tu interlocutor que tus expresiones las harás con respeto, porque éste, es un estado elemental para el diálogo. La civilidad no ofende, es digna. El respeto trasciende las palabras; se expresa y se recibe sin necesidad de manifestarlo.

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