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Miércoles , 24.04.2019 / 17:24 Hoy

Estado fallido

#MeToo … ¿Ya somos fundamentalistas?

Susana Moscatel

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Esta es una de las columnas más complicadas que he tenido que escribir en los ya 10 años que ésta existe, y su nombre nunca había estado tan justificado como ahora. Estamos fallando. Todos.

La muerte de Armando Vega Gil, de Botellita de Jerez, es la trágica consecuencia de muchas cosas. Lo último que nos corresponde es especular sobre hechos que no conocemos respecto a su estado emocional en este momento, ni sobre la fatídica decisión que tomó al enterarse de que había aparecido en la lista de la cuenta de #MeTooMusicosMexicanos, pero sí hay mucho que podemos decir sobre la forma en que tantos sectores de la sociedad estamos fallando a las víctimas. Y con víctimas me refiero a cada una de las personas que han sido acosadas y, también, especialmente hoy, a las que han sido acusadas falsamente. Y no se equivoquen: también las hay.

Ayer justamente escribía enfurecida respecto a una revista de chismes que inventaba una nota sobre una conductora de televisión que tiene que ver con estos temas, y miren con lo que amanecimos. Esto es trágico en muchos niveles por los siguientes motivos: es verdad que no hay instituciones preparadas para ayudar y proteger realmente la vida y el sustento de las que denuncian abiertamente a sus acosadores. Una o miles de cuentas de Twitter no cuentan con esos recursos y tampoco con la capacidad de verificar las acusaciones. Entiendo la absoluta necesidad del anonimato para las víctimas, pero no hay manera de que se demuestre lo contrario. No puedes demostrar un negativo. No hay defensa posible ante ello. Y como leí por ahí con claridad, internet no es un Ministerio Público ni una corte judicial. Es una masa enardecida.

Las respuestas que leímos de cientos de personas después de la carta de suicidio de Armando contienen niveles de violencia aterradores. Y, francamente, ya no sé si prefiero creer que vienen de esas personas contratadas para hacer escándalos en la red o si hay tanta maldad y crueldad a nuestros alrededores. Es devastador. Y sí, como lo mencionaba ayer, quienes viven estas tragedias como modo de entretenimiento son igual de responsables que todos los demás. Empezando por los medios y cada persona detrás de las redes.

Siempre he dicho que si algo me asusta en la vida es el fundamentalismo. Y he escuchado a personas decir que esta batalla por la equidad, a la que me uno con todo mi corazón, tendrá sus daños colaterales. Y que ni modo, es el precio a pagar. Estoy completamente en desacuerdo. La intención de muchos es buena, pero no de todos. Y esto no está funcionando así. Tras leer tantos insultos, malos deseos e ignorancia, siento temor de ser parte de una buena causa que se está radicalizando. Y que las siguientes víctimas serán quienes ya no tengan cómo defenderse por el nivel de agresividad y descrédito que todo esto esta provocando. Aquí nadie tenía que morir.

Twitter: @SusanaMoscatel

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