No me malentiendan. Si yo fuera votante, Patrick Dempsey se hubiera quedado con el título del “Hombre vivo más sexy” hace muchos años. Definitivamente le hubiera robado la portada del año pasado a Chris Evans, quien es muy respetable, y tan aburrido como el superhéroe que interpreta.
Dempsey es distinto. También tiene 57 años, y a quienes nos gustaba cuando tenía 24, flacucho e interpretando personajes inseguros, nos hace sentir que el acompañamiento, incluída la era McDreamy, es un trayecto compartido.
Una vez dicho esto viene la pregunta anual: ¿en serio seguimos calificando a los hombres por su capacidad de ser atractivos sexualmente? ¿En una revista popular como People? Es curioso cómo las mujeres exigimos que se nos tome en serio por tantas cosas más,
pero en el caso de los hombres, como ya se les tomaba en cuenta por esas, es una simpática y nada conflictiva cereza en el pastel.
En la última década no he leído una sola entrevista sobre esta distinción en la que el hombre en cuestión no diga que su familia se va a burlar y que le parece perfecto motivo de risa. Que los mantiene humildes. Dempsey, quien siempre se ha comportado como un perfecto caballero, tiene mucho más talento que su evidente belleza, y siempre es probable que este tipo de “reconocimientos” sean, como él dijo, buenos para el ego. ¿Lo son para ser tomados en serio? Sobre todo cuando se quiere romper con los esterotipos de Hollywood y hacer personajes distintos. Porque eso mismo fue lo que nos narró que quería Dempsey la última vez que lo entrevistamos.
Ya lo sé. Nos quejamos de todo. Y tienen razón, un poco. Pero cuando exigimos ciertos criterios de igualdad, no podemos realmente dar la vuelta y celebrar exactamente lo contrario en el sexo opuesto. Por ello, el titulo sí sabe a anacrónico. Pero tal vez el placer vale la pena el dejo de incongruencia. Tal vez.