Mientras la taquilla castigaba a Digger en su primer fin de semana, Google hacía lo contrario: multiplicaba por ocho el interés por saber de qué demonios hablaba todo el mundo.
El interés por quien habla, bien y sobre todo mal, de esta cinta no es proporcional a la cantidad de personas que la vieron y tienen una versión propia de qué va el film de González Iñárritu protagonizado por Tom Cruise.
Me divierte pensar cómo personas en lados opuestos del espectro político se ofendieron porque se pusieron el saco; uno que nos puede quedar a todos.
Las respuestas a quienes sí amamos la película van desde “¿cuánto te pagaron?”, pasan por “te dieron línea” y llegan hasta el importado “go woke, go broke”.
La mayoría no estamos así de radicalizados, pero vaya que el algoritmo premia cuando cree que sí. X e Instagram me felicitaron por elevar mi engagement porque decidí responder. No buscaba subirlo. Quería insistir en que, no siendo accionista de Warner, la taquilla no es un editorial sobre la película, sino consecuencia de lo que quienes se negaron a verla pensaron que sería.
No digo que le tenga que gustar a nadie. Pero que decir que Digger te gustó sea clickbait navega con uno de sus temas centrales: el control de la narrativa. “La percepción es realidad”.
Fue un acto brutal e inusitado de respeto que Warner no dijera nada sobre los giros de Digger en su mercadotecnia. Quizá les costó caro, pero convirtió la experiencia como público en algo que no voy a olvidar.
Donde estemos en la batalla algorítmica, vale la pena apuntar la ironía de confundir el discurso en redes con lo discutido. Y sí, anótenme entre quienes pensamos que en el futuro habrá aprecio por Digger y lo que se atrevieron a hacer; nos negamos a suspender la incredulidad ante lo que nos inquieta de manera distinta