Una insólita directiva del gobierno de Estados Unidos ordenó a Anthropic, la conocida desarrolladora de IA, cerrar el acceso a cualquier usuario extranjero de sus modelos de inteligencia artificial más avanzados. Argumenta como razón vagas preocupaciones de seguridad nacional. En respuesta, la empresa suspendió el viernes el acceso público, en todo el mundo, a Fable 5 y Mythos 5. Es una medida sin precedentes.
En 2017, Vladímir Putin afirmó que quien dominara la inteligencia artificial dominaría el mundo. La frase parecía entonces una exageración. Al inicio de su administración, el propio Donald Trump rechazó imponer regulación alguna a la IA y defendió un enfoque de no intervención del Estado. ¿Cómo hemos llegado a este punto? Todo indica que Washington asumió lo que sostiene Dario Amodei, fundador de Anthropic, en su reciente ensayo Policy on the AI Exponential: esta tecnología es una herramienta estratégica que va a reconfigurar todo el panorama político y social, del mismo modo que las armas nucleares lo hicieron con la geopolítica .
La directiva es inédita por partida doble. Primero, equivale a prohibir la “exportación” de un programa que estaba disponible en línea en todo el mundo, en flagrante violación a todos los tratados comerciales de los que EU es parte. Segundo, y más grave, introduce una discriminación abierta por nacionalidad: los estadunidenses podrían seguir usando la herramienta; los demás, no.
Esa distinción no resiste el análisis. Supone que todo ciudadano estadunidense es leal y que su pasaporte garantiza que no usará la tecnología contra su país, mientras que cualquier extranjero es, por definición, sospechoso. Es una premisa ingenua que ofende el sentido común. Si el modelo es de verdad peligroso, el riesgo no desaparece porque los usuarios sean ciudadanos de EU. Lo lógico sería suspender su uso para todos.
La incoherencia permite otra lectura. La orden llega tras meses de tensión con la Casa Blanca, que ya había vetado a Anthropic. Sin afirmarlo como hecho, es posible considerar que la medida es un componente de represalia más que de seguridad. En todo caso, el precedente ya se estableció.
La encíclica Magnifica Humanitas, de León XIV, aporta el principio que falta. El papa recuerda que la IA no es moralmente neutra y advierte contra un “paradigma tecnocrático” en el que la lógica del poder decide quién cuenta y quién puede descartarse. Clasificar a las personas por su nacionalidad para concederles o negarles una herramienta es, justamente, esa lógica: el control por encima de la igual dignidad de todos.
El problema de fondo no es técnico, sino político. Si la IA va a ordenar el siglo, no puede gobernarse con medidas improvisadas que parten al mundo entre confiables y sospechosos. No solo inquieta la decisión, sino el mundo que anticipa.