Lo que comparto en la presente obra son reflexiones que no podría decir con palabras, sino emociones seriamente meditadas y después sonorizadas a partir de la lectura de un importante libro, escrito por Sophie Goldberg, El jardín del mar (Grijalbo, 2020), en el que narra en primera persona, con el rigor que exige una respetable novela histórica, el transitar la pesadilla que fue la Segunda Guerra Mundial y el genocidio del pueblo judío al que sobrevivieron su padre y su familia.
Esta musicalización no se acompaña de palabras, van más allá de estas, las supera porque eleva su contenido y se materializa en cuatro pilares fundamentales que extraigo de la obra histórico-literaria, cuatro puntos cardinales que son, a su vez, los cuatro movimientos o partes secuenciales e ininterrumpidas que conforman la partitura:
1. Tiempos oscuros, que narra la sensación de aquellos años.
2. Identidad, que a través de una melodía de clara referencia oriental, retrata el origen judío de los protagonistas.
3. La huida, donde desarrollando materiales temáticos de la primera y segunda partes, expresa el vértigo de la amenaza, y finalmente,
4. Arribo al Jardín del Mar, lugar que da origen a la obra de Sophie Goldberg y la mía, en este caso, usando su denominación en búlgaro: Morskata Gradina (Jardín del Mar), el inmenso parque público de la ciudad de Varna, Bulgaria, tan entrañablemente querido por el protagonista de la novela y al que le he dotado de un elemento fantástico, casi irreal, al sugerirlo en música, porque el regreso al Jardín del Mar del niño Alberto, después del dramático periodo de la guerra, es ahí donde recupera el sentido por la vida, formando un puente entre su pasado y la esperanza de un futuro todavía incierto. Para mí, el momento medular del futuro padre de Sophie y de esta obra literaria, y que revitaliza la vida y da nombre tanto a la novela como la composición.
Dudé si se trataba de una sonata o una fantasía para violoncello y piano, y al final resultó ser una obra breve, pero concentrada en un todo reunido de la novela, con forma de sonata extendida con cuatro temas bien diferenciados, fusionados en una sola arquitectura musical.
La obra está dedicada al protagonista de esta aventura, Alberto Bejarano, y al pueblo de Bulgaria, que se solidarizó con sus judíos y enfrentó el peligro como sociedad, protegiéndolos y salvando 50 mil vidas.
Mi reconocimiento a Sophie Goldberg, quien con su pluma convocó esta historia y la volvió presente. Ella es la demiurga que logró rescatar la memoria de su padre y, a la postre, la motivación profunda para la composición de esta obra. Sin ella, nada de esto habría salido a la luz. Mi gratitud y cariño eterno a ella y su esposo, Moisés, queridos amigos ambos.
Por lo demás, no he querido decir otra cosa.